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lunes, 8 de octubre de 2018

De la Vendimia a la Cueva (la feria de Musu)


Quizá para muchos suene extraño este nombre para una feria de vinos. La primera parte vaya y pase, pero ¿qué es eso de "a la Cueva"?. Aquellos no informados pensaran que se trata del transporte de los vinos que fueron elaborados en la última vendimia a dormir su crianza a una cava subterránea, pero en este caso nada más alejado de la realidad.

La primera parte "de la vendimia" refiere en efecto a los vinos elaborados con la última cosecha. ¿Pero adónde van esos vinos? ¿A qué cueva?

La Cueva en cuestión es nada más ni nada menos que el apelativo que cariñosamente le pusieron sus habitués a una vinoteca a puertas cerradas ubicada en el porteño barrio de Caballito, ahí nomás de la cancha de Ferro Carril Oeste. Esta vinoteca se llama Mr. Wines y el "míster" es conocido simplemente como "Musu". Porque así le gusta que lo llamen... recuerdo que al principio de nuestra relación yo, muy formal, lo llamaba Fernando y el prácticamente se enojaba, ¿porque me llamas así?, me decía. 


A la cueva de Musu va todo el mundo... desde el que por primera vez se anima a entrar a una vinoteca (nunca mejor lugar que éste para empezar, donde jamás te van a hacer sentir que no sabes de vino, y al mismo tiempo vas a salir impresionado por lo que saben los que la concurren), hasta los enólogos top de la Argentina, presentando sus últimas creaciones (y no exageramos).


Y no vayas a pensar que la cueva es un enorme local o galpón donde entran multitudes... no, la cueva es un local más bien pequeño cuyas paredes están tapizadas de vinos con un par de largas mesas en el medio alineadas con taburetes a su lado, en la cual se han sostenido las catas y degustaciones más interesantes del mundo vino de los últimos cinco o seis años.

Musu es un ser inquieto, y allá por 2016 cuando su fama entre los productores de vino (grandes y pequeños) ya era importante, decidió hacerles una propuesta. ¿Porque no animarse a mostrar en la Capital los vinos recién terminados? Esos que uno tiene la oportunidad de probar cuando viaja a una bodega en Mendoza, San Juan, Salta, Neuquén, Río Negro, Tucumán... traídos a Buenos Aires para acercarlos al público que no puede viajar hacia ellas. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma...


Y así empezó, primero con unas pocas muestras, para repetirla en 2017 con tal éxito que su vinoteca le quedó muy chica, sobrepasada por la demanda de asistencia de sus fieles "cueveros" (léase publico enófilo fanático por el vino y devoto a la vinoteca Mr. Wines) y por la cantidad de bodegas que mostraban intención de participar. Así que un día conocimos un lugar nuevo que se inauguró el año pasado en la esquina de Gorriti y Juan B. Justo, y se animó a soñar en grande. ¿Y si la próxima la hacemos acá? recuerdo que nos preguntó a algunos. Le conteste inmediatamente: si, por supuesto! Mandate que te ayudamos.

  

Y se mandó nomas, y el sábado 7 de octubre, su feria anual “En Premieur” ahora llamada "De la Vendimia a la Cueva" se presentó en el Gorriti Art Center con la asistencia de 61 bodegas y productores que aportaron más de 200 muestras de vinos, recién salidos de los tanques, huevos de cemento, barricas, o donde fuera que estuvieran completando su elaboración. La lista de bodegas que participaron es larguísima, y podes consultarlas acá.


Inclusive se llegaron a la feria (muchos venidos desde sus provincias) gran cantidad de enólogos y productores, entre los que me animo a nombrar a Cristian Moor, el Japo Vegetti, Mariana Onofri, Norberto Paez, Juanfa Suarez, Gabriel Donoso, Gabriel Dvoskin, Adrián Domingo, Máximo Lichstein, Leo Borsi, Juanfa Suárez, Sebastián Yañez, Alfredo Mestre, Nicolas Goldberg, Santiago Bernasconi, Santiago Salgado, Adrián Domingo y Claudio Maza, entre otros.


En fin una hermosa historia que sabemos que va a seguir creciendo, porque Musu es imparable. Si queres seguir leyendo mas sobre Musu y De la Vendimia a la Cueva te recomiendo leer esta nota del Blog Acercate al Vino publicada apenas terminada la feria.


