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miércoles, 17 de agosto de 2016

Lupa - La franqueza de Paraje Altamira


Asesor
Global
Marketing
Complejo
Enólogo Top
Puntaje

¿Cómo te suenan estos conceptos en relación al vino? ¿Y qué te sucedería si alguien de pronto te dice que eso es todo lo que NO quiere que aparezca en su vino? La idea de oponerse a ellos le vino a la cabeza al mendocino Juan Pablo Lupiañez cuando se decidió a crear sus propios vinos.


Su familia poseía una finca Lavalle (noreste de Mendoza) en la que desde 1992 producían uva para otras bodegas a la vez que elaboraban vino para la venta a granel (Bonarda, Tempranillo, Chenin, Chardonnay, Syrah). 

Dueño además de una vasta experiencia laboral en las áreas de operaciones, comercial y gerencial de la industria del vino, trabajó primero para una multinacional francesa y después para otra inglesa (Argento).

Pero llegó el día en que decidió volcar toda esa experiencia en su propio vino. En 2009 hizo su primera experiencia, en 2010 fueron 10 barricas, 18 en 2012, para llegar hoy a las 50 barricas.

Con 42 hectáreas propias en Altamira, no le faltan viñedos para elegir, así que fue vinificando de distintos sectores de la finca hasta encontrar su ideal: dos parcelas que llama Cuartel Viejo y Los Cejos, las cuales desde 2012 son protagonistas del Lupa, el vino de Juan Pablo Lupiañez.

Cuenta que los viñedos son una selección masal de uva francesa muy vieja, básicamente Malbec, y que la identidad de esa zona es el origen del material que da vida al Lupa, viñedos de 20 a 60 años de antigüedad, plantados en alta densidad, para lograr una buena concentración.

Juan es el hacedor de su propio vino. Aprendió viendo trabajar a grandes enólogos como Silvia Corti (ex Catena, hoy en Argento), Pepe Galante (Salentein), Alejandro Vigil (Catena Zapata), Fabián Valenzuela (Tapiz) y el enòlogo consultor Sebastián San Martín. 
Vinifica en forma súper tradicional, determinando bien el punto de cosecha, maceración en frio de uno a dos días, fermentación con levadura francesa que dice "utilizaban mucho en Catena", fermentación maloláctica y puesta en barrica, mitad francesa, mitad americana, de hasta cuarto uso, renovando un 20 a 30% de ellas cada año.

Allí lo deja reposar entre 20 a 22 meses. Un tiempo que se dio simplemente porque al principio no tenía para comprar botellas y el vino tuve que quedar en la barrica, con tan buen resultado que ahora se repite.

Cuando Damian Melville, de Indígena Wines, me invito a participar de la mini-vertical de Lupa, fui con gusto porque había sido uno de los vinos que más me habían gustado en la Feria PIPA de Paraje Altamira. Y lo volví a confirmar. El resultado es un vino franco, jugoso, apetecible, con niveles altos de alcohol -por encima de los 14,5 grados- que le da un atractivo carácter dulce.


Catamos las cosechas 2012, 2013 y 2014, siendo las dos últimas donde se afirma el estilo, con evidente mejoría cada año. La 2013 es lo que en la jerga llamamos una bomba, explosión de sabores frutales, frescor herbáceo, un matiz de grafito y elegantes taninos. La 2014 presenta mayor acidez y una nariz impresionante. Para comprar, guardar un tiempo más y descorcharla el día que uno quiere darte un gusto especial.

Solo encontré una contradicción en los Lupa. Juan Pablo dice que "Asesor, Global, Marketing, Complejo, Enólogo Top y Puntaje" son todos los conceptos que no quería en su vino. El contenido lo cumple, pero la etiqueta no. Mírala bien. Allí están nombrados uno por uno. Pero tachados. Lo que se dice franqueza, una palabra que seguramente no le disgustara que utilice para definir a sus vinos.

Fotos tomadas por El Ángel del Vino


2 comentarios:

  1. ANGEL:
    Grandes Vinos, ricos para beber jóvenes pero también con una longevidad envidiables !! Todavía me queda alguna botella 2011 y está "joya"...
    Como si fuera poco, Juan Pablo es un tipo amigable y generoso. Que más se puede pedir ??
    Muy buena la reseña.
    Abrazo. ROBERTO

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