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viernes, 1 de mayo de 2026

Los viñedos de Ribera del Cuarzo

 Ribera del Cuarzo. Nota 3

Los suelos y sus viñedos patagónicos

Si venís siguiendo esta saga, ya conociste esta bodega patagónica que sorprende a todos y también cómo se inició esta etapa al mando de Felipe Menéndez. Acá pasamos a lo práctico y vamos a fondo con los viñedos.

Al día siguiente de llegar, luego de desayunar, nos alistamos ataviados con botas de trekking y dispuestos a ingresar por uno de los tres cañadones que bajan de la meseta sur hacia la propiedad. Esos cañadones se producen por el normal drenaje de las lluvias -unos 200 mm al año- desde la meseta hacia el río, donde emprenderán fluido viaje hacia el Atlántico sur. 

Los cañadones son sumamente importantes para entender la conformación de los suelos de la finca, porque permiten ver todos los tipos de rocas que las conforman, así como la acción de la fuerza del agua, que cuando baja las despedaza y las hace llegar al valle con distintas granulometrías. Entre ellas se encuentra una muy particular, que es la que notaron Felipe y su compañero de exploración Nesti Bajda, cuando llegaron en 2008 por primera vez al lugar: el cuarzo.

Subimos al mirador ubicado en la estribación de la barda, detrás de la casa de la finca, desde donde se ven los viñedos, repartidos en sectores: el original, de forma rectangular y cinco hectáreas, plantado en el año 2005 por la Condesa Noemí Cinzano y Hans Vinding Diers (hoy Noemia), con población de cepas traídas desde Catena Zapata. Otro triangular, más grande, un poco más alejado al oeste y el más nuevo, que suman 22 hectáreas plantadas en 2022 que surgen de una selección masal realizada con esquejes del primer viñedo, en un vivero propio que dio buen resultado, ya que el Merlot que en cambio vino en macetas del vivero Marchiori, sufrió mucho replante posterior, pero el Malbec “criado” localmente se desempeñó muy bien, al ya estar adaptado.

Desde la altura se observa que, salvo estas manchas de viñedo, todos los campos alrededor ubicados desde el río hacia la barda no se utilizan, están vírgenes, por lo que el potencial de crecimiento es enorme, solo hay que traer agua con acueductos o hacer pozos para absorber agua de río subterránea, al pie de la barda, ya que los canales de riego existentes (que en su momento permitieron convertir el desierto en un vergel) no alcanzan estas zonas.

Entonces, los mayores costos son el riego y también la lucha contra las heladas. Están a mitad de camino (a 300 km) entre el mar y la cordillera; y las heladas se producen cuando entra el viento sur desde la cordillera y en ésta hay mucha nieve. En la temporada 25/26 no hubo heladas, pero en la 24/25 tuvieron nada menos que catorce, que implicaron un gasto enorme en fueloil además de hacer perder la cosecha del Merlot, la cepa que más lo sufrió.

El ingeniero agrónomo, desde 2023, es Fernando Enfarrell un mendocino con amplia experiencia, que trabajó en Viña Cobos y llegó al Valle del Río Negro en 2018. La enóloga residente es Eugenia Herrera (a quien conocí en su etapa anterior en Bodega Aniello), con bastante experiencia elaborando vinos en la zona. Cuentan, además, desde el principio, con el asesoramiento enológico de Ernesto Bajda.

Francisco dice que cuando llegó al valle se apoyó mucho en la gente que conocía el lugar, porque debió dar un giro de 180° respecto a lo que conocía de su Mendoza natal. “En esta zona de la barda es importante sentarse, ver el viñedo y también caminarlo para poder interpretarlo. Acá tenemos la oportunidad de lograr ver todo lo que tiene de distinto". 

Fernando Enfarrel, Eugenia Herrera, Felipe Menéndez y Rosario Langdom

Los suelos del viñedo Araucana son predominantemente eólicos, moldeados meticulosamente a lo largo de incontables eras por la erosión del viento sobre una base de origen fluvial y aluvional, sin embargo, en la parte alta de las bardas tienen la composición original, de 33 millones de años, con depósitos de crustáceos marinos de la época en que los océanos (primero el Pacífico y luego el Atlántico) cubrieron la zona, antes del surgimiento de la cordillera. Hay rocas magnéticas, metamórficas y sedimentarias, estas últimas compuestas por arenisca y calcio, consolidadas con restos marinos, que son positivas para la viña. Abajo, a la altura del río, los suelos son de “tan solo” 5.000 años.