Párrafo aparte para Argentina Wine Bloggers: Musu es miembro fundador de este grupo, y quien (como muchas tantas cosas que ha hecho alrededor del vino) fue el hilo conductor que nos llevó a armar la agrupación hace dos años. Por eso estamos con él en lo que emprenda y De la Vendimia a la Cueva no fue la excepción. Allí estuvimos con un stand gentilmente cedido por Musu en el cual ofreciamos vinos terminados (la excepción de la feria), recibiamos a nuestros amigos del vino y vendiamos las rifas para la Solidaria que hacemos cada año.


Y antes de que abrieran las puertas de la Feria estuvimos ahí firmes colaborando para que los cientos de botellas llegaran a su lugar en las mesas. Fue un enorme placer haber sido parte. 


Finalmente quiero agradecer a los autores de las fotos que ilustran esta nota (todas tomadas de la difusión que se dió naturalmente por Twitter) ya que esta vez al estar colaborando con la organzización dejé el ipad en la mochila y no pude obtener las propias. Mil gracias!








lunes, 1 de octubre de 2018

Las siete conductas más comunes de los "TOC" del vino (y sus derivaciones).


Ante todo, empecemos por definir un TOC: El trastorno obsesivo-compulsivo es un trastorno de ansiedad, caracterizado por pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes, que producen inquietud, aprensión, temor o preocupación, y conductas repetitivas denominadas compulsiones, dirigidas a reducir la ansiedad asociada.

Quizá las conductas que vamos a repasar en esta nota -en relación a nuestro tema: el vino- no lleguen a cumplir todas las condiciones para ser definidas como "TOC" pero sin dudas, para aquel que nos mira desde lejos (o que no siente atracción alguna hacie el mundo del vino) van a parecerlos.

Y si no, veamos algunas de las conductas que solo los fanáticos de vino somos capaces de realizar y repetir inadvertidamente o a conciencia, justificándolas y aún peor (termino que vamos a ver bastante en esta nota) profundizándolas cada vez más.

Un fanático del vino, seguramente se identificará con una o varias de las siguientes, pero si ya llegas a identificarte con todas te sugiero pases por el consultorio de un psicólogo preferentemente amigo del vino para que te entienda un poquito y no te medique o directamente te mande al psiquiátrico:

1. Sentir los aromas de todo vaso que llegue a nuestras manos, tenga o no vino.
Es claro que en el proceso de cata al vino hay que meter la nariz en la copa para apreciar sus aromas, pero, ¿a la Fanta naranja también hay que olerla?


Y ahí estamos, agitando inadvertidamente un vaso o hasta un vasito de plástico con agua, gaseosa, o café, en la triste espera para que desprenda sus infinitos aromas, hasta que vemos la expresión azorada de quienes nos rodean y nos damos cuenta que no es vino... ¡Ojo ahí con -ante la vergüenza- parar el agite de golpe, porque el líquido va a querer seguir en movimiento y quizá desborde y empeoremos la situación derramando su contenido sobre nuestra falda!
2. Coleccionar corchos.
En la intención de retener algo de ese elixir vínico que nos encantó, llega un momento en que elegimos guardar los corchos. Al principio decimos: "los guardo en frasco grande", pero llega el momento en que se llena, y sale otro frasco... y así. Que nadie me diga que mira alguna vez esos frascos, porque no es cierto... puro trastorno de fanático del vino.
  • Peor aún, coleccionar botellas vacías.
  • Peor aún, coleccionar cajas de vino vacías.
  • Mas sofisiticado aún, coleccionar sacacorchos o copas con inscripciones de las bodegas o marcas de vino.
  • Peor aún, llevarse sin pedir permiso esas copas o sacacorchos con tal de engrosar la colección.

Hasta que llega el día que en tu casa te conminan a "hacer algo" con todo eso, o en los casos mas drásticos directamente te los tiran a la basura. Puede pasar también que si tienen algun valor, te obligen a ponerlos en venta, como la colección de la foto, que se encuentra en subasta en España. 

