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jueves, 10 de enero de 2019

Weinert Bodega & Cavas: paciencia y estilo.


Hace unos meses Argentina Wine Bloggers fue invitada a degustar en exclusiva los vinos de Weinert Bodega & Cavas, bodega que pionera en vinos de alta gama de la Argentina, que tiene el plus de haber sido fundada por un brasileño de origen alemán: Bernardo Weinert.

La historia es así: Weinert en 1975 tenía una gran empresa de transporte que operaba en Sudamérica y acostumbraba a transportar mucho vino chileno hacia Brasil. En el camino pasaban por Mendoza, donde llegó a apreciar los vinos mendocinos. Bernardo solía comprarlos para hacer regalos corporativos.

Entonces se le ocurre importar por sí mismo vinos argentinos a Brasil, y le presenta la idea a las familias bodegueras más importantes en ese momento, pero la respuesta se repetía: "no tenemos excedentes para exportar". Es que el mercado interno en los 70 era una aspiradora que consumía todo: mucho volumen, pero poca calidad. En esa época en Brasil se consumía apenas un litro anual per cápita, mientras que en la Argentina el consumo orillaba los 90 litros per cápita.

Sin embargo, Weinert estaba convencido que Argentina tenía potencial para vinos de calidad exportable y se mandó solo. Bueno, no tan solo, consiguió el inestimable apoyo de uno de los enólogos legendarios de la historia vitivinícola Argentina: Don Raúl de la Mota, a quien había conocido en una charla con Flichman.

Es así que en 1975 adquiere una antigua bodega del año 1890 de arquitectura neoclásica española que había sido construida por la familia Otero -quienes la tuvieron hasta 1960- y luego pasado a la familia Rosell que hacían grapa en la bodega en ese entonces (del padre el enólogo Pedro Rosell, famoso por los espumantes, a cargo actualmente de Cruzat). En 1955 los Rosell dejan la actividad y la bodega queda inactiva hasta que Weinert la compra, desoyendo la opinión de Raúl De la Mota que le decía que la bodega era “un perno”. 
Origen foto  http://www.bodegaweinert.com
Pero nada detuvo a Bernardo Weinert, tenía claro lo que deseaba:
“Quiero hacer vinos capaces de competir con los mejores vinos del mundo, los de Burdeos”.
Tuvieron que reconstruir la bodega y en 1977 llegaron a la primera cosecha con los albañiles aun trabajando. Se transformaron las grandes piletas de dos millones de litros a piletas de menor volumen, de cinco, diez, quince y hasta ochenta mil litros, para poder hacer vinificaciones por varietal, lo que en esa época en esa industria era “ilógico”. Ya en 1977 empiezan la producción de varietales.

El objetivo era dar a los vinos crianzas largas, para lo cual aprovecha a comprar los grandes toneles de roble que estaban vendiendo las bodegas Giol y El Globo. Hoy en la bodega hay foudres de 2.500 y 3.000 litros y dos tipos de toneles, siendo el más grande de ellos de 44 mil litros.

Toda la cava de la bodega se encuentra a 15 metros de profundidad y apenas adquirida se comenzó a construir una cava más, respetando la misma arquitectura.

Siendo que en esa época se cosechaban en enero los blancos y en febrero los tintos, la primera cosecha de uvas para el luego famoso Weinert Estrella se realizó en la primera semana de abril, porque la bodega no estaba lista aun para recibir la uva.

El proceso de elaboración siempre contó con crianzas largas de 2 a 3 años como mínimo en los grandes toneles. Se hacían separadamente por varietal y luego se armaban los cortes.

En 1996 se suma el enólogo suizo Hubert Weber, quien contaba con apenas 26 años y atraído luego de haber probado el Cavas de Weinert 1985, se vino a Mendoza sin hablar una palabra de español, a hacer una pasantía. Don Raúl de la Mota, que ya tenía 85 años, y se había ido a trabajar a Terrazas de los Andes, lo conoce y opina que “puede andar”. Weber se casó con una chica mendocina que hablaba alemán y se radicó en Mendoza, siendo desde 1997 el primer enólogo de la bodega.

Weinert tiene el orgullo de creer que hay que mantener una filosofía y por ello desde los inicios apenas si se cambió alguna política de mantenimiento de los toneles, ¡muchos son aun de esa época!, pero manteniendo el rumbo enológico a la manera de Bordeaux, con su propia personalidad y estilo.

Quien nos contó esta historia antes de pasar degustar los vinos (próxima nota) fue Iduna Weinert, la hija de Bernardo, afirmando que en la bodega hay añejándose vinos que van desde 2004 hasta 2018 y que “nuestro gran diferencial es el estilo de los vinos”.



Así que no esperen grandes modernizaciones o cambios (bienvenido que no todo se modernice en el estilo de nuestros vinos), salvo en el packaging, habiéndose relanzado con nueva imagen, nuevas etiquetas, que igualmente reflejan la historia de la bodega.

La bodega se enfocó durante muchos años hacia la exportación (uno de sus mejores mercados de Weinert es Noruega a donde exportan 90 mil botellas), pero como muchas otras bodegas clásicamente exportadoras, por estos tiempos comienzan a intentar volver a sumarse a un mercado local que ya se ha volcado decididamente hacia los vinos de calidad.

Elaboran 1,33 millones de litros y los más impresionante es saber que todos los vinos pasan por algunos de los doscientos treinta y tres, ¡sí 233! toneles. No dejen de probar estos vinos de paciencia y estilo.

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