Etiquetas

lunes, 9 de abril de 2018

El vino en Cruceros


En las vacaciones de verano, decidimos hacer un viaje en crucero por islas del Caribe. Para elegir y hacer la reserva, buscamos ente las distintas líneas navieras, cuáles disponían itinerarios en el rango de fechas, viendo que ofrecía cada naviera y cómo ello se adecuaba a nuestras necesidades, para finalmente decidirnos por Princess.

En mi caso, como buen fanático del vino, una de las cosas que me tomé el trabajo de explorar fue si se le daba algún lugar al mismo. Y así era, el crucero que me más gustaba por las islas a visitar, el barco Royal de la línea Princess, ofrecía un bar dedicado al vino llamado "The Vines", prometía una carta de vinos internacional y de buen nivel, degustaciones y, en algunos de sus restaurantes, hasta una mesa ubicada dentro de una cava de vinos a solicitar con previa reserva (con un costo adicional de Usd 40 por persona). Les cuento cómo nos fue.



Los restaurantes
En la primera cena llegó a mis manos la carta de vinos del restaurante, y si bien no me desilusionó, no llegó a colmar del todo mis expectativas que quizá estaban algo infladas por haber leído en la propaganda de Princess afirmar "poseer la mejor oferta de vinos en cruceros".

Si bien no está mal el número de etiquetas ofrecidas (101), lo que me llamó la atención fue encontrarla algo desbalanceada, con amplia mayoría de vinos del viejo mundo, y unos pocos vinos del nuevo mundo, a excepción de USA. Por ejemplo, de la Argentina solo tres vinos: Caro (89 USD), Decero Remolinos Vineyard Malbec (39 USD) y Diseño (32 USD), éste último un vino exportado a granel y envasado en USA, sin siquiera señalar en su etiqueta la región de origen, más que decir que es Argentino. Chile estaba mejor representada con 8 etiquetas, Australia con 5 y Nueva Zelanda con uno. Y nada más, sumando el 17% de los vinos de la carta.

El mayor número de vinos eran norteamericanos (49 etiquetas, el 48,5%), lo cual tiene algo de lógica ya que el crucero partía y regresaba de Fort Lauderdale. Seguían en número, los franceses, pero aquí es cuando más notorio se hacia el desbalance; entre los Blends de Burdeos aparece primero en la lista, a 32 USD, el Mouton Cadet de Rothschild un vino económico y fácil de encontrar en los free shops de todo el mundo y apenas un par de escalones más abajo en la carta el Chateau Laffite Rothschild 2011 a un precio de ¡Usd 1600!. 

Las cepas mejor representadas en la carta fueron el Cabernet Sauvignon, el Chardonnay y el Merlot, con 14, 12 y 8 etiquetas respectivamente, lo cual tiene sentido ya que estas cepas son las más demandadas por el público norteamericano, que era amplia mayoría.

Pero en las restantes cepas, si bien hay que reconocer que las más importantes estaban, la oferta era básica, solo de una a tres etiquetas y en general con poco respeto hacia el lugar del mundo en que cada una mejor se desempeña, en favor de marcas norteamericanas. Apenas un Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda y ninguno de Chile, por ejemplo, pero dos de California.

Los precios están, como en cualquier restaurante de los Estados Unidos, inflados, con remarcaciones de hasta 300% respecto a los valores de góndola. Así el Cabernet Sauvignon chileno Errazuriz se paga casi Usd 40 cuando su precio normal es de Usd 16,5 (Wine-searcher) y el Caro, elaborado en por el Joint Venture Catena Zapata / Rothschild supera los Usd 100, si se incluye el 15% obligatorio de propina que se adiciona al precio de la carta; siendo un vino de Usd 43 (Wine-searcher

En cuanto al servicio, los mozos que nos atendieron (todas las noches se mantenían los mismos) fueron excelentes, y reaccionaron positivamente cuando les pedíamos mejorar el servicio del vino. Aún así, hubo varios detalles que observar, como la tendencia a llenar la copa, el tamaño de las copas (muy pequeñas) y la temperatura de los vinos. Pero pronto se esmeraron en satisfacer nuestras exigencias y empezaron a traer unas copas más grandes y adecuadas para vinos tintos, una frapera para enfriar el vino y a llenar la copa en una tercera parte, para permitirnos agitar el vino.