3Entrar a un supermercado chino solo para ver qué hay.
El fanático del vino es de comprar en vinotecas, para recibir asesoramiento y conseguir las últimas novedades. No está mal que compre en un chino tampoco (los precios son siempre muy buenos), pero el fanático se supera y entra "solo por curiosidad a ver que tienen". Y luego se regodea contando a otros fanáticos que en el chino de su barrio tienen tal o cual etiqueta que "no debería estar ahí".
  • Peor aún, quedarse media hora mirando la góndola de vinos, aunque hayas ido a comprar un sachet de leche.

Esta es complicada incluso, porque el chino desde la caja empieza a mirarte con recelo... ¿que esta haciendo este tipo? que mira y mira y no compra nada... Cuidado porque saben artes marciales.

4. Ordenar la cava a cada rato.
Fija. El fanático del vino tiene una cava. Más grande o más chica, más o menos ordenada, pero tiene una cava donde guardar sus reliquias. Eso es lógico y está muy bien. Pero entrar a la misma día por medio para "ordenarla", eso ya es un TOC.
  • Peor aún, colgarle una etiqueta ojal a cada vino guardado en la cava.
  • Peor aún, llevar una planilla excel con todos los vinos anotando hasta el último detalle.
  • Peor aún, comprar una app especial para llevar el inventario del vino de la cava.
  • Peor aún, realmente lograr mantener al día la app...
5. Pensar que a todo el mundo que toma vino le interesa hablar de vinos.
Estas en una reunión de amigos y de pronto llega el vino a la mesa y algún incauto hace una pregunta: ¿que vino es? ¡Para qué! Ahí el fanático empieza a contar hasta el mínimo detalle: quien lo elabora, de que provincia es, de que región, que tipo de suelos tiene esa región... ¡Basta! Te pasaste... No a todo el mundo le interesa una lección sobre el vino, la mayoría solo quiere tomarlo.


  • Peor aun, pensar que a quienes no toman vino también les interesa hablar de vinos.
  • Peor aun, no saber salir del tema del vino en una conversación con no entendidos que cayeron en la trampa al hacerte un par de preguntas.
  • Pero aún, pensar que a todos los que hacen el vino les interesa hablar de vinos fuera de su horario laboral (y pedirles que te atiendan ese domingo que viajaste a Mendoza).
6. Sacar fotos a las etiquetas y contra etiquetas.
Esta está asociada a N°2 (juntar corchos). Es un intento de retener cada vino que tomamos y guardar sus características, vaya a saber para qué... porque cuando querés buscar "esa" foto no la encontrás ni de casualidad. Así llenamos las memorias de los teléfonos hasta que nos vemos obligados a "hacer algo". 
  • Peor aún, despegar las etiquetas y coleccionarlas.
  • Peor aún, armar álbumes de etiquetas.
  • Peor aún, llevar registro o índice detallado de todas las etiquetas coleccionadas. 
Colección de etiquetas del amigo Martin 
7. Hacer arte con objetos relacionados al vino.
Suele ser también una derivación de la N°2 (las colecciones). Algunos cuando ya no saben qué hacer con esa ridícula colección de corchos los transforman en otras cosas. Ojo hay TOC del vino muy ingeniosos que terminan utilizándolos para decorar, forrando una pared de corchos o hasta armando interesantes repisas con cajas vinos de madera, logrando conservar sus colecciones, aunque algo transformadas.


Arte con elementos del vino, también de Martín
Arte con elementos del vino, también de Martín
Sin duda habrá muchas conductas más que pueden ser catalogadas como TOC del vino, como adaptar elementos al servicio del vino: he visto apoyabrazos de bancos de madera calados para sostener la copa, por ejemplo. También he visto (y usado) arneses colgados del cuello para sostener la copas sin usar las manos en las degustaciones y hay cierta gente que llega a convertirlo casi en una secta religiosa adorando a tal o cual "gurú" del vino y concurriendo regularmente a su vinoteca preferida cual si fuera a "misa". Pero esa ya es cuestión para otra nota...

