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miércoles, 15 de marzo de 2017

Una Trattoria en Ventimiglia, por consejo de Mauro Colagreco


Esta es una nota que tenía en la gatera y no terminaba de escribirla, porque si bien llegamos al lugar gracias a una secuencia de actividades relacionadas al vino, la experiencia tuvo sus condimentos por otro lado.

Si seguís este blog quizá hayas leído las notas sobre el viaje realizado a Francia en octubre pasado: Châteauneuf-du-Pape, Vieux Télégraphe, Paz Levinson en Virtus de París y Restaurante Mirazur. En esta última contamos que el mismo Mauro Colagreco al enterarse que seguíamos viaje hacia Ventimiglia llegando allí para el almuerzo, nos recomendó hacerlo en alguno de los dos restaurantes ubicados frente a la puerta del mercado donde están las pescaderías. "Son restaurantes típicos, de comida casera", nos aclaró, y qué mejor cuando uno esta de paseo y no quiere dedicarle tanto tiempo a la comida del mediodía.

Así que seguimos camino para llegar a Ventimiglia (siempre me quedaré con la espina de como hubiese sido ese día si en lugar de seguir nos quedábamos en Mirazur a disfrutar su comida nivel dos estrellas Michelin). Es un pueblo ubicado en el límite con Francia, que en su historia sufrió una continua sucesión de asedios y distintos dominadores: romanos, godos, bizantinos, lombardos, sarracenos, genoveses, napolitanos...

La atracción de los viernes es el mercado popular, en el cual además de innumerables productos como ropa, calzado, carteras, etc., algunos de dudoso origen (es notable como solo con cruzar de un país a otro se relajan los controles y cambian los estilos de vida), tiene un sector donde pequeños granjeros venden sus productos. Se pueden encontrar especialidades de toda Italia -embutidos de Calabria, queso parmesano, aceite de oliva- y también productos locales como los tomates secados al sol y salsa pesto de fabricación casera. Se complementa con el mercado municipal cercano -que abre todos los días- y ofrece buena oferta de comestibles y flores.  

Pero claro, pasado el mediodía, teníamos que dar un respiro a las piernas y al estómago, así que decidimos ir a almorzar. Y de los dos restaurantes recomendados elegimos -porque sí- "La Trattoria dei Pani". Allí tuvimos una sencilla experiencia, pero de esas que -por su calidez- no se olvidan.



Estando en una ciudad frente al mar y frente al mercado y las pescaderías, era imposible errar si pedíamos frutos de mar, así que comenzamos con una entrada en la cual el pulpo estaba perfectamente cocinado dejando resaltar su sabor frente a una suave salsa de tomate.



Para beber, pedimos un sencillo blanco de la casa, una "caraffa" de Bianco de medio litro para compartir y que combinó perfectamente también con el plato principal. Era necesario cuidar el consumo de vino porque luego debíamos conducir de regreso hasta Niza. Así que seguimos las pautas del consumo responsable... hasta que la magia del vino -esa que te hace encontrar o hacer amigos en todos lados- entró en escena.

Al pedir la cuenta, en lugar de venir el mozo que nos atendía, se acercó una señora, que gentilmente consultó cómo la habíamos pasado. Le dije que muy bien, y que tenía una historia para contarle. Le expliqué de mi afición al vino, del blog, de nuestra la visita a Mirazur hacía apenas un par de horas y que habíamos llegado allí por consejo de su Chef, nuestro compatriota Mauro Colagreco. Resulta que éste no solo es conocido por su famoso restaurante sino porque además conduce en Italia uno de los programas de cocina de mayor rating (al estilo de Master Chef). 

Ivana Belvedere -que resultó ser la dueña de la Trattoria- no salía de su asombro, y estaba tan contenta que al minuto regresó con un vino entre sus manos. "Si escribe de vinos no pueden irse sin probar el mejor vino de la zona", dijo, descorchando un Rossese di Dolceaqua Superiore 2014 DOC. 



Se sentó con nosotros en la mesa y lo degustamos juntos -un poquito- mientras nos contaba que el vino proviene de un antiguo pueblito llamado Dolceaqua, que valía la pena visitar (lo hicimos y era cierto). Luego con gran orgullo nos dijo que su joven hijo era Chef, que había hecho pasantías en algunos de los mejores restaurantes de París y que tenía muchas esperanzas de que pudiera trabajar junto a Mauro Colagreco... Claro, que mejor para una madre que tenerlo cerca, ojalá Mauro de casualidad lea esto y le dé una oportunidad!

Les dije que esta era una historia que no tenía al vino como protagonista sino como nexo. Es asombroso cómo una cosa lleva a la otra: escribir de vinos, viajar a Francia, ir a cenar al restaurante de la mejor sommelier argentina en París, conocer allí un Chef argentino que trabajo en Mirazur y te aconseja ir a conocer el mercadillo de Ventimiglia, pasar por Mirazur, tener la suerte de encontrar a Colagreco y que te sugiera donde ir a almorzar en ese pueblo, para terminar degustando un Rossese italiano invitado por la dueña de casa... que a su vez sueña con que su hijo trabaje en Mirazur. Paradojas de la vida y experiencia elípticas con un mismo nexo: el vino.

Para finalizar les dejo esta foto tomada en Ventimiglia, que tiene un graffitti que de alguna manera sintetiza la historia: "las cosas mas bellas son aquellas inesperadas".

Graffiti en las calles de Ventimiglia
Fotos tomadas por El Ángel del Vino.

Mas info: https://chitchatbabel.wordpress.com/2011/09/22/conheca-o-mercado-publico-de-ventimiglia/

2 comentarios:

  1. ¡Qué gran final! Es el hilo rojo del vino.

    Abrazo

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  2. Qué linda historia! Coincido con Ariel respecto al final, increíble como se conectan las cosas, los lugares, las personas y el vino :) Salú!

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