Sí mostraban la etiqueta y confirmaban el pedido antes de descorchar, dejaban el corcho sobre la mesa, pedían la opinión sirviendo una copa de prueba, se mantenían atentos a reponer las copas cuando estas se iban vaciando y guardaban el vino sobrante para la cena siguiente. Y ni hablar de la habilidad para servir sin derrames ni goteos pese al balanceo del barco... Servicio aprobado.

Las bebidas alcohólicas no estan incluidas y Princess ofrece un paquete de bebidas que permite acceder a cocktails, vino, cerveza, agua mineral, cafés especiales y gaseosa por Usd 69 al día. No me pareció conveniente en mi caso y preferí utilizar el servcio a la carta.

Degustaciones
Un punto a favor, es que se ofrecieron dos eventos dedicados al vino, consistentes en catas guiadas de una serie de vinos elegidos de entre los de la carta.



En la primera se ofrecieron seis etiquetas acompañadas cada una de una selección de quesos. El costo fue de 9,5 USD. Me sorprendió la asistencia, muy numerosa, de casi 150 personas, lo que demuestra el interés por el vino del público de los cruceros (era bastante común ver también en las mesas del restaurante en la cena botellas de vino sobre las mesas o en las fraperas). La cata no fue dirigida por un sommelier sino por el Maitre del restaurante, quien junto a otros tres mozos más (todos de nacionalidad rumana) se turnaban en la presentación de los vinos.

La verdad es que habían hecho los deberes y cada uno tenía bien aprendido su guión sobre los vinos y el terroir del cual provenían, pero cuando llegó el momento de las preguntas quedó en evidencia que no podían salirse del libreto y se extrañó un sommelier.

En la segunda, se repitió el formato pero con vinos de mejor nivel y acompañados cada uno de un canapé especialmente preparado por el chef para maridar con cada vino, esta vez el precio subió a 25 USD.



The Vines Bar
Uno de los puntos fuertes relación al vino era para mí la existencia de este Wine-Bar que está muy bien ubicado en la plaza central del crucero. Promocionado por haber sido votado como uno de los “Mejores Wine Bars en el Mar,” por el periódico USA Today, expone una buena colección de vinos, con etiquetas como Opus One y Super Toscanos. Una vez allí nuevamente me sorprendió que no contara con un Sommelier a cargo. Y me confirmaron que, además, no había ningún Sommelier en todo el buque. Extraño para una naviera que se ufana de poseer la mejor oferta de vinos.

El bar, como todos los espacios comunes de ese impresionante crucero que es el Royal Princess, es muy elegante, bien ubicado y perfecto para relajarse con una copa de vino en la mano.

Detalles
Y ya que hablamos del vino en cruceros, vale avisar que no está permitido ingresar al buque portando con más que una botella de 750 ml de vino o champagne por persona,  la cual deberá ser llevada al embarcar en el equipaje de mano. Podrá ser disfrutada en el camarote sin cargo, pero si se desea tomarla en un espacio público del barco, se cobra un cargo de descorche de Usd 15. 

En el embarque todo el equipaje es sujeto a escaneo y todo alcohol en exceso sobre el límite mencionado será requisado y descartado, no haciéndose la naviera responsable por estas pérdidas, ocasionadas por el pasajero al violar la política de "solo una botella"Puede sonar duro, pero es lógico, ya que parte del negocio es que los pasajeros compren los vinos. Estan advertidos.

Lo mismo sucede con las bebidas alcohólicas que se compran en los duty free de los puertos de visita, que deben ser dejadas en custodia y recién vuelven a tus manos la última noche antes de desembarcar. Todo esto está correctamente aclarado en el contrato.

Finalmente, vale aclarar que menores de 21 años no tienen permitido comprar, poseer o consumir bebidas alcohólicas.

En resumen, una buena experiencia, con algunas cosillas para mejorar, pero en general dando al vino el lugar que se merece.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...