Para finalizar, si sos tan TOC del vino que te gustó el "Zombie Head Wine Holder" que encabeza esta nota, podes pedirlo a Medieval Collectibles que hacen envíos internacionales, yo estoy pensando seriamente en pedirme una :-).




viernes, 7 de septiembre de 2018

El Alto Valle de Río Negro - #RegionesDelVino #ArgWineBloggers


Si sos asiduo lector de este blog ya sabes que pertenecemos a Argentina Wine Bloggers, un grupo de amigos y blogueros del vino que tenemos acciones en común, a las que llamamos "movidas" en las que elegimos un tema y vamos publicando notas bajo el mismo hashtag. Esta vez la temática es ambiciosa: elegir cada uno una región vitivinícola y escribir sobre ella, cada uno con su estilo, bajo el nombre #RegionesDelVino. Más abajo econtrarán los links a las notas ya publicadas.

El Ángel del Vino eligió escribir sobre el Alto Valle de Río Negro porque le unen a ella sus raíces. La mitad de mi familia ha tenido sus destinos atados a esta región en la que todo estaba (y considero que mucho aún está, especialmente hablando de vinos) por hacerse.

A principios del siglo XIX dos de mis tíos abuelos dejaron su España natal para hacerse “la América”. Aniceto y Pablo llegaron a Buenos Aires con lo puesto, buscaron trabajo y lo consiguieron rápido. Era la época en que la Patagonia era pretendida por Chile y el gobierno argentino había comprendido que era necesario desarrollarla para afirmar allí una endeble soberanía que había sido conquistada con la campaña del desierto en la lucha con los indios pocos años antes. Esa soberanía ahora se encontraba amenazada por Chile. 

Para afrontar una posible guerra con el vecino país, el gobierno argentino decidió de apuro construir un ferrocarril que atravesaría más de 1.000 km hasta llegar a lo que hoy es la ciudad de Neuquén. Una vez allí la compañía a cargo del proyecto, Ferrocarriles del Sur, había trazado un plan de desarrollo a través de su subsidiaria Compañía de Tierras del Sud. S.A. que incluía la construcción de represas y canales, para hacer fértil ese desierto y vender tierras fraccionadas como chacras irrigables, ¿a quiénes?, a muchos de sus mismos empleados que, al llegar a destino, recibían su paga y buscaban un nuevo horizonte. 

Mis tíos abuelos llegaron en ese mismo Ferrocarril y trabajaron construyendo a carretilla y tablón esos canales de riego, hasta lograr comprar sus propias tierras en 1923 logrando que algo impensado para ellos apenas un par de años antes, se hiciera realidad. La utopía de "hacer la América" era cierta. Quince hectáreas peladas adquirieron y las empezaron a trabajar desde cero, con solo el agua a disposición a tomar de uno de esos canales recientemente construidos por ellos mismos. El lugar podría haber sido cualquiera, pero les tocó en Cinco Saltos.

Un par de años más tarde, por carta, tentaron a su hermano menor Pedro Arredondo, a venir a probar suerte a la Argentina. Y así llegó mi abuelo, quien poco tiempo después, en 1928 y en base a muchísimo trabajo, adquiría sus propias doce hectáreas para hacer su propia “chacra”.
Los Arredondo en su chacra (circa 1925)

Porque en Río Negro no le llaman "fincas" como en Cuyo. Les llaman chacras. La trabajó con el arado, la desalinizó, y plantó alfalfa, verduras, manzanos, perales y tres hectáreas de viña. Allí nacerían mis tíos y mi madre, quienes a su vez pondrían todo su esfuerzo en trabajar esa tierra.

Yo nací y viví en Buenos Aires, pero todos los veranos viajábamos a Río Negro a visitar a la familia materna y pasé parte de cada verano en esa bella chacra. Los mejores recuerdos de mi infancia provienen de ese lugar, y entre ellos, el comer las uvas directamente del parral y haber visto a mi abuelo hacer el vino.

