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viernes, 19 de diciembre de 2025

Canciller

Canciller: el vino que nos recuerda que #LaVidaEsTodosLosDías

Hay historias del vino que se escriben con paciencia, con años de cosecha, con aciertos, tropiezos y renacimientos. Entre ellas, pocas resultan tan emblemáticas como la de Bodega Canciller y su origen en la legendaria La Colina de Oro, una bodega que supo ser la más grande del mundo y que hoy vuelve a levantar su nombre, con fuerza y memoria.

Orígenes de un emblema nacional

El recorrido comienza hacia 1900, en las riberas altas del río Mendoza, cuando dos pioneros -Juan Giol y Bautista Gargantini- transformaron La Colina de Oro en una empresa colosal. Para 1910, la bodega llegó a tener 3.500 empleados y producir 38 millones de litros de vino, cifras impensadas para la época.

Su fama trascendió fronteras hasta capturar la atención de una figura histórica: la Infanta Isabel de Borbón, invitada especial durante las celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo en Buenos Aires. Fascinada por la calidad de los vinos, la Infanta otorgó a La Colina de Oro una medalla de oro oficial en nombre de la Corona española. Ese medallón —símbolo de excelencia y orgullo nacional— es hoy el sello que aparece en cada botella de Canciller.

Una barrica para hacer historia

La ambición de Giol y Gargantini no terminaba allí. En 1909, viajaron a Francia con un objetivo singular: adquirir una barrica monumental de roble de 75.000 litros, decorada con relieves de bronce por un artista europeo. La enorme pieza cruzó el océano, llegó a Argentina y un año después recibió otro premio en la Exposición Internacional del Centenario.

Aquel barril se convirtió en símbolo de poderío industrial y cultural. Y con él nació Canciller, llamado así porque actuaría, desde entonces, como embajador del vino argentino en el mundo.

Caída y renacimiento

La historia parecía indestructible, pero la ruptura de la sociedad entre Giol y Gargantini, sumada a crisis económicas del país, hicieron que La Colina de Oro se apagara con el paso de los años. Sus paredes quedaron en silencio, como esperando a quien entendiera lo que allí había ocurrido.

Ese momento llegó en 2016, cuando un equipo interdisciplinario de la Cooperativa Fecovita decidió recuperar la esencia de aquella bodega monumental. No buscaban solo producir vino: buscaban devolverle identidad, relato y gloria.

David Gargantini: el legado vuelve a las manos de la familia

Entre los integrantes de este renacimiento, aparece una figura que parece dictada por el destino: David Gargantini, descendiente directo de Bautista. Formado como enólogo en la Universidad Don Bosco, con experiencia en Cepas Argentinas y Navarro Correas, encontró un anuncio por casualidad… en una bodega que tenía en su historia su apellido, dentro del grupo Fecovita.

David asumió como enólogo jefe de Canciller en 2015, aportando innovación sin traicionar los principios fundadores. Su tarea devolvió actualidad a las etiquetas Canciller, hasta que en enero de 2024 asumió un nuevo desafío como enólogo en Bodega Andeluna donde reemplazó a Manuel González Bals. Su paso, sin embargo, dejó una huella imborrable: el renacimiento ya estaba en marcha.

Donde todo empezó: el territorio

La bodega hoy trabaja con viñedos seleccionados de Maipú y Luján de Cuyo, la primera zona vitícola de Mendoza. Su ADN varietal es el Cabernet Sauvignon, elegido como homenaje a los fundadores, quienes —dice la leyenda— llegaron como polizones desde Europa y se enamoraron no solo de la tierra mendocina, sino también de su gente: las hermanas Bondino, quienes les dieron compañía, descendencia y hogar.

Las líneas de Canciller

Canciller se articula hoy en distintas familias de productos que conservan la tradición pero, a la vez, buscan nuevos públicos: 

  • Bag in box: envase de tres litros de tinto (Merlot, Syrah y Malbec) y blanco (Chenin, Torrontés y Chardonnay).
  • Línea Blend: La más emblemática, comprende una cuidada selección de cortes blancos y tintos pensada como una herencia compartida “de generación en generación”.

 

  • Varietales y Raíces: los varietales son vinos jóvenes de Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon y Chardonnay ideales para cocina diaria o reuniones informales. Y los Raíces, con Malbec de Mendoza, Torrontés de Catamarca, Bonarda de Mendoza, Torrontés de Cafayate y Syrah de San Juan.
  • Dulces Naturales: tinto, blanco y rosado, entre los más vendidos del país en este estilo. 
  • ReservaVinos para guardar, con paso por madera y enfoque en complejidad, estructura y elegancia. 
  • Espumantes Canciller: elaborados por método Charmat. Disponible en Extra Brut, Brut, Demi Sec y Gran Canciller Extra Brut, este último el más sofisticado de la línea.

Tradición que vuelve a levantar la copa

Canciller es una marca que revive algo más que una bodega, recupera valores, ambición, identidad y una forma de entender el vino como patrimonio cultural y como tal, un alimento que debe estar presente en "la vida es todos los días", frase de cabecera de las campañas publicitarias.

Fecovita es uno de los grupos mas grandes del vino en Argentina, de los que sostienen la producción  de vinos de mesa que son el sostén de la industria, con marcas como Toro y Canciller, y los publicitan en forma masiva.

En las redes sociales apuntan a aspectos de la vida diaria y campañas basadas en premios, como #LasMaravillasDeCanciller, que ofrecian cenas para dos personas, escapadas de fin de semana y un premio final para viajar a uno de los maravillosos destinos turísticos argentinos; o #CancillerBarrioPorBarrio en la que decían: "El vino de la medalla está regalando 100.000 botellas en una nueva campaña nacional, presente en los principales canales del país 🍷".

Pero donde es más fácil verlos es en los medios tradicionales, como la televisión. Este año lanzaron un spot que decía: "un vino que no necesita jurados con bigotes largos, ni palabras raras, para ganarse una medalla🥇: Canciller tiene una medalla todos los días. Porque la gente, que es el jurado más importante, los elige en cada mesa argentina".

En cada botella, el medallón dorado de la Infanta no es un recuerdo: es una promesa. Esa que hace más de un siglo dijo que Argentina podía producir grandes vinos. Y hoy, Canciller vuelve a recordarlo.


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