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lunes, 8 de enero de 2018

Pasado y presente de los vinos dulces en Argentina



Entre cierto público los vinos dulces no tienen muy buena prensa en Argentina. La frase puede sonar contundente, pero muchas veces he escuchado a gente que tiene una trayectoria catando y degustando vinos decir que los vinos dulces "no les cierran” o hablar despectivamente de ellos considerándolos "para aquellos que se inician con el vino". Porque es lo más parecido a la Coca Cola, dicen... O "para mujeres" y aquí hacen doblete, no solo desvalorizando el vino dulce, sino también a las mujeres, siendo mujeres muchas de las mejores sommeliers del país y cada vez más las enólogas que descollan en su profesión. Generalizan, lamentablemente, y meten a todos los vinos dulces en la misma bolsa.

Esto siempre me hizo ruido y me impulsaba a querer escribir una nota, pero un descubrimiento histórico que realicé hace poco -y que se devela al final, no hagas trampa, no te adelantes- me puso en acción.


Vinos dulces del mundo
Los primeros vinos dulces que probé fueron los Riesling alemanes que venían en atractivas botellas azules (Auslese) y que se vendían mucho en los supermercados a inicios de los 90. Son vinos con agregado de azúcar para compensar la alta acidez de uvas de zonas muy frías, que no alcanzan su plena madurez.


Debo decir que a mí los vinos dulces siempre me gustaron, aun antes de conocer algunos de sus clásicos exponentes internacionales que son, indiscutiblemente, del más alto nivel.

Con uno de estos exponentes me topé hace muchos años en unas vacaciones en Pipa, Brasil. Allí, en un coqueto restaurante al que fuimos a cenar nos ofrecieron al finalizar la comida si queríamos una copa de vino dulce. Pensamos que era una cortesía y dijimos que sí. Nunca lo habíamos probado y nos encantó. El mozo nos preguntó si nos había gustado, le dijimos que nos encantó y nos ofreció otro. Y luego un tercero... Grande fue la sorpresa cuando llegó la cuenta y en la factura aparecían seis “Porto” por un valor que superaba ampliamente el de la propia comida! Así aprendí lo que era un Porto, su exquisitez y también su costo. A partir de allí, al regreso de cada viaje, compraba una botella de Sandeman, que generalmente era la marca presente en el free shop de Ezeiza.


En 2014 asistí a un congreso de mi profesión (que no está relacionada con el vino) en Budapest, Hungría. Y me encontré con otro de esos “exponentes” de vinos blancos dulces: el Tokaji. Conocí su historia, el motivo de su dulzor: la podredumbre noble causada por el hongo llamado Botrytis Cinerea y sus variantes de dulzor: identificada por los "puttonyos". Quedé tan enamorado por sus aromas y sabores que dos noches seguidas fui a degustar distintas marcas y estilos en un simpático bar de vinos por copa ubicado a orillas del Danubio.


Con el Sauternes no tengo una historia en especial mas que haberlo probado por primera vez en Francia, su país de origen, hace ya unos años. Pero sí con el Madeira portugués, ya que pude degustar uno hace poco de la experta mano de la mejor Sommelier argentina: Paz Levinson, en su restó Virtus de Paris el año pasado (nota).


Y hace apenas unos meses, invitado por la Asociación Argentina de Sommeliers concurrí a una cata de Ice wines canadienses (nota), donde descubrí la expresividad de estos vinos dulces que se elaboran con uvas cosechadas y prensadas cuando se encuentran aun totalmente congeladas.


Volviendo al principio de esta nota, creo que cualquiera que haya probado estos vinos coincidirá en que son palabras mayores y brindan una experiencia que los tintos o blancos secos no pueden otorgar. No vale la pena hacer comparaciones, cada uno tiene lo suyo. 

Vinos dulces de Argentina
Hay una amplia gama de vinos dulces, mayormente blancos y también algunos rosados y tintos. Suelen ubicarse en una gama amable de precios, comúnmente son llamados “cosecha tardía” y vienen en botella de 750 ml. Probablemente el más exitoso sea el burbujeante New Age de Bianchi (lanzado en 1996), pero las góndolas de los super muestran que esta categoría ocupa un buen lugar en las preferencias de consumo, con una variada oferta: Norton, Cafayate, Santa Julia, Suter, Pecado (Quara), Elementos, Latitud 33, Amalaya, Graffigna y tantos más son habituales exponentes en las mismas. 



