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lunes, 30 de julio de 2018

Carmelo Patti, una bodega con nombre y apellido.


Me gustan las bodegas que tienen nombre y apellido. Me refiero a que significa algo que el hacedor de un vino ponga como respaldo su nombre en la etiqueta, y más aún cuando tenemos la enorme fortuna de conocerlo y saber que no lo hace por su ego, sino todo lo contrario, porque Carmelo es pura humildad, a tal punto que cuando llegamos a la bodega lo encontramos al comando del autoelevador, a punto de cargar las cajas de vino en el camión que las llevaría luego para su comercialización.


Carmelo Patti estudió enología en la Escuela Técnica Pouget y empezó a trabajar como enólogo a los 19 años (1971), primero en pequeñas bodegas, para luego ingresar a Nieto Senetiner, en la época que la bodega pertenecía a Pérez Cuesta. Recuerda varias anécdotas de esa época, que lo ayudaron a forjar su carácter teniendo muchas veces que tomar decisiones que lo enfrentaron al dueño, pero en las que al final demostraba tener razón.

Quizá estas situaciones hayan sido el factor que lo impulsó a seguir su propio camino, porque en el año 1989 (justo el año en que Argentina sufrió una histórica hiper inflación) se larga a elaborar sus propios vinos, comenzando con apenas 7.500 botellas, siendo el primero un Cabernet Sauvignon 1989 del que guardó 36 botellas. Terrible debut, que obtuvo Medalla de Oro en el Challenge Mundial de Vinos de Francia. 


Cuando compró su actual bodega la misma tenía una capacidad de un millón de litros, pero tuvo que usar dos piletas para establecer allí las salas de barricas, reduciéndose la capacidad a 750 mil litros. “En este tipo de bodegas pequeñas hay que enfocarse en pocos vinos”, pone en claro, ya que la actual producción llega apenas a 58 mil botellas. Y asegura producirlos en forma totalmente natural, con el mínimo agregado de sulfitos, clarificándolos con clara de huevo y bentonita.



“Lo importante es la cosecha, cuando no hay uva buena no se hace el vino”.
En Perdriel posee una finca de doce hectáreas (diez de ellas plantadas) que se suman a otras tres hectáreas en Mayor Drummond. Se apena de que esta zona de Luján de Cuyo, “la tierra del Malbec, donde el mismo se destaca por la elegancia que da”, esté siendo arrasada por el negocio inmobiliario, con barrios que van cubriendo la zona a expensas de las viñas, y se estén quedando sin Malbec. Y no solo es eso, la urbanización afecta las viñas que quedan, porque hasta se tapan acequias.

Carmelo está en todas las etapas del proceso. “Vengo a la mañana y me voy a las 7 u 8 de la tarde”, pero también nos cuenta que no está solo, que lo acompaña su familia: su hija menor es enóloga y está formándose en el Laboratorio de la Bodega Luigi Bosca, lo cual a Carmelo le gusta; porque así experimenta las obligaciones propias de estar en relación de dependencia. Su hija mayor también trabaja en la bodega y su nieto de 18 años colabora con Carmelo en todas las tareas, “hacemos los cortes, clarificamos, el vino queda ahí tres meses, y se controlan las botellas una por una antes de etiquetar.

Para Carmelo los detalles son importantes y lo clásico también, utiliza corchos de España y Portugal, y ya hace años innovó con decisiones acerca del método de tapado, dejando la botella parada durante 20 días para favorecer la expansión del corcho y diseñando para ello una caja cuadrada de 16 botellas (4x4) en la cual las mismas se colocan boca abajo, luego de esos 20 días.

Otro detalle es que le pone a la etiqueta la fecha de embotellado, y asegura que brindar esa información lo llevó bien lejos, “porque la gente que repite, busca el mismo vino”, afirma.

Dice que exportó y exporta a muchos países del mundo (hasta Tailandia) y sin necesidad de hacer publicidad. Que realizó 186 giras y que en países que aún conocían poco acerca del vino se esforzó por hablar del vino en general y no de sus propios vinos, y también por destacar los beneficios de la guarda. Para ello llevó Cabernet Sauvignon envasados con distinto tiempo de botella, desde recién envasado hasta cinco años de guarda. Empezaba sirviendo el más joven y la gente le decía que "estaba muy bueno", pero que cuando probaban el más viejo, directamente se volvían locos.

