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miércoles, 24 de junio de 2026

Casa Boher Gran Malbec

Casa Boher Gran Malbec 2018

Cuando el tiempo también forma parte del vino

Casa Boher presentó su Gran Malbec 2018, un vino nacido en Los Árboles, Valle de Uco, que permaneció más de cinco años en botella antes de salir al mercado. 

La semana pasada, en Elena Restaurante, asisití a la presentación que la bodega Casa Boher realizó para presentar el nuevo integrante de su línea ícono: Casa Boher Gran Malbec 2018, un vino que pasó más de cinco años en botella antes de salir al mercado, dato que por si solo define la lógica detrás de este proyecto.

Porque si bien la bodega, que pertenece a Rosell Boher, está históricamente asociada a los espumosos, hace tiempo que Casa Boher viene afinando el trabajo en vinos tranquilos. Y esta etiqueta, la quinta de la línea Gran, en algún punto es el cierre de esa búsqueda que empezó bastante antes de que existiera este vino.

El punto de partida está en la finca Los Árboles, en San Pablo (Tunuyán), un viñedo que forma parte del proyecto desde fines de los años 80. Allí, durante años, variedades como Chardonnay, Pinot Noir y Cabernet Sauvignon fueron delineando el carácter del lugar.

El Malbec llegó después, recién en 2010, por insistencia de Alejandro "Pepe" Martínez Rosell que viendo el exito de la cepa a nivel mundial y en especial en la región del Valle de Uco, logró que se invirtiera en la plantación de 3,3 hectáreas, divididas en dos cuarteles, con orientación norte y sur. Y desde ese momento, más que una certeza, apareció una pregunta: cuándo ese viñedo iba a estar listo para dar un Gran Malbec.

Nicolás Calderón, enólogo de la casa, que se sumó al equipo en 2015, fue testigo de ese proceso. En sus primeras vendimias ya había algo que llamaba la atención: una fruta joven, con identidad marcada, color profundo, notas de fruta fresca. Tenía todo para hacer un gran vino, solo restaba decidir cuándo.

Alejandro "Pepe" Martínez Rosell  y Nicolás Calderón, el dúo de enólogos

Para este vino, la elección fue trabajar sobre el cuartel sur, y dentro de ese cuartel, apenas 30 hileras del sector oeste, a 1.280 metros de altura. Ahí, las calicatas mostraban un perfil de suelo de carácter más restrictivo: mayor presencia de piedra, menos suelo fino, una estructura más compacta. Condiciones que reducen naturalmente el vigor, limitan los rendimientos y favorecen una madurez más lenta y homogénea, exactamente lo que se busca cuando el objetivo es un vino de guarda.

Matías Torres García (Presidente de Cavas Rosell Boher)

Sobre ese punto se construyó un trabajo agronómico minucioso: poda orientada al equilibrio, manejo de canopia, control de rendimientos, cosecha manual y selección de racimos. Un viñedo trabajado con precisión quirúrgica, la necesaria para obtener un "gran" vino.

La lógica de precisión continuó en bodega. Fermentaciones en pequeños recipientes, maceraciones prolongadas y una crianza de 24 meses en barricas de roble francés de primer usoPero el punto más interesante viene después, ya que el vino no salió al mercado al terminar la crianza, sino que se quedó más de cinco años en botella, evolucionando, integrándose y encontrando su lugar.

Pablo Torres García (propietario de Rosell Boher) y Pepe Martínez Rosell

En un contexto donde muchas veces los tiempos los marca el mercado, esta decisión tomada por la familia Torres García (Pablo es el accionista mayoritario y su hijo Matías presidente) es casi contracultural. Y también es, probablemente, lo que termina de definir el vino.

Color rojo profundo con destellos violáceos que ya insinúan una linda evolución. En nariz, el vino se abre en capas: fruta madura, pimienta negra, un registro mentolado, y notas de chocolate amargo que van apareciendo con aire.

En boca hay estructura, pero sin rigidez. Los taninos están firmes y presentes, aunque pulidos, sostenidos por una frescura esencial, que equilibra el conjunto. El final es largo, persistente, y deja claro que el vino no solo está listo, sino que todavía tiene también camino por delante.

Con este lanzamiento, Casa Boher amplía su línea Gran, que incluye un corte tinto, Chardonnay, Viognier y ahora este Malbec, una colección nacida de una construcción progresiva, ya que cada vino se sumó cuando el viñedo, y el tiempo, indicaron que estaba listo. En este caso, la producción también refleja esa lógica: 3.150 botellas, con un precio sugerido de $88.000 (60 USD) y 500 Magnum $160.000 (110 USD), nacidas exclusivamente de esas 30 hileras del sector oeste.

En el aire quedó flotando la pregunta, conociendo la experiencia de la bodega con la cepa, ¿para cuándo el Casa Boher Gran Pinot Noir? No nos apuremos, por ahora disfrutemos de este gran Malbec.

Casa Boher Gran Malbec 2018 no es solo una nueva etiqueta. Es, sobre todo, una demostración de que el tiempo puede ser una herramienta enológica tan importante como el suelo o el clima. Vale la pena reconocer esto a Casa Boher, una de las pocas bodegas que se animan a afrontar ese costo financiero por sí mismas.


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