Entre los de mayor calidad se presentan vinos dulces realizados con distintas técnicas, que generalmente se presentan en botellas de 500 ml ya que -en general- tienen un mayor nivel de dulzura. Se destacan Los Stradivarius de Bianchi, Renacer Milamore (appasitto)Saint Felicien Doux, Luigi Bosca Gewurztraminer, Terrazas de los Andes Petit MansengSalentein Late Harvest Sauvignon Blanc, Susana Balbo Late Harvest Torrontés, Rutini Vin Dueux Naturel, Malamado y Fond de Cave (encabezados), Viña las Perdices Malbec (estilo ice wine), entre otros.



El pasado del vino dulce en Argentina
Pero el motivo de esta nota no es en realidad nada de lo escrito hasta ahora... la razón que me llevó a escribirla viene de un descubrimiento que realicé recientemente, y por casualidad... Hace pocos meses, Juanfa Suárez nos invitó a un grupo de los Argentina Wine Bloggers a su casa a probar sus vinos Finca Suárez, de Paraje Altamira.

Ya había entrevistado anteriormente a Juanfa (nota) y conocía la historia que lo relaciona al vino. Su abuelo Leopoldo Suárez fue uno de los próceres de la enología de nuestro país y dejó como legado un importante libro de ampelografía de las cepas presentes mendocinas. 

Ampelografía es una palabra que proviene del griego ámpelos "vid" + gráphos, "escritura", y define el área de la ciencia de la botánica que estudia la identificación y clasificación de las vides. El libro se llama "Contribución a los Estudios Ampelográficos en la Provincia de Mendoza" y data de 1911.



Esa noche tuve la oportunidad de tener ese añoso libro entre mis manos, y como no hacía tanto había publicado mi investigación sobre las uvas criollas, lo primero que hice fue buscar que había sobre ellas en este incunable. Y un par de párrafos me llamaron la atención:



Grande fue mi sorpresa al leer que la querida uva criolla fue utilizada durante el siglo XIX para hacer vinos dulces partiendo de uvas que se cosechaban heladas a fines de mayo (recordemos que hace cien años Mendoza era mucho más fría que ahora, efecto invernadero mediante), un poco al estilo del ice wine.

Más aun leer que esos vinos dulces eran considerados de excelsa calidad y orgullo de los patriarcas de la industria vinícola Mendocina. El autor cuenta que probó este tipo de vinos con una guarda de más de ¡30 años!. Los valora a la par de los mejores Oportos europeos y se lamenta que -al momento de escribir el libro, año 1911- esa categoría de vinos dulces estuviera ya desapareciendo, cuando estima que debería ser un orgulloso producto típico.

Ya vimos en esta nota que los vinos dulces en Argentina están vivitos y coleando, pero ninguno que yo conozca se elabora con uva criolla al estilo ice wine... ¿Habrá alguna bodega argentina actual que se anime a revivir esa tradición lamentablemente abandonada?.

jueves, 4 de enero de 2018

Finca Decero, de Agrelo al mundo.



Tomas Hughes, 35 años, es Ingeniero agrónomo con especialización en Enología y trabaja en Finca Decero desde 2014 (antes pasó por Achaval Ferrer, Clos de Chacras y Trapiche).  Se dedica fundamentalmente a la enología, ya que el agrónomo de la bodega es Matías Cano.

Finca Decero es una bodega que exporta mucho. Se vende bien en Inglaterra, en especial su Petit Verdot. Su propietario es el suizo Thomas Schmidheiny, que además posee bodegas en Napa (Cuvaison) y en Australia (Chapel Hills).

Schmidheiny compró un terreno de 200 hectáreas en Agrelo y lo fue haciendo desde "cero" (de allí el nombre de la bodega). En esa tierra árida y desolada al pie de los Andes (en una de las zonas más altas de Agrelo, a más de mil metros de altura sobre el nivel del mar) se plantó Malbec, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Tannat, Sirah y, desde hace cuatro años, un Cabernet Franc, que se lanzará en 2018.

El Viñedo Remolinos fue así bautizado por los minúsculos vórtices que el viento forma sobre las viñas. Los suelos son heterogéneos de origen aluvional, pegado a los Cerrillos de Tupungato, que desprendieron coluvios, arrastres a corta distancia, por lo que tienen poca piedra, con distintas mezclas de arena, limo y arcilla y algunos sectores con carbonato de calcio. Los vinos son 100% Single Vineyard, sólo cambia el varietal pero el terroir es siempre el mismo. Hay 165 hectáreas plantadas solamente con uvas tintas.