¿Y qué tiene que ver esta historia personal con Río Negro como región vitivinícola? Absolutamente todo. Porque en esa misma escala se desarrollaron casi todos los proyectos productivos que convirtieron a este valle, durante más de 50 años, en la tercera principal región vitivinícola de la Argentina después de Mendoza y San Juan. Fue su época dorada, que sucesivas crisis posteriores y la aparición de otras alternativas productivas más rentables llevarían a su ocaso, en las décadas de los 80 y 90. Aún hoy se está tratando revivir esta industria, de la que bodega Humberto Canale, fundada en 1909, es una marca representativa.
Bodega Humberto Canale
Los números lo demuestran: entre 1920 y 1960 la región llegó a tener 160 bodegas que elaboraban vinos de calidad y hasta 17.000 hectáreas plantadas. Pero, vencidos los pequeños productores por el modelo de volumen y baja calidad que reinó a partir de los años 60, Río Negro fue la región vitivinícola que mayor descenso en superficie plantada sufrió en la Argentina, pasando actualmente al séptimo lugar entre las provincias; con una reducción a 2.803 ha en 2008 y a apenas 1.659 ha actualmente, según datos del INV (datos que incluyen las viñas el Valle Medio del Río Negro y el Alto Valle y Valle Medio del Río Colorado) y hoy cuenta apenas con 31 bodegas inscriptas, de las cuales solo 24 son elaboradoras.

Ví esa crisis por mí mismo, y recuerdo como si fuera hoy, el verano que al llegar a la chacra descubrí con tristeza que las tres hectáreas de viñas habían sido arrancadas para plantar perales.

Hoy en día al recorrer el Valle de descubren los restos de esas bodegas y algunas de ellas están siendo reactivadas por pequeños emprendimientos, animados por el regreso a un modelo de vinos de calidad para el que Río Negro está especialmente preparado.
Viñedos Bodega Chacra
Un punto cualitativo a destacar es que Río Negro registra una diversidad de variedades mayor al resto de las provincias vitícolas del país, son 38 variedades las que concentran el 98% del total (1.620 ha). Las cepas más plantadas en la región siempre fueron las francesas, como el Semillón, Pinot Noir, Merlot y Malbec que mostraban gran adaptación al clima local. La variedad más cultivada actualmente en Río Negro es Malbec con el 21% del total, seguido por Merlot con el 16% y Pinot Noir con el 8%.

Fuente: INV
Pero que mejor para entender estas condiciones que las opiniones de Piero Inciso Della Rocchetta, el italiano descendiente de la familia propietaria de Tenuta San Guido, productor del famoso vino Toscano Sassicaia, que se aquerenció en el Valle de Río Negro y hoy produce con viejas viñas ubicadas en la localidad de Mainqué algunos de los mejores vinos argentinos según la evaluación de Robert Parker: el Chacra 32 y el Chacra 55, ambos nada menos que Pinot Noir.

“El alto Valle de Río Negro presenta condiciones micro climáticas que son únicas y te permiten cultivar de una manera orgánica: poca pérdida de producto y muy buena calidad de fruta, intensa luminosidad que da energía y madurez, aire limpio, sin polución y prácticamente sin nieve. La lluvia, que es poca, el agua súper mineral y limpia, y el viento constante que seca todo y evita la humedad y los hongos". 
Viñedos Bodega Chacra
"Siento que la naturaleza, Río Negro y el clima merecen más que yo solo. Me encantaría que haya muchos más productores en la Patagonia. Creo que recién ahora se están empezando a ver individuos experimentando y haciendo cosas distintas. Más y más personas están dando un complemento a la producción de las grandes bodegas. Aun así creo que el lado más artesanal debería crecer un poco más". 

El informe del INV resume: "Los días son templados y luminosos y las noches frescas, con una apreciable amplitud térmica. El principal factor limitante para el cultivo de la vid son las heladas tardías y tempranas, que perjudican especialmente a las variedades de ciclo vegetativo largo. Esta zona se caracteriza por tener vientos fuertes que producen sequedad en el ambiente, lo cual evita la aparición de enfermedades criptogámicas. Esta condición favorece la posibilidad de elaborar vinos orgánicos, sin uso de agroquímicos en el cultivo de vid. Debido al clima frío de la región, las uvas y mostos presentan características diferentes de las zonas andinas, mayor contenido de acidez y regular tenor azucarino. La gran amplitud térmica diurna y las bajas temperaturas permiten que las variedades tintas alcancen un nivel de color más alto que en otras zonas del país, tal es el caso de la variedad Pinot Noir, de la cual, en esta región, se obtienen vinos de buen color y aroma".
Viñedos Bodega Chacra
Para finalizar, quiero resaltar un detalle no menor y es que, si nos olvidamos de límites políticos y nos atenemos a la conformación de clima y suelos de la región, en alguna medida puede explicarse la caída de superficie plantada en el Alto Valle de Río Negro por el enorme crecimiento que tuvo desde 2000 el desarrollo vitivinícola en Neuquén.