"Acá las plantas no se enferman, generan resistencia natural y no necesitan agroquímicos, ya que los suelos tienen naturalmente potasio y fósforo. Las raíces generan ácidos que penetran en el suelo y disuelven esos carbonatos aprovechando los nutrientes que tiene la roca. Por eso, tratamos de reducir al mínimo las labores culturales, realizando la menor intervención", explica Fernando.

Ángel Ramos en el viñedo Araucana

Corre viento constantemente, llueven tan solo 200 mm al año y en verano se alcanzan 16 horas de luz diurna. Plagas no hay, porque las polillas y las mosquitas del vino no resisten el frío nocturno, además de estar aislados de las zonas afectadas, desde donde podrían llegar. La sanidad de los viñedos es uno de los aspectos más notables en la región.

Toda la superficie del viñedo tiene corredores biológicos que generan una circulación libre y natural de flora y fauna permanente, que también se beneficia por la situación de aislamiento de la finca, sin otros cultivos circundantes.  

El agua, el otro componente esencial para poder hacer el vino, llegaba originalmente desde un acueducto practicado para el primer viñedo, pero para las ampliaciones de estos se necesitaba asegurar otra fuente más segura. La respuesta la dio un rabdomante local: Facundo Catriel, quien después de un día caminando la reseca tierra de jarillas y piedras sosteniendo horquetas de rama de sauce, logró detectar el lugar exacto para hacer un pozo y extraer agua de un brazo subterráneo del río, que sospechaba estaba allí. Esa agua se suma a la del acueducto y hoy nutren, en conjunto, los viñedos.

Orgánico y biodinámico

Poseen certificación orgánica Demeter y trabajan de manera biodinámica, aunque prefieren no ponerlo en las etiquetas ya que lo hacen por filosofía propia y no tanto por motivos comerciales.

Aplican preparado 501, con cuarzo (silicio) que mejora la fotosíntesis de la planta y ayuda a resistir las heladas a través de la generación de geles en la misma. El preparado 500, que se prepara insertando en cuernos de vaca la bosta de ese mismo animal, sirve para trabajar las bacterias lácticas sobre el material. Los cuernos se entierran durante un año, para sacarlos en el momento necesario, solubilizar su contenido en agua y distribuirlo en el terreno de la vid.

Es importante el trabajo de verdeos, llamados cultivos de servicio, plantando centeno y vicia orgánicos. El centeno tira raíces profundas, crea estructura y ayuda a subir los nutrientes hacia la zona de la raíz de la vid. La vicia, por su parte, fija nitrógeno. Elaboran su propio compost, con guano de chivo, orujo y escobajo de la bodega.

"Es sencillo hacer el trabajo orgánico y biodinámico en este lugar, llevamos tres años con estas prácticas".

Tienen Malbec, Merlot y media hectárea de Petit Verdot en el viñedo original (que, ubicado sobre la ladera sur de la barda es único en el Valle con orientación sureste - noroeste). La mitad se utiliza para la línea Araucana y la otra mitad para la colección Ribera del Cuarzo parcela única, y en los otros viñedos Malbec, Merlot y Pinot Noir.

El viñedo Araucana tiene orientación este, un poco más alejado de la barda y además adquieren uvas a otras propiedades en la zona histórica del Valle Azul, entre las que se encuentran 16 hectáreas pertenecientes a Celestino (plantadas en 2002) y 8 hectáreas a Piano

Viñedo Finca La Medialuna, de Celestino

Son dos viñedos que se trabajan orgánicos, con los cuales han realizado un contrato de diez años. También con uvas de un viñedo en Luis Beltrán, perteneciente a la familia Ponco, que es original plantado por Chandon, cuando vino a la Argentina en los años 50, se trae también un Chardonnay.

Ribera del Cuarzo explora los antiguos suelos de más de 30 millones de años, obteniendo de ellos una pureza y delicadeza que se notan mucho en sus mejores vinos. Pero no se conforman solo con eso, exploran viñedos vecinos y suman la diversidad de la zona, para brindar un abanico de vinos que poco a poco se van convirtiendo en indispensables para entender la región.   

No dejes de leer la última nota de esta saga que te permitirá conocer a fondo la bodega Ribera del Cuarzo y el detalle de todos sus vinos.


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