Visitando las entrañas del Viñedo Adrianna
Historia de un viaje relámpago al olimpo de Catena Zapata
El lanzamiento de una nueva añada de Saint Felicien Rosé fue la ocasión para que Catena Zapata nos invitara a conocerlo y disfrutarlo, en el mismísimo viñedo Adrianna.
Con una semana de anticipación recibí un mensaje: "Estamos armando un viaje relámpago para presentar el Saint Felicien Rosé, ¿cuento contigo?". Reacomodar la agenda a último momento se hace con placer cuando el premio es volver a Mendoza y ver los viñedos en su etapa de despertar, luego de un frío invierno, desplegando tiernos brotes que hay que cuidar mucho de las heladas tardías.
La Argentina pasa por tiempos turbulentos en lo económico, con asimetrías que obligan a las empresas a comprender e interpretar con mucho cuidado hacia dónde dirigir sus esfuerzos operacionales y de marketing. La industria del vino, desde hace muchos años, entendió que el camino del éxito había dejado de ser el volumen para enfocarse en la calidad, la diferenciación, el terroir y también, hacia pequeños nichos glamorosos, que no sólo pueden ser buenos negocios, sino que también ayudar a forjar una imagen y posicionar sus marcas.
Luego del avión, la visita comenzó con un viaje de casi dos horas desde el aeropuerto de Mendoza hasta la localidad del este mendocino de El Mirador, pasando Rivadavia, donde la familia Catena Zapata posee desde hace muchos años una finca a la que llaman "la casa de la vendimia", en la cual solían pasar parte del verano.
Nos alojamos allí, porque la antigua y señorial casa ha sido ampliada y reformada y actualmente se utiliza también para recibir visitas del trade y la prensa. Esa noche, cenamos y fuimos rápido a descansar, dado que la mañana siguiente saldríamos bien temprano hacia el Viñedo Adrianna en Gualtallary.
Entre los primeros está el doctor Nicolás Catena, seguramente uno de los que, con mayor anticipación, vislumbraron un futuro hoy hecho realidad que demandaba orientarse principalmente a las gamas de vinos medias y altas, a la vez que poner el foco en la exportación.
Actualmente Catena Zapata ocupa el podio entre las empresas más exitosas en la industria argentina del vino y eso, que es para ellos un orgullo, a la vez les genera la obligación de mantenerse muy activos para consolidar ese liderazgo ante otras pujantes bodegas que se destacan en el mercado local e internacional.
Por eso, el lanzamiento de una nueva añada de uno de los productos distinguidos de Saint Felicien como lo es su vino rosado, no puede limitarse tan sólo a la puesta de sus escasas dos mil cajas en las vinotecas. Pasa a ser un acontecimiento que se festeja, en este caso con la llegada a Mendoza de un grupo de propietarios de vinotecas y distribuidores y un par de periodistas afortunados para contarlo.
La segunda conclusión que nos dejó el largo trayecto desde Rivadavia hasta Gualtallary fue la bastedad. Bastedad de viñedos y de campos incultos potencialmente convertibles en viñedos si no fuera porque no hay suficiente agua para regarlos, el factor limitante. En una combi, y con una conductora muy prudente al volante, nos llevó más de dos horas de recorrido desde las zonas que dieron inicio a la viticultura en Mendoza para llegar al viñedo Adrianna en el Valle de Uco, una de las zonas más recientes de esa misma historia.
Viñedo Adrianna
Al llegar, observamos una pick up roja estacionada al lado de la lápida que identifica el lugar donde está ubicada la calicata de la parcela White Bones. Listos, con copas para todos los visitantes y botellas de algunos de los vinos más relevantes de esta última generación en Catena Zapata preparadas, para ofrecernos una experiencia de esas que quedan impregnadas en los sentidos y en las emociones, estaban los ingenieros Florencia Abraham, reciente incorporación en el equipo de agronomía y Federico Guzzo, quien está a cargo del viñedo y trabaja en Catena desde hace 13 años.
Lo primero que nos contaron fue que el primer cuartel en esta zona fue plantado, en una arriesgada decisión del Dr. Nicolás Catena debido a la poca experiencia a tanta altura en esos momentos, a principios de los 90' con Chardonnay, Pinot Noir y Merlot. Este último se acaba de arrancar para ser reemplazado por Pinot Noir el año próximo y se observa en primer plano en la foto.
Conociendo a fondo los suelos de Adrianna
A una altura de 1.480 metros sobre el nivel del mar una pequeña llovizna puede resultar bastante incómoda, pero a nosotros lo único que nos molestaba era que las nubes ocultaban la gloriosa cordillera.
A priori, la perspectiva de ir a ver pozos profundos que se realizan entre las hileras de un viñedo, para poder analizar los suelos, su composición y la penetración y vigor de las raíces, puede parecer aburrida. Y seguro lo sería si no fuera por las explicaciones que nos brindaron al observarlos en detalle y las conclusiones posteriores a las mismas.
Adrianna Vineyard White Bones y White Stones Chardonnay
Los Chardonnay White Bones y White Stones del viñedo Adrianna fueron lanzados por primera vez al mercado en el año 2012, luego de varios años de experimentación y parcelización, que originalmente se hizo realizando micro vinificaciones entre 2003 y 2009.
Las dos hectáreas elegidas para el White Bones están ubicadas a 1.400 msnm, al Este de la parcela del Stones, y cuenta con un suelo donde aparecen primero unos 40 a 50 cm de sedimentos (llamados "loess" en inglés: acumulación de grano fino de partículas de arcilla y limo que han sido depositadas por el viento) ubicados sobre una capa de unos 10 cm de calcáreo (o caliche, como también se suele llamar) y, a partir de allí, todo son piedras. Esos sedimentos logran acumular materia orgánica y le dan vigor al viñedo.