Y la cuestión no es menor, porque solo el caprichoso límite geográfico entre ambas provincias -trazado en línea recta hacia el norte- hace que la zona de San Patricio del Chañar no esté en Río Negro, pese a encontrarse sobre la misma margen norte del río que toda la región del Alto Valle. El límite viene dado por el Río Neuquén hasta la localidad rionegrina de Villa Manzano y desde allí sube en línea recta hacia el norte, dejando a San Patricio del Chañar en la provincia de Neuquén, como se puede ver en la siguiente figura:


Con esto quiero decir que si se considera la zona en su totalidad, la brusca caída no es tal, sino que más bien se ha ido dando una relocalización de viñedos hacia zonas que se encontraban vírgenes y con valores de la tierra mucho menores que los de la desarrollada zona rionegrina. Esto lo viví en mi propia familia. Aquella chacra que les conté al principio ya no existe, ha sido loteada e incorporada a los barrios de Cinco Saltos, y mis tíos realizaron plantaciones de frutales en la zona de San Patricio del Chañar.

Espero no haberte decepcionado con esta nota, que buscó mostrar el aspecto histórico de la zona más más que las características de los suelos o de los vinos del Alto Valle de Río Negro, pero en este blog buscamos siempre profundizar en las historias que hacen posible el vino. 

Bibliografía consultada:
El índice NVDI y su relación con la vitivinicultura del Alto Valle de Río Negro
Gracias a Bodega Chacra por las fotografías (obtenidas de su pagina web), al INV y a revista Wine&Co por los textos reproducidos en esta nota.

Otras notas de Argentina Wine Bloggers #RegionesDelVino:

lunes, 3 de septiembre de 2018

Los Zazos “Cédula Real 1716”


En 2015 realicé mi primera visita a la Ruta del Vino de Tucumán y pude conocer muchos de los vinos que se producen en esta hermosa provincia. Este año, me tocó regresar a San Miguel de Tucumán y como de costumbre cuando voy a trabajar allí, fui a cenar a Setimio Wine Bar & Restó, para buscar las novedades, ya que es una de los pocos sitios en esta ciudad que le da una relativa importancia a los vinos locales. En la carta figuraba un vino que no conocía: de Bodega Los Zazos, el Malbec “Cédula Real 1716”.

Averiguando, descubrí que se trata del primer vino tucumano elaborado por la Cooperativa Agro Industrial Los Zazos de Amaicha del Valle, una cooperativa que hace varios años viene trabajando de manera conjunta con un grupo de jóvenes ‘zazeños’ apostando al desarrollo de su localidad, tanto en lo productivo como en lo social.


Los Zazos es una zona distante a 2,5 km de Amaicha del Valle hacia el sureste, pueblo de calles tranquilas donde se destacan viñedos de productores locales. Allí en el Siglo XVIII los diaguitas de la tribu Amaicha no participaron de las guerras calchaquíes contra los españoles, razón por la cual éstos últimos les otorgaron una “Cédula Real” reconociendo la posesión de sus tierras. De allí es que La Bodega Los Zazos allí ubicada, etiqueta su vino como “Cédula Real de 1716”.

La disponibilidad de agua para riego era un recurso escaso y primordial para sus actividades; es por eso que comenzaron en 2006 con la tarea de entubamiento y presurización para riego por goteo en cada una de las parcelas de los comuneros. El proyecto alcanza en todo su potencial a más de 160 hectáreas, con posibilidad de hacerlo extensivo a unas 200 más. La Cooperativa diversificó su producción a cultivos como el de los frutales, nogales y hortalizas, entre otros, además de la vid.


En ese afán cooperativo, brindan sus parcelas para realizar capacitaciones en riego, poda de invierno, fertilización y control de plagas, siendo beneficiados estudiantes de la Escuela Agrotécnica de Amaicha del Valle, de la Escuela Secundaria Los Zazos y productores de la zona.
Horacio Díaz y Roberto Cruz
En la feria Expo Asado que se realizó en abril, tuve la suerte de encontrarlos en su stand Los Zazos, exponiendo su vino. Horacio Díaz, presidente de la cooperativa, nos respondió varias preguntas:

- ¿Quién es el enólogo?
El enólogo Pau Caillou y además somos asesorados por otros enólogos amantes del vino.

