El vino apasiona en Italia
Cultura vínica al alcance de todos
Hacia bastante que no visitaba Italia y, además, esta vez fue la ocasión en que más tiempo estuve y pude recorrer varias ciudades, incluyendo recorridos en tren y unos 1.400 kilómetros en auto, que me permitieron transitar seis de sus regiones: Véneto, Liguria, Toscana, Umbría, Lacio y Campania.
Y si hay algo que encontré en común entre todas ellas, además de las pastas, la pizza y los italianos, fue el vino. Porque el vino forma parte de la esencia de los italianos y está presente en todo y en todos lados. No fue para mí una sorpresa, obviamente, Italia es, junto a Francia y España, uno de los tres países con mayor volumen de producción del mundo, a lo que suma una historia rica en tradiciones y cultura que ponen el vino de relieve.
Sin pretender convertir esta nota en una clase de historia, vale decir que el vino en Italia comienza por influencia griega, cuando el pueblo de Enotria cuyo nombre proviene de la palabra "oignos" (que en griego significa vino) se asentó en la actual zona sur de Italia (Calabria, Basilicata) trayendo consigo su experto manejo de la vid y elaboración del vino.
Pero cuando indudablemente el vino toma un enorme protagonismo es la época del imperio romano, llegando a ser parte indisoluble de su cultura y, ¿Por qué no? de sus creencias. Tanto es así que hasta tenían un Dios del vino llamado Baco, cuya figura aparece repetidamente en las esculturas de mármol que tanto nos asombraron en nuestras visitas a la Galería Uffizi en Florencia y en los Museos Vaticanos.
El vino, las uvas o la vid suelen formar parte de muchas de las banderas y escudos de ciudades, comunas y regiones italianas, como puede verse en el siguiente escudo de la localidad de Riomaggiore, en las Cinque Terre (Liguria). Se trata de un lugar mágico, pegado al mar, de cuyos vinos Boccaccio escribió en el Decamerón: “Luego en un mantel muy blanco le trajo dos rebanadas de pan tostado y un vaso grande de Vernaccia di Corniglia”.
Recorriendo la zona, de bellos paisajes y pequeños pueblitos costeros recostados sobre la montaña, se pueden observar las terrazas esculpidas a mano durante siglos para facilitar el cultivo, que albergan una sucesión interminable de árboles cítricos y diminutos viñedos. Es fácil darse cuenta la importancia del vino que se elabora desde el siglo IV antes de Cristo en la región.
"Todos los habitantes son iguales cuando es septiembre. Cada casa tiene una bodega, cada bodega una prensa, una cuba y todos saben hacer el vino".
Tan escarpadas son las terrazas donde plantan los viñedos que deben, para poder trabajar la viña y cosechar las uvas armar el tipo de aparatos que se ve en la foto de arriba.
También grande fue nuestra sorpresa al descubrir en el corso del imponente y precioso carnaval de Viareggio (que este año cumplió su edición n° 150), que una de las enormes carrozas estaba dedicada por entero a la temática del vino.
Cuando circulas por las rutas italianas es raro que pasar un tiempo de marcha sin ver un viñedo, por aquí o por allá, muchos de ellos pequeños, artesanales y adorables, que para el aficionado al vino son una tentación para las fotos.
Las suaves colinas de la Toscana se encuentran tapizadas de vides y, por su belleza, son el ejemplo más difundido en el mundo, pero los viñedos surgen aquí y allá tanto en el llano de Lacio, como en las escarpadas cumbres de Liguria o Campania.
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| Viñedos en la Toscana |
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| Vista desde la torre de Sienna |
Siempre habrá un viñedo a la vista y los carteles de las "stradas" (rutas) del vino, como este de la foto en San Gimignano, donde reina la cepa blanca Vernaccia. Igual uno ya se ha dado cuenta por los carteles de las cantinas, haziendas o tenutas, como suelen designar a sus bodegas.
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| Viñedos en la zona de Tramonti y Novella |
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| Pequeño viñedo en pleno centro de Ravello |
Pero también en las ciudades el vino se hace notar y a los locales les gusta homenajearlo, no siendo raro encontrar versos y citas en vidrieras de bares, vinotecas y negocios, o en las paredes de una calle estrecha.
Un último párrafo para las vinotecas. En las ciudades grandes que visité, que son eminentemente turísticas (Venecia, Florencia, Roma) me moví lógicamente por las zonas por donde se mueve un turista, que no suelen coincidir con las zonas en que viven los locales. Supongo que por eso la cantidad de vinotecas que pude observar fueron pocas. En Florencia, en el primer piso del Mercado Central que está dedicado a la gastronomía vi la enoteca de la foto siguiente, de estilo moderno y con una oferta de etiquetas moderada, enfocada mayormente en los vinos de la Toscana.
En el centro de Roma tampoco encontré (no las busque en particular tampoco) demasiadas vinotecas, pero las pocas que ví me gustaron, atendidas por gente que conocía del rubro, con una buena representación de vinos italianos y europeos, y algunas etiquetas del nuevo mundo.
Pero no quedan dudas de lo que significa el vino para un italiano, y a tal punto llega el fanatismo que alguno hasta se animó a ir contra dos de sus más grandes creaciones: la pizza y el capuchino: "No pizza, no cappuccino... Si maiale, si vino", rezaba el cartel escrito con tiza en una vinoteca y winebar:
Es una hermosa experiencia para un winelover recorrer la geografía italiana, ya que aun sin el objetivo de explorar el mundo del vino (mis vacaciones fueron familiares) el vino aparecía en cada rincón y estaba en nuestra mesa todos los días.

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Muy bueno !! Me dieron ganas de tomar vino.
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