Bodega Los Toneles
Una visita con arte e historia
Visité la bodega en el año 2016 y escribí una nota contando su historia original, que abarca desde 1922 hasta fines de los '90, cuando dejó de funcionar. En el año 2002 las instalaciones en desuso son adquiridas por la familia Millán, propietarios de la importante cadena mendocina de supermercados Átomo, quienes pusieron en marcha un plan de restauración integral que duró más de 15 años, decidiendo cambiar el destino para el cual la compraron y recuperándolas para su función original.
Es que habían planeado establecer allí un centro de distribución de Átomo pero, por suerte, terminaron poniendo en funcionamiento nuevamente la bodega y agregando además un ambicioso proyecto enoturístico, que hoy se muestra en todo su esplendor y ha sido declarado patrimonio cultural de Mendoza.
La bodega era muy grande, bien al estilo de aquellas de los años 60, en las cuales se producían enormes volúmenes de vino que era ávidamente consumido por los argentinos de esa época. Es historia conocida que todo eso cambió y el consumo de vino bajó de 90 a menos de 20 litros per cápita, lo cual provocó una crisis que dejó en el abandono muchas instalaciones de estas grandes y gloriosas bodegas, que en aquellos tiempos eran se hacían bajo una arquitectura magnífica, con inspiración en templos o catedrales del vino.
Por suerte en este caso, gran parte de ello ha sido recuperado. La bodega ha vuelto a ser puesta en funcionamiento y sus vinos se encuentran disponibles en la enorme mayoría de las góndolas de toda la Argentina y también para la exportación. Pero más allá del vino, es importante destacar la recuperación de las instalaciones y el enfoque hacia el turismo de Bodega Los Toneles, siendo actualmente un lugar imprescindible para visitar en un viaje a Mendoza, tanto por su arquitectura histórica, como por la calidez en la ambientación y atención.
Realmente las instalaciones han sido restauradas en todo su antiguo esplendor y apenas ingresar y bajarse del auto en el estacionamiento privado, llama a la atención la gran torre, bajo cuyo arco se debe pasar caminando para acceder a la bodega.
A la derecha, la bodega, y a la izquierda el restaurante y un salón anexo en el cual se inician las visitas guiadas de una hora de duración (martes a sábados: 12, 14, 16, 18 y 20 hs).
Al comenzar, el guía acerca una copa a cada visitante (hay dos opciones de distinto precio) y, ya saboreando un buen Malbec se recibe una explicación sobre lo que fueron las épocas de esplendor de la industria del vino, que dieron lugar a esta bodega, su posterior ocaso y el renacer que hoy estamos vislumbrando.
Inmediatamente se invita a descender a un sótano, en el cual sorprenden los frentes de los toneles intervenidos por un artista local. Realmente, cada uno merece una apreciación detallada por las imágenes de las dieciocho ninfas del vino, que embellecen la cava, pintadas sobre las tapas de toneles que datan de 1922 y aún se encuentran en funcionamiento.
Luego comienza la parte técnica de la visita, recorriendo cada una de las etapas necesarias para confeccionar un vino: desde la recepción de las uvas, el despalillado, las prensas y las grandes piletas de hormigón donde se depositan los vinos ya fermentados.
Una linda propuesta es que, a esta altura del recorrido, cada visitante es invitado a volver a llenar la copa, extrayendo personalmente el vino abriendo el grifo de la pileta.
Luego se ingresa en la enorme sala de barricas, que además ha sido convertida en un gran salón de eventos, muy importante para la provincia.
El cierre de la visita nos vuelve a enfrentar a las obras de arte, en el sector de la antigua casa familiar, convertido desde el año 2019 en una galería de arte denominada "La Casona". Melisa Millán, artista plástica y diseñadora, dirige y realiza los trabajos de curaduría y vernissages.
El público puede recorrer las salas e incluso se invita, a quien se anime, a tocar un bello piano de cola, mientras se vuelve a completar la copa con otro vino de la bodega. La Casona tiene entrada libre y gratuita de 11 a 18 horas, de martes a sábados.
La visita finaliza en la sala de ventas, donde cada uno puede adquirir no sólo los vinos sino también alguno de los excelentes aceites de oliva o aceto balsámico de Olivicola Laur, la prestigiosa fabrica de aceites que también forma parte de los activos de la familia.
El complejo, además, cuenta con tres salones para eventos: el salón magno, ubicado en el corazón de la bodega, que conjuga toda la historia y tradición del sigo XX, época de fundación de la misma. El salón Barceló, uno de los espacios más modernos y restaurados, con elegante ambientación, ideal para eventos corporativos y el atrio, que posee espectaculares vistas a la bodega.
El cierre ideal es, por supuesto, dirigirse luego al restaurante Abrasado cuyo nombre es un juego de palabras entre un abrazo y las brasas que dan calor a los fuegos, experiencia que te contamos en la siguiente nota.




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