- ¿Cuándo se realizó la primera vendimia?
En marzo de 2014.

- ¿Qué producción tienen?
Año 2014, 3.000 botellas.
Año 2015, 5.000 botellas.
Año 2016, solo 1.000 botellas debido a la baja de producción por heladas tardías.
Año 2017, 7.000 botellas.
Año 2018, estimamos 12.000 botellas.

- ¿Cuántas hectáreas suman en total y que variedades hay plantadas?
En estos momentos tenemos plantadas 5 ha, la meta es llegar a 10-12 ha, para obtener entre 100 y 120 mil botellas de un vino premium. Lo implantado al día de hoy es Malbec. El año pasado iniciamos con Cabernet Franc, Chardonnay y Torrontés.

- ¿Cómo esta organizada la cooperativa y cuantos miembros tiene?
La Cooperativa tiene 15 socios activos, "por ahora", de seguro esto se va a ir ampliando en el tiempo. Se hizo un trabajo social en 200 familias a fines de que acompañen a futuro.

- ¿Cuál es el precio del vino?
El precio del vino hoy es de $200 en Tucumán.

- ¿Tienen prevista alguna novedad?
Estamos trabajamos en el desarrollo de un tinto reserva como así también un blanco dulce. "Todo Galán debe tener una dama en la pista".

“Contamos con un terruño privilegiado a 2.100 metros sobre el nivel del mar (msnm), con una amplitud térmica ideal para el desarrollo de aromas, color y gusto que lo caracterizaría como un vino de altura, permitiéndonos agasajar a nuestros visitantes y a los paladares más exigentes, con un producto de alta calidad enológica", se enorgullece. 




El 1716 es un vino que tiene toda la fuerza del sol calhaquí y el alma de la gente que lo hace, es un Malbec muy bien hecho, potente, pero sin aristas, que está muy bien para su precio y que disfruté mucho en la cena de esa noche tucumana, sintiéndome muy a gusto de saborear un vino local, en una provincia que sigue creciendo en el mundo del vino base al gran esfuerzo de su gente. 

Facebook: BodegaLosZazos
e-mail de la entidad: coopagroindlz@yahoo.com.ar.

lunes, 27 de agosto de 2018

Susana Balbo Wines, visita a la bodega.


Quien nos recibió en Susana Balbo Wines, y nos contó mucho sobre la bodega, es José Lovaglio, el hijo de Susana Balbo: "Mis abuelos empiezan Viñas de Balbo y prepararon a mis tíos para continuar con la bodega. Mi madre quería estudiar en el Instituto Balseiro y no la dejaron ir, y trató de ayudar a la familia. Estudió y cuando empezó a trabajar en la bodega se dio cuenta que no le daban lugar. 


"Buscó trabajo en otras bodegas y le ofrecían ir al laboratorio, típico para esa época, pero ella quería ser más relevante y siguió tirando Currículum hasta que logró ser aceptada como enóloga en una bodega. Pero, ¿dónde quedaba esa bodega? En Salta, un lugar al que los enólogos mendocinos no querían ir por los problemas que les generaba con sus familias. Ella era soltera y fue. Allí aprendió a ser capaz de hacer todo lo necesario, dirigir personas, arreglar cosas que se rompían... Desarrolló el Torrontés y se generó una reputación".

"Mi padre es de Cafayate, se casan tienen dos hijos y cuando yo tenía tres años volvemos a Mendoza. Allí trabaja como consultora, pasa por Catena Zapata y empiezan una bodega propia que se termina fundiendo en la hiper inflación. Años después se divorcian y a mi madre le toma diez años repagar sus compromisos. Y empieza esta bodega concentrada en exportaciones".

Hoy es una empresa familiar que ha crecido y vende a 36 países. Recién hace cinco años se comenzó a tratar al mercado argentino como un destino más de sus ventas. Por eso el nombre es mucho más fuerte afuera que en nuestro país, encontrándose entre las cinco primeras bodegas argentinas más reconocidas en el exterior.


