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martes, 8 de mayo de 2018

Alejandro Vigil y Ernesto Bajda dirigiendo cata vertical D.V. Catena Malbec


Organizada por Arnaldo Gometz, director comercial de Catena Zapata, y con la guía maestra de los enólogos Alejandro Vigil y Ernesto Bajda, participamos en la Vinoteca Mr. Wines de Fernando Musumesi de la primera cata vertical de D.V. Catena Vineyard Designated Malbec Adrianna Vineyard desarrollada fuera de la bodega. Se cataron las añadas 2004, 2006, 2209, 2011 y 2013.


Vigil y Bajda comenzaron juntos a trabajar en Bodega Catena Zapata en el año 2002 y recorrieron un camino que nos lleva directo al nacimiento de los mejores Malbec de la bodega. Los mismos tienen origen en el Cuartel 20 de Lulunta (el mismo de la cual sale la Garnacha de otro D.V. el Malbec - Grenache) en el cual hay Malbec y Semillón. De ese mismo cuartel se hizo la selección clonal que dio origen a todos los Malbec de Catena Zapata (estacas que se fueron reproduciendo por clones). "Es un viñedo madre muy importante para todos" cuenta Vigil, quien cada vez que pasa camino a la bodega se ve tentado a visitar este viñedo.

Vigil nos cuenta la revolución del Malbec, protagonizada por Nicolas Catena, quien vuelve a abrir la importación de barricas a finales de los ochenta / principios de los 90, trayendo a la Argentina lo que había visto mientras estudiaba en California. A esa la llaman la "primera revolución". La "segunda revolución" es cuando entienden que la altitud es lo que hace distintos a nuestros vinos, por el frío que aporta. Para tener más frio había que ir hacia el Sur o hacia el Oeste (a mayor altitud) y Nicolás Catena Zapata eligió quedarse en Mendoza y rumbear para el Oeste. Allí nace el viñedo Adrianna, comprado y plantado a poco de comenzar los 90. 

Se animó a plantar vides donde nadie pensaba que podrían madurar. Su revolución de vinos de altura culminó con el descubrimiento de un nuevo terroir para el vino, el Viñedo Adrianna, plantado a una altura de 1.450 msnm. Nadie pensaba que iba a resultar.


La primera visita de Vigil a ese viñedo fue antes de entrar a Catena, trabajando para el INTA y la recuerda gráficamente: "fui con una Renault 12 Break que tenía un agujero en el piso y me costó encontrar el viñedo en el medio de la nada... no había nada de nada. Hice el estudio de suelo y hablé por primera vez del calcáreo y pensé que iba a ser necesario tirar ácido para que las plantas sobrevivan..." es que estaba tan poco convencido, que pensaba en las plantas y no en el vino. Al vino aún lo veía lejos.


"Los primeros Malbec que salieron de allí parecían una planta de malvón y negros... ¿qué hacemos? nos preguntamos y lo primero que dijimos fue: homogeneicemos el viñedo! Sin embargo poco a poco fuimos comprendiendo lo que sería la "tercera revolución" que es la de las parcelas. Dejamos de usar las máquinas para seleccionar y pasamos a seleccionar en el viñedo. Hicimos estudios de suelos, calicatas, entendiendo cada parcela y pasamos a homogeneizar las parcelas, lo que cosechábamos de cada una".

Después profundizaron, comenzando a cosechar en distintos momentos en cada parcela. Siguieron experimentando, hicieron pasar el vino por 300% roble (un año de barrica nueva, luego otro año a otra barrica nueva y hasta un tercero!) "Llegue a hacer 3.000 micro vinificaciones, yo necesitaba entender eso... fermentar en barril, mezclar, cofermentar..."
"Podíamos hacer cualquier cosa pero al final el viñedo se imponía".

Allí comprendió que hay lugares que son únicos, especiales, porque mantienen su identidad a pesar de todas las variables climáticas, la planta se autorregula. Por ejemplo en 2016 (año climático difícil en Mendoza por las lluvias) las plantas de este viñedo bajaron su rendimiento en forma autónoma. ¿Cuáles son esos lugares?, le preguntamos y nombró algunos: Gualtallary, El Cepillo, y Angulo en La Rioja (cerca de Chañarmuyo), uno de los últimos sitios donde han plantado viñedos.

Del viñedo Adrianna en Gualtallary, cuenta que tiene 105 hectáreas aunque los vinos de parcela salen de apenas 16 de ellas. Resalta que se mantiene siempre frío de noche, con unos 6 grados en enero. Allí la novedad es que Catena Zapata está construyendo una bodeguita para elaborar hasta 50.000 litros de vino, al pie del viñedo, que contará con ánforas traídas desde España, piletas cuadradas tradicionales pintadas con epoxi y fudres. También anunciaron que toda la producción es orgánica y que ya está certificado.


¿Un secretito de Vigil con estos Malbec?: "Siempre les agrego un poco de Viognier, lo cual resulta fácil porque los primeros Malbec maduran cuando ya está maduro el Viognier".

Y que me parecieron los vinos? El 2004 me gustó mucho, con un bouquet expresivo y la fruta muy presente. Fue una cosecha que tuvo clima cálido y se atrasó una semana. Se obtuvieron niveles de madurez muy parejos, sin problemas de lluvias excesivas, helada o granizo, resultando vinos de gran intensidad aromática, sólida estructura y taninos sedosos. Resultó una excelente cosecha en las zonas de clima frío, como en este viñedo “Adrianna”, de Gualtallary.

El 2006 con un particular aroma a curry que sería su marca particular y distintiva. Durante el invierno 2005 hubo grandes nevadas en los Andes, lo cual se tradujo en abundante agua de riego para los viñedos. Este factor, junto al clima benévolo, favoreció una brotación óptima, con altos rendimientos. En los viñedos de Catena, se ralearon racimos para obtener rendimientos más bajos. Resultaron vinos aromáticos, de taninos suaves.

En el 2009 me sorprendió un aroma a rosas (que a muchos de los presentes les encantó y no tanto a mi) y con un leve especiado. Esa cosecha tuvo temperaturas moderadas con abundantes lluvias durante la primavera. Esto favoreció el desarrollo de canopias saludables y un óptimo cuaje de los frutos.

El 2011 me impresionó franco y directo, sabroso, resultado de un clima frío y seco, que atrasó la cosecha entre 2 a 3 semanas. Los rendimientos de la cosecha 2011 fueron moderados, y muy bajos en las zonas afectadas heladas. Vinos de excepcional balance y concentración. Acidez óptima.

El 2013 intensamente frutado, tanto en nariz como en boca y con un leve amargor final. Esa cosecha 2013 se caracterizó por un clima muy favorable durante la brotación y rendimientos normales. El clima fresco y las noches, aún más frescas, del verano y otoño, favorecieron la obtención de vinos con una acidez más elevada de lo normal, intensos aromas y taninos suaves y aterciopelados, debido a la prolongación del tiempo de colgado de los racimos. 

Mis preferidos los dos más viejitos: el 2004 y el 2006. Pero todos con una columna vertebral muy identificable, lo que uno espera de una línea de vinos, la D.V. Catena que ha logrado posicionarse entre las más prestigiosas de la Argentina.


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