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viernes, 31 de julio de 2026

Bodega Agrestis

Bodega Agrestis

Cuatro décadas de paciencia, burbujas y convicción familiar

Estuvimos con Norberto Ghirardelli y su hijo Alfredo, recorrimos la pequeña bodega y la finca, y probamos sus espumantes. 

En el mundo del vino existen proyectos que nacen siguiendo tendencias y otros que parecen construirse a contramano de ellas. Bodega Agrestis pertenece claramente al segundo grupo. La historia que Alfredo y sus hijos desarrollan en el Alto Valle del Río Negro comenzó mucho antes de que la Patagonia fuera reconocida por sus espumantes y estuvo marcada desde el inicio por una decisión poco habitual: apostar por ellos cuando casi nadie los elaboraba seriamente en la región.

Fue mi segunda visita, luego de la realizada en 2021 que dejé reflejada en esta otra nota. Esta vez Alfredo tuvo la gentileza de explicar con todo detalle cómo elabora sus preciados espumantes, proceso que está detallado a continuación.

La bodega familiar trabaja sobre una finca de 20 hectáreas, de las cuales apenas 2 están implantadas con viñedos. El corazón del proyecto siempre fueron las burbujas, hasta el punto de que actualmente alrededor del 80% de su producción corresponde a espumantes, aunque con el tiempo incorporaron Malbec y Cabernet Sauvignon para elaborar vinos tranquilos, incluso con despacho en damajuanas, como se ven en la foto.

La historia se remonta a 1994, en tiempos del un peso = un dolar, cuando decidieron traer desde Champagne, Francia, clones especialmente seleccionados para espumantes. Alfredo recuerda que aquellas plantas llegaron prácticamente en el mismo contenedor que el material importado por Chandon para sus fincas de Mendoza. Así comenzaron a desarrollarse las variedades que siguen siendo la base del proyecto: Chardonnay, Gewürztraminer y Pinot Noir, acompañadas posteriormente por Malbec y Cabernet Sauvignon.

El viñedo cuenta con certificación orgánica y encuentra en el clima patagónico un aliado fundamental. Las precipitaciones rondan apenas los 175 milímetros anuales, una condición que favorece la sanidad de la uva. Las vendimias suelen desarrollarse con fruta extremadamente sana, prácticamente libre de enfermedades criptogámicas. Los hongos son muy poco frecuentes y apenas aparece algo de oídio, que controlan fácilmente mediante aplicaciones de azufre, un producto natural permitido en este esquema de producción. Las heladas representan un desafío mayor, por lo que recurren al sistema de riego por aspersión como herramienta de defensa.

La cosecha destinada a espumantes comienza muy temprano, generalmente a principios de febrero. El objetivo no es alcanzar grandes niveles de azúcar sino preservar la acidez natural, indispensable para construir vinos base equilibrados. Buscan uvas que permitan obtener alrededor de 10 grados de alcohol potencial. Chardonnay, Gewürztraminer y Pinot Noir suelen cosecharse prácticamente al mismo tiempo debido a que presentan un ritmo de maduración muy similar.

La vendimia se realiza entre las 6 y las 11 de la mañana. Más que una cuestión de comodidad es una decisión técnica. La fruta ingresa fresca a la bodega, disminuyendo la necesidad de utilizar energía para bajar su temperatura antes de la fermentación.

Los viñedos están conducidos bajo sistema Guyot doble, con dos pisos, cuatro cargadores y cuatro pitones, una estructura pensada para equilibrar producción y calidad.

El nombre Agrestis proviene del latín y significa “salvaje”, una referencia que dialoga con el paisaje patagónico donde se encuentra la finca. Otra de sus líneas destacadas, Tenus, toma su nombre de la palabra latina que significa “delicado”.

La elaboración de espumantes

Uno de los aspectos más singulares del trabajo enológico aparece desde el inicio de la elaboración. En Agrestis no realizan prensados intensivos. Utilizan exclusivamente el mosto flor, el jugo que sale naturalmente por gravedad. Alfredo lo explica con una contundencia poco frecuente: para obtener un litro de vino necesitan aproximadamente dos kilos de uva. El resto se descarta porque consideran que buscarle otro destino termina complicando el proceso y comprometiendo el perfil que desean alcanzar.

En el caso de los rosados, los mostos permanecen durante 24 horas en contacto con los hollejos antes de separarse, obteniendo así el color y la expresión aromática buscados.

