¿Decantar o no? esa es la cuestión
El arte de decantar: cuándo tiene sentido y cuándo no
Siempre, en algún momento, a medida que uno se va metiendo en el mundo del vino, aparece la pregunta: ¿decantar o no decantar?
Y cuando alguien que recién empieza la formula, suele esperar una respuesta clara, casi binaria: cuándo sí y cuándo no. Pero la realidad es bastante menos precisa. La mayoría de las veces, la respuesta es, como mínimo, incierta.
Es que incluso entre los conocedores -profesionales o enófilos- no hay consenso total sobre la necesidad o la utilidad de la decantación antes de servir el vino. Entonces, la duda persiste: ¿cuándo conviene decantar?, ¿qué vinos realmente se benefician?, ¿o termina siendo una cuestión más ligada al gusto personal o a la puesta en escena?
Lo cierto es que no es tan habitual ver vinos decantados. En mi caso, lo hice pocas veces, y en catas o eventos suele ser más bien una rareza. Y no necesariamente porque los vinos no lo ameriten. Una botella encierra mucho más de lo que parece: un viñedo, un clima, decisiones enológicas y el paso del tiempo. A veces, ese simple gesto de decantar puede ayudar a que todo eso aparezca con más claridad, permitiendo que el vino se exprese mejor.
Un decantador no es solo un recipiente: puede funcionar como una herramienta que acelera o facilita esa expresión. Al poner el vino en contacto con el oxígeno, pueden abrirse aromas, aflojarse taninos y aparecer matices del bouquet de un vino, que en la copa tardarían bastante más en manifestarse, conviertiendo cada sorbo en una experiencia inolvidable.
Y tampoco hace falta pensar únicamente en vinos tintos viejos, de más de 10 años, donde la decantación suele asociarse a separar sedimentos y airear con cuidado después de un largo reposo en botella. También hay lugar para decantar vinos jóvenes, cargados de energía, donde la aireación puede volverlos más accesibles y redondos. No es lo más habitual, pero muchos tintos jóvenes también salen ganando.
De hecho, en vinos de menos de 10 años, la decantación puede ayudar a abrir el abanico aromático y sumar complejidad. Parte de esto tiene que ver con la liberación del dióxido de carbono -presente desde la fermentación alcohólica- y con cómo el contacto con el oxígeno va “acomodando” el vino, permitiendo que se exprese más rápido.
¿Qué vinos se decantan?
Según Riedel, uno de los fabricantes más reconocidos de decantadores, la idea de que solo los tintos se benefician es bastante limitada. La clave no está tanto en el color, sino en la edad y en la estructura del vino.
En términos simples, cualquier vino que pueda evolucionar con el tiempo puede beneficiarse de una oxigenación controlada. Eso incluye tintos, blancos e incluso espumosos. En los tintos, la decantación suele ayudar a integrar los taninos; en general, los vinos muestran más expresión y amplitud en boca.
¿Cómo decantar?
Acá hay dos enfoques, según el tipo de vino.
En vinos maduros, el proceso tiene que ser cuidadoso. Con los años, los vinos se vuelven más frágiles, y una oxigenación excesiva puede hacer que pierdan rápidamente sus rasgos más delicados. En estos casos, conviene volcar el vino lentamente, evitando que los sedimentos pasen al decantador, y dejando que el líquido se deslice suavemente por sus paredes para que se airee gradualmente.
En cambio, con vinos jóvenes se puede ser mucho más enérgico. La idea es favorecer al máximo el contacto con el aire: se puede volcar con más fuerza, incluso buscando que el vino salpique vigorosamente dentro del decanter, idealmente produciendo una espuma espesa y espumosa. Esa aireación ayuda a que se abra más rápido.
¿Cuánto tiempo se debe decantar un vino antes de beberlo?
No hay una única respuesta. Depende del vino, de su estructura y de su momento.
Como regla general: cuanto más viejo es el vino, menos tiempo necesita. Un vino añejo puede beneficiarse de un tiempo breve -alrededor de una hora-, pero conviene no exagerar: una oxigenación prolongada puede hacer que pierda sus notas más finas, quemando sus caracteres más ligeros (típicamente frutales y florales),
En cambio, un vino joven suele agradecer más tiempo: algunas horas pueden marcar una diferencia clara. También existen decanters con sistemas de aireación que actúan mientras se sirve el vino, acelerando ese proceso. El tema es que cuando descorchamos vinos jóvenes generalmente no estamos pensando en decantarlos.
¿Cómo elegir un decanter?
Acá el factor clave es bastante práctico: el presupuesto y el uso real que se le va a dar.
La mejor elección suele ser la más simple: un decantador fácil de usar, de limpiar y de guardar. Si no, termina pasando lo de siempre: se usa poco, se junta polvo y cada vez que se quiere usar hay que limpiarlo de cero.
El diseño también juega su parte. Un modelo simple puede servir tanto para vinos jóvenes como para vinos añejos. Los más vistosos o complejos, en cambio, suelen estar pensados para favorecer la aireación intensa y, además, sumar impacto en la mesa.
Porque, más allá de lo técnico, hay algo que no se puede negar: la decantación también tiene su lado escénico. Algunos decanters combinan muy bien funcionalidad con diseño, y terminan aportando un pequeño ritual que hace todavía más disfrutable el momento del vino.
Espero que te haya servido este nuevo capítulo de ABC del Vino by El ángel del Vino: Pequeños consejos que te ayudan a entender mejor cada aspecto y tener una gran experiencia con el vino.
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