Por eso, hoy está comercializando, de su Cabernet Sauvignon, la cosecha 2008; porque para él esta cepa necesita un mínimo de 6 a 8 años de guarda para llegar a su máxima expresión. "El Malbec quizá necesita menos", expresa, "¡apenas cuatro a cinco años!"Todos sus vinos pasan un mínimo de un año en barrica.



Cuenta con orgullo que el crítico español Luis Gutierrez (que evalúa los vinos de Argentina para Robert Parker / The Wine Advocate) le preguntó: 

- ¿Por qué Usted hace los vinos al estilo del viejo mundo?. Y él le contestó: 
- “Porque es lo correcto”. 
Entonces Gutierrez le pidió el más viejo que tuviera, Carmelo le sirvió un 2002... y el crítico le contestó: 
- ¡Siga así, no cambie!
- ¿No es que me tengo que “modernizar” ?, fue la respuesta final de Carmelo Patti, quien destaca también que en el año 2012 el crítico chileno Patricio Tapia (que en general valora mucho los vinos frescos al estilo nuevo mundo) señaló en la Guía Descorchados al Malbec de Carmelo Patti como el mejor tinto argentino.

En la recorrida por la bodega pudimos observar cómo todo se hace de manera artesanal, escritos de su propia mano y en cuadernos de papel, el control de la producción, fermentando en las mismas piletas de material originales de 1945 (fue originalmente Bodegas y Viñedos Ladar Bod) se hacen los vinos, sin “tecnología”, sin prestar atención alguna a la estética (quizá en orden de realizar una crítica constructiva podríamos sugerir mejorar el orden y limpieza general), y enfocándose ciento por ciento en el vino.



Y del vino, ¿qué podemos decir? De la mano de Carmelo, que pipeta en mano fue sacando muestras de los piletones, fuimos catando los vinos que tenían apenas dos o tres meses de fermentados y la sorpresa fue... ¡enorme! En ese mismo viaje habíamos recorrido más de quince bodegas y en todas catado los vinos directamente de tanque, pero lo que nos pasó con los de Patti fue increíble. Normalmente uno cata los vinos de tanque y los encuentra aún “verdes”, debiendo proyectar (tal lo hacen los enólogos) como van a evolucionar mientras se redondean hasta su embotellado. El estupor aquí fue que los vinos ya estaban “terminados”, impecables. Le decíamos a Carmelo: ¡esto ya está!, y nos contestaba, que no, que todavía les falta...



Malbec 2018 (de pileta).
Frambuesa es la nota destacada, redondo... ¡le pego unos remontajes increíbles!, dijo Carmelo.

Cabernet Sauvignon 2018 (de barrica)
Sin dudas, el mejor vino cosecha 2018 que probamos en nuestra gira.

Cabernet Franc 2018
Con una fermentación de 18 días, de una viña de 67 años.

Cabernet Franc 2007 (de barrica)
Son ocho barricas, que cada año se renueva una (solo 1/8 pasa por barrica nueva).

Asamblage Blend 2017 (de barrica)
Este blend viene a ser su vino icono, y entre 2011 y 2014 no lo elaboró porque las uvas no estaban como a él le gustan. Desde 2015 le agrega Petit Verdot.




Malbec 2013
Un vino al que Descorchados distinguió con 98 puntos, pero que ya encontré muy evolucionado para su edad.

Cabernet 2008
Gran exponente de esta cepa, en boca se mantiene presente la fruta.

Gran Assamblage 2008
Cabernet Sauvignon 47%, Malbec 25%, Merlot 19% y Cabernet Franc 9%, hermosísimo blend.

Para el final quiero agradecer a Carmelo por habernos recibido tan gentilmente y a los participantes del grupo que conformó la primera visita de un grupo de enófilos organizada en Mendoza por El Ángel del Vino:

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