La gran diferencia en la calicata del White Stones es que prácticamente no tiene "loess" y las viñas crecen directo sobre las piedras, por lo que sus raíces son muy débiles y finitas, presentando las plantas muy poco vigor.
Por eso, al catar el White Bones, se acentúan finas notas cítricas o a frutos blancos, siendo en boca más corpulento, pero a la vez distinguido, con notas herbales, como si tuviera orégano y una acidez muy equilibrada: el Chardonnay en su mejor expresión.
Mientras que el White Stones se presenta más austero en nariz, con aromas delicados, notas minerales y a flores blancas, destacándose su mayor acidez refrescante y un persistente final. Te puede gustar más uno u otro, pero sin dudas son dos de los mejores Chardonnay argentinos.
Adrianna Vineyard River Malbec 2019
Esta parcela se encuentra pegada a las lomas del Jaboncillo y presenta mayor proporción de calcáreo porque fue menos lavada por el cercano río Las Tunas. La calicata muestra una delgada capa de sedimentos que fluctúa entre 10 y 15 cm; luego unos 5 a 10 cm de caliche y, más abajo, una acumulación en profundidad de piedras grandes.
De allí sale este Malbec clásico de zona fría, pero corpulento uy complejo, con una nota de dulzura bien equilibrada y frutas rojas y negras bien balanceadas. Riquísimo.
Adrianna Vineyard Fortuna Terrae Malbec 2019
Ubicado en también en el lote 6 (el mismo del River, la parcela adyacente hacia el sur), son cinco hectáreas donde el suelo asoma con gran cantidad de pastos nativos que previenen la erosión, haciéndolo profundo.
Pura arcilla y arena, sin piedras en su primer metro de profundidad; lo que permite a la planta el desarrollo de raíces gruesas y otorga un vino aromático y elegante, de taninos redondos.
Adrianna Vineyard Mundus Bacillus Terrae Malbec 2019
En el lote 3 se seleccionaron 1,4 hectáreas con suelos compuestos por capas calcáreas que proporcionan un buen drenaje y son ricas en rizo bacterias, microorganismos que ayudan a la raíz de la vid a soportar el stress y absorber las nutrientes. De allí, el término “mundus bacillus terrae”.
Es un vino muy complejo, que en nariz presenta notas a cassis y confitadas, quizá en el que más se nota el paso por roble y el que más lo necesite. En boca, los taninos tienen más agarre, la acidez es más marcada y un leve dejo de amargor que indica que aún es mejor dejarlo disfrutar de su gran potencial de guarda. Excelente.
La visita continuó llegando al mirador, una construcción de piedra que recibe ese nombre porque permite observar -con buena perspectiva- ese pequeño viñedo de 13 hectáreas que Nicolás Catena se animó a plantar contra todos los pronósticos en una zona tan alta y fría, y que dio origen al gran desarrollo posterior del viñedo Adrianna que hoy supera las 100 hectáreas.
Allí probamos de nuevo los vinos, pero de manera más relajada, con vista a los viñedos que dieron comienzo a esta historia. Luego seguimos hasta "la bodeguita", ubicada en lo más alto de la finca, en el sector del Chateau Laura, donde nos esperaban con un rico asado para acompañar lo que aún quedaba de los vinos y cerrar la jornada brindando con el Saint Felicien Rosé 2022, la excusa de todo este increíble viaje y que, como tal, merece una nota aparte.
Mucho se ha hecho en este viñedo único, pero aún queda por hacer, y cada vez con mayor nivel de precisión y detalle. La nueva plantación que se está realizando es directamente sobre el cerro, en una pendiente que tiene mucho carbonato de calcio, mezclado con material volcánico blanco, tan escarpada, que fue necesario preparar el viñedo en forma de terrazas.
Es momento de retomar los escritos de Guillermo Corona: "las sierras constituyen un desafío vitivinícola desde el punto de vista de la caracterización y delimitación de terroirs. Aun no se ha aprovechado el hecho de que afloren franjas rocosas de geologías muy diferentes entre sí. En un tramo de no más de 300 metros se puede pasar de una arenisca eólica a cenizas volcánicas o conglomerados. Eso significa que, si se plantara en cada geología y se observan las variaciones, se podrían obtener en un mismo lugar y en un mismo clima diferentes expresiones vínicas debido mayormente a la geología. Si a ello se le suman las otras variables mencionadas, las combinaciones son (casi) infinitas. Las sierras tienen apenas 84 km2 y apenas 210 ha cultivadas en sectores donde las formaciones terciarias han sido erosionadas y redepositadas, pero la expansión vitícola del sector es importante desde hace pocos años y los indicios señalan que se acelerará en la próxima década. De momento están casi vírgenes. El lugar invita a experimentar y a ser transformado en un laboratorio vitícola a cielo abierto". Orgullo debe sentir la familia Catena de haber sido precursores en un lugar así.
Y ahora, conducidos por Laura Catena y de la mano de Alejandro Vigil, Luis Reginato, Fernando Buscema, Ernesto Bajda, Roy Urvieta y sus equipos técnicos, la bodega continúa desarrollando la nueva aventura: con plantas de Semillón y Malbec desarrolladas en gobelet, para ir en busca de las nuevas joyas de este increíble viñedo ubicado al pie de la Cordillera de los Andes.
Solo es cuestión de tiempo, porque el expertise y la voluntad de Catena Zapata y su gran equipo técnico ya están en ello.
Catena Institute of Wine, donde la ciencia examina la vitivinicultura
Catena Institute of Wine, el futuro de Catena Zapata

.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)

.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)



.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)



No hay comentarios:
Publicar un comentario
Cuando dejas tus comentarios nos ayudas!