"Yo me crie acá, entre estos tanques, y a los 18 años fui a estudiar enología a Napa, California. Trabajé en China y en Francia, y todo este crecimiento no lo vi. Entre tanto profesionalizamos la empresa, incorporamos a Edgardo del Popolo, y somos muy innovadores, pero haciendo cosas que funcionan, no vale la pena innovar por innovar, ni hacer nada esotérico".

Susana Balbo Wines ofrece dos propuestas diferentes en gastronomía para almorzar: Osadía de Crear, cocina de productos y productores argentinos, de estación, inspirada en el paisaje que rodea a la bodega y Espacio Críos, propuesta relajada de tapas, picadas y sándwiches que se puede disfrutar en mesas, sillones o en formato picnic en un ambiente gourmet, pero descontracturado.



En Espacio Críos dimos cuenta a un asado en el que degustamos los vinos de la bodega:
  • Críos es la línea para acercarse al consumidor.
  • Benmarco apunta a mostrar el terruño (tarea de Edy del Popolo).
  • Susana Balbo son vinos de autor.






Susana se representa como la enóloga de bodega (como los clásicos) y su experiencia tiene más que ver con la cata, con el armado de los Blends. Esto viene de la base de formación que Susana tuvo en la filosofía de Catena Zapata. En relación a los terroir Susana Balbo elige la parte sur de Altamira, le gusta mucho un clon determinado de un productor que contratan allí y su Malbec se basa en ese lugar.



José Lovaglio además de sus ocupaciones en la bodega tiene un proyecto personal en el que elabora sus propios vinos en una bodega alquilada de El Peral. "Es algo más arriesgado, ya que tengo la necesidad de romper ciertas cosas y acá generaba más problemas que lo que aportaba"

La marca de sus vinos es Vaglio, cinco etiquetas y se viene un sexto de un pequeño viñedo de 3 hectáreas, desarrollado en La Carrera, a 2.000 msnm, uno de los más altos de Mendoza. La uva es Pinot Noir y quiere tratar de entender qué se puede elaborar ahí, un lugar agresivo, difícil, con agua de vertiente, que están analizando si da para producir en secano (sin aporte de riego) para lo cual está midiendo y registrando temperaturas y datos. “Es extremo, pero quiero encontrar lugares como en la Borgoña, identificables por sí mismos”. Pero Vaglio es otra historia que seguramente tendremos oportunidad de conocer mejor más adelante.

Claro que en la visita no faltó el recorrido por la bodega, donde catamos de tanque Malbec de Los Arbolitos, de un viñedo que maneja Andrés Rosberg el cual tuve la oportunidad de visitar junto a Luis Reginato quien produce un Gewustraminer de ese lugar.

Visitamos “la capilla” el lugar donde se prueban distintas técnicas de extracción con componentes de madera. "Pulimos una técnica, vemos el diferencial y después lo aplicamos también a las marcas de mayor volumen. Experimentamos con cosas únicas, que las tratamos de hacer conocer pero que después se trasladan a algo concreto. Cuando plantamos un nuevo viñedo lo traemos acá para probar distintas técnicas de extracción a ver cuál le va mejor", expresa Lovaglio.



Usan barricas Quintaessense tronco cónica presurizada, y método de extracción con presión de Nitrógeno que extrae del sombrero, pero sin incluir oxígeno (reducido). "Si queremos extracción con oxígeno usamos los foudres grandes. También hay huevos de cemento tratados con una solución super saturada de tartárico, método llamado franqueo que tapa los poros del cemento. Así vamos catando los resultados durante un par de cosechas y luego decidimos. Hay un par de esferas de arcilla italiana (de 2,5 y 4 hectolitros) y un ánfora de 2,5 Hl. Hay roller fermenter, barricas, un poco de todo... 



Debajo de la capilla hay piletas subterráneas, en donde también reposan los vinos.

Los principales mercados son USA, Inglaterra, Canadá, Brasil.. 260.000 cajas de 12 botellas, de las cuales 190 mil son de marcas propias y 70 mil son para marcas compartidas con distribuidores del exterior (Majestic en USA por ejemplo).


Que mejor que cerrar esta nota que con una frase de la creadora de esta historia y de este lugar, la propia Susana Balbo: 
“La creación de mis vinos es la consagración de todos mis esfuerzos como enóloga. Podría decir que la bodega es como mi tercer hijo, un sueño hecho realidad.” 

Mas info en la página web Susana Balbo Wines

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