Las fermentaciones comienzan con levaduras indígenas presentes naturalmente en la uva y en la bodega. Después de tres días realizan un refuerzo mediante la siembra de levaduras seleccionadas para asegurar una correcta evolución del proceso. La fermentación se desarrolla entre 15 y 18 °C durante aproximadamente 15 a 20 días. Mantener bajas temperaturas resulta fundamental para preservar los aromas y evitar pérdidas por volatilización.

Finalizada esta etapa se realiza el trasiego. Las borras gruesas son separadas y el vino se traslada a recipientes completamente llenos y cerrados herméticamente para minimizar cualquier ingreso de oxígeno.

El invierno patagónico aporta otro beneficio clave. Las bajas temperaturas favorecen la precipitación natural de los cristales de tartárico. Llegado julio se incorpora el licor de tiraje, compuesto por azúcar -aproximadamente 24 gramos por litro-, levaduras y bentonita. Las botellas se cierran con tapa corona e ingresan a un ambiente mantenido entre 17 y 19 °C, donde comienza la segunda fermentación dentro de la botella. Es allí donde nace la magia de las burbujas.

La toma de espuma se desarrolla lentamente, en condiciones anaeróbicas, generando gas carbónico de forma natural. Según explican los Ghirardelli, la temperatura cumple un papel decisivo. Si desciende demasiado, la fermentación puede detenerse; si aumenta en exceso, el proceso se vuelve más tumultuoso y produce burbujas de tamaño mayor. La lentitud, en cambio, favorece la fineza.

Esta segunda fermentación demanda unos 90 días. Luego llega la etapa más larga: el reposo sobre lías, que puede extenderse entre 12 (para los Agrestis) y 24 meses (para los Tenuis). Durante ese período se desarrolla la autólisis de las levaduras, un fenómeno mediante el cual las células liberan aminoácidos y compuestos aromáticos que aportan complejidad, textura y profundidad. Cuanto más tiempo permanece el vino en contacto con las lías, mayor es la riqueza de matices que adquiere.

Norberto y Alfredo Ghirardelli 

La historia de Agrestis también está escrita en las paredes de su antigua bodega. Hace cuatro décadas la familia adquirió una propiedad abandonada que fue transformándose con los años. Hoy una vieja pileta de concreto, que alguna vez tuvo otra función, sirve como espacio de almacenamiento de botellas. Allí descansan mientras evolucionan lentamente antes del degüelle.

Cuando llega el momento, las botellas son retiradas, agitadas para remover los sedimentos y colocadas en pupitres. Pacientemente van siendo rotadas para que las lías desciendan hasta el cuello de la botella, preparándose para la operación final consistente en su retiro, introducción del licor de expedición (vino y azúcar) para rellenar la pequeña merma y definir el estilo final (Brut, Sec, etc.) y cierre con tapón de espumante resistente a la presión.

Ángel Ramos y Norberto Ghirardelli 

La búsqueda de conocimiento llevó incluso a participar de una experiencia poco convencional: la inmersión de botellas bajo las frías aguas del Atlántico, en el Golfo San Matías. El ensayo involucró un Tenuis Gewürztraminer 2024 Extra Brut. Una parte de las botellas permaneció seis meses a 15 metros de profundidad, mientras otra continuó su crianza en bodega. Los resultados fueron elocuentes. La versión submarina mostró una evolución más lenta, con mayor elegancia y fineza. La conservada en tierra exhibió una expresión aromática más intensa, aunque con menor delicadeza.

Entre los espumantes degustados durante la visita apareció el Agrestis 2025, elaborado a partir de un corte 70% Chardonnay y 30% Pinot Noir, además de la línea Tenus, concebida a partir de una rigurosa selección de parcelas.

Particularmente interesante resultó el Tenuis Rosado Pinot Noir 2024 Brut Nature, que permaneció 18 meses sobre lías antes de salir al mercado. Un espumante que resume buena parte de la filosofía de la casa: paciencia, precisión y una búsqueda constante de elegancia.

En una región donde durante muchos años la atención estuvo puesta principalmente en los vinos tranquilos, Agrestis construyó una identidad propia alrededor del método tradicional y de las largas crianzas. 

Una trayectoria silenciosa, sostenida por la convicción de una familia que decidió especializarse en burbujas mucho antes de que la moda las pusiera nuevamente en el centro de la escena.

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