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domingo, 6 de septiembre de 2015

Los Amaicha, la bodega de la comunidad diaguita.


Hacía tiempo venía soñando realizar este viaje a Cafayate para visitar bodegas, hablar con los enólogos y realizar notas para el blog. Por ello inicié entusiasmado el recorrido en auto partiendo desde Tucumán, disfrutando la subida hacia Tafí del Valle atravesando la selva tucumana y el brusco cambio de la humedad a la aridez cuando se alcanzan los dos mil metros de altura al llegando a Amaicha, donde la aridez gana la tierra.

Allí empiezan a aparecer, a uno y otro lado de la ruta, pequeños viñedos pegados a las casitas de los lugareños. Se trata en su mayoría de descendientes de los nativos diaguitas, originarios de la zona. De esos viñedos obtienen uvas que utilizan para elaborar vino artesanal para consumo familiar y venta local, utilizando lagares de cuero vacuno donde se pisan las uvas.
Amaicha del Valle cuenta con una población aproximada de cinco mil personas, 85% originarios y apenas 15% foráneos. Lo novedoso es que esta comunidad ya en la época de la colonia recibió la propiedad de las tierras otorgada por cédula real de los españoles; hecho que se confirmó en el año 1995 cuando la Provincia les otorgó el título de propiedad de 52.000 hectáreas. 

Este hecho es fundamental para permitir una organización de gobierno que se complementa con el sistema político oficial (o externo, desde su punto de vista). Se trata de un sistema político interno conformado por una Asamblea General, un Consejo de Ancianos y un Cacique.  Este gobierno aboga por mantener y desarrollar la identidad y el territorio comunitario a través de la administración de los recursos naturales para lograr la soberanía alimentaria. Y para ello, cuentan con diversas unidades productivas en temas variados como Ganadería, Turismo, Medicina Ancestral, Artesanos y, entre otros más, una Bodega.
La Bodega Los Amaicha se fundó en el año 2013, cuando el Cacique Lalo Nieva gestiona y logra la ayuda financiera del Ministerio de Agricultura y la Secretaría de Desarrollo Familiar. Se recibe la uva de pequeños productores (llamados comuneros) cada uno de los cuales cuenta con parcelas de ¼ de hectárea, cultivadas con viñedos de cepas viejas, mayormente Criolla, de hasta 100 años de antigüedad. La primera vinificación en la bodega se realizó este año, contando con 1.800 kilos de uva criolla que rindieron 1.000 litros de vino. Además, en el año 2012 se comenzó la plantación de Malbec y en la primera vendimia realizada en 2015 se obtuvieron unos 8.000 kilos de esta cepa.


La bodega, en la que trabajan cinco personas, cuenta con una capacidad instalada de 50.000 litros y este año se procesaron en total 40.000 kg entre aportes propios de la comunidad y uvas de otros productores de la zona.
Bajo la dirección del enólogo Agustín Lanús (próxima nota), entre Marzo y Abril se vendimió el Malbec y la Criolla el 20 de Abril. Los jugos hoy reposan en los tanques y justamente en estos días se introdujeron duelas de roble francés en algunos de ellos, con lo que tuve la oportunidad de probar Malbec de un tanque que tenía las duelas colocadas desde hace una semana, de otro tanque al que se le habían agregado el día anterior y de otro sin duelas; pudiendo apreciar cómo el aporte de la madera se va integrando con el tiempo.
El Tanque 10 contenía lo que más me llamaba la atención: mil litros de Criolla elaborada con uva proveniente de esos ancestrales viñedos de 100 años. De color claro, parecido al de un Pinot Noir; en nariz se expresan aromas a tierra, animales, carne. Un producto realmente diferente. Todavía hay que esperarlo, y va a salir a la venta en Diciembre de 2015.
La estrategia es producir vinos de calidad para ser vendidos en forma directa al turismo que circula por la zona. Por ello, la bodega ha sido emplazada en una loma para llamar la atención desde la ruta, y lo logra tanto por sus dimensiones en relación a las otras construcciones de la zona como por sus bellas paredes de piedra. Para completar la oferta, alrededor de la bodega se están construyendo tres puestos para venta de artesanías y otros productos también elaborados por la comunidad.


Es muy gratificante para mí poder ver y contar historias del vino, pero en particular cuando estas historias se relacionan con proyectos como éste, que luchan para evitar el desarraigo de los jóvenes y atraer nuevamente a los que se fueron. En Amaicha del Valle existe una escuela agro-técnica, por lo que se espera que esta actividad redunde en brindar trabajo a los jóvenes que estudian en ella.


En mi visita, el anfitrión fue Carlos Navarro quien me contó que él mismo había partido hacia Buenos Aires donde vivió un tiempo, pero ahora ha regresado y trabaja como encargado de este proyecto.

Las expectativas son que, al contar la Comunidad con su propia bodega, se integre la cadena de valor, se mejore el volumen y la calidad de los vinos y se logre obtener mayor valor por el producto del trabajo en las vides, redundando en un beneficio de todos.

Con un fin tan noble, seguramente los vinos resultado de este esfuerzo no van a pasar desapercibidos…

2 comentarios:

  1. ME GUSTA ESTO,QUE NUESTROS HERMANOS,LEGÍTIMOS DUEÑOS DE ESTA TIERRA,ESTÁN INTEGRADOS A ESTOS EMPRENDIMIENTOS-OJALA LLEGGUE EL DIA QUE TODOS ESTÉN INTEGRADOS,ME ENCANTA EL LUGAR.Y TAMBIEN ME GUSTARIA PROBAR EL PRODUCTO,HASI SERIA UNA BUENA FORMA DE INTEGRARME,A USTEDES.ME VA HA SER DIFICIL IR POR HAY YA QUE TENGO 66 AÑOS Y TENGO DISCAPACIDADES.VIVO EN PROVINCIA BUENOS AIRES-MAS PRESISO BOULOGNE -SAN ISIDRO.DONDE PODRIA COMPRAR UN PAR DE BOTELLAS POR AQUI,PARA PROBAR.SALUDOS Y UN GRAN ABRAZO...

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    Respuestas
    1. Es muy bueno, y mas que estar integrados son los protagonistas y dueños del emprendimiento. Cuando visite la bodega aun los vinos no se comercializaban. Voy a tratar de averiguar si se podrán conseguir en Buenos Aires.
      Gracias por dejar su comentario.

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