Decero t
iene un portafolio concentrado, enfocado a la calidad, y presenta tres líneas:

  • Clásica con Malbec, Sirah y Cabernet Sauvignon.
  • ODD. Un nuevo vino que se hizo para Estados Unidos para el off trade, a pedido del importador, que tuvo éxito y se expandió al mercado on trade en Argentina, Canadá y Suiza. La etiqueta decía “by Decero”. Es diferente, rompe el esquema clásico de la bodega.
  • Mini ediciones Petit Verdot, Tannat, Cabernet Franc. 18 meses de barrica.
Clásica
Con rendimientos de 70 a 80 quintales por hectárea, 4.000 plantas por hectárea que dan entre 1,6 a 1,8 kg por planta de producción. Ciento por ciento cosecha manual. Doble proceso de selección, llenado de tanque por gravedad.

Una de las decisiones importantes, cuenta Tomas, es "corregir anhídrido sulfuroso a 50 mg por litro y llegar a PH 3,45/3,50 antes de la maceración prefermentativa. Tener un activo tal que controle las bacterias que llegan del viñedo. Bajar la temperatura a 10 °C, macerar el frío durante 7 a 10 días. Apenas hay principio de fermentación inoculamos levaduras y fermenta a temperatura de entre 24 y 26 °C. No se busca concentración sino elegancia, aromas sutiles y luego se hace la maceración por fermentativa durante cinco días y va a roble francés. 20% va a barrica nueva y el resto de segundo a tercer uso durante 12 a 14 meses. Queda en estiba seis meses en bodega y sale a la venta".

Decero Malbec 2014
Floral, mentolado, típico del terroir, guinda, cereza, algo de fruta negra. Redondo, en boca rica acidez. Muy buscado para vino por copa en restaurantes de Estados Unidos, por su amabilidad tánica y su tomabilidad. Se vende mucho, llegando a representar el 70% de la producción de la bodega. Hay en nariz un leve tostado.



Decero Cabernet Sauvignon 2013
Para Tomás, "Agrelo es uno de los mejores lugares para el Cabernet Sauvignon". Este vino obtuvo Medalla de oro AWA. Nariz especiada, típica. Boca untuosa, pero con rica acidez y buen balance. Una boca llena. 

El enólogo cuenta que realizan un pormenorizado estudio de suelos para el cual se mide conductividad a 75 cm y 100 cm y se hacen calicatas, con la guía del experto en suelos chileno Pedro Parra. Finalmente se cosecha por polígonos, buscando los mejores lugares para cada cepa, y que la conductividad sea óptima para el Malbec.

Decero Mini Ediciones Petit Verdot 2013 $650
Los mejores polígonos se vinificaron en rol fermentor de 600 litros y se usan para las Mini Ediciones. En este caso son 10.000 botellas. Se elabora parecido al otro pero pasa 16 meses en barrica y ocho meses en botella. Herbáceo, mentolado, pimienta negra y rosa. En boca, la potencia de esta cepa está controlada, pero mantiene su tipicidad.


Decero Mini Ediciones Tannat 2012
El Tannat de zona fría no da fruta negra, especiada, sino más suave, con aromas a mora y café y en boca bebible, de buena acidez. Tiene la “carne” del Tannat pero amortiguada respecto a los salteños. Agrelo da una suavidad tánica difícil de conseguir para el Tannat.


The Owl and the Dust Devil 2014 $530
El nombre de este vino hace referencia a las lechuzas que habitan los viñedos y las historias míticas sobre cómo las mismas espantan a los demonios representados por los remolinos de polvo y viento. 43% Malbec, 26% Cabernet Sauvignon, 23% Petit Verdot y 8% Tannat. Con la grandeza olfativa de un buen blend. La nariz la llevan en Malbec y el Petit Verdot aporta lo floral y lo verde.



Decero Amano 2014
Es un blend 66% Malbec, 25% Cabernet Sauvignon, 6% Petit Verdot y 3% Tannat. Lleva veinte meses de barrica. Se usan las dos mejores hectáreas del viñedo para esta selección de apenas 7.500 botellas, que representa el trabajo más esmerado de la bodega. Para obtener una parte se elaboran tres partes y se va eligiendo. Pasa 20 meses por toneles de roble francés Taransaud y Cuvee Soleil.

En nariz rica fruta roja, especias, en boca es redondo, largo, amable, con la vibrancia aportada por el Petit Verdot y una alta acidez que asegura su aptitud para una guarda larga. Es un vino para guardar más tiempo e ir bajando su acidez. Buen final de boca.

Como ellos mismos dicen, hechos "a mano" y "desde cero", de manera sustentable y respetuosa, son vinos honestos y expresivos, que representan bien a la Argentina en el mundo.
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