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viernes, 3 de julio de 2026

Estancia Vigil: Mendoza late en Cardales

Estancia Vigil: Mendoza late en Cardales

Vinos de alta gama, gastronomía de nivel y una experiencia enoturística integral a minutos de Buenos Aires

En Los Cardales, Estancia Vigil recrea el espíritu de Casa Vigil Mendoza con viñedos propios, alta cocina y una propuesta que combina paisaje, vino y hospitalidad en clave bonaerense.

La escena gastronómica de Buenos Aires es, como sucede en muchas grandes ciudades del mundo, amplia, diversa y en constante transformación, con la aparición permanente de nuevos restaurantes de distintos estilos que compiten palmo a palmo por captar al cliente.

Sin embargo, cuando nos alejamos un poco de la capital, ese escenario cambia de manera abrupta. Y, salvo algunas excepciones en ciertos polos gastronómicos -como los que pueden encontrarse en la zona de Dardo Rocha, en Martínez, o en Nordelta, en Tigre (hablando de la zona norte del conurbano, que es la que transito habitualmente)-, encontrar opciones de buen nivel donde comer rico, sano y en un ambiente acogedor, atractivo o especial se convierte en una verdadera odisea. Para quienes viven lejos de la gran capital, la alternativa suele implicar recorrer muchos kilómetros en auto.

Pero no hay que desanimarse, porque existen excepciones. Una de ellas es Estancia Vigil, la propuesta surgida el año pasado en la zona de Los Cardales, a pocos kilómetros de pasar Escobar, a la que se accede muy rápidamente por la Panamericana si venís desde Capital o desde la zona norte del Gran Buenos Aires.

Se trata de Estancia Vigil, un emprendimiento inaugurado en diciembre pasado que promete “traer un pedacito de Mendoza a Buenos Aires”, y lo logra con creces. No solo a través de los grandes vinos de esa provincia -ya que la carta, además de incluir los mejores ejemplares elaborados por el crack de la enología argentina, Alejandro Vigil, tanto en Catena Zapata como en su bodega El Enemigo, suma también etiquetas de otras destacadas bodegas del país-, sino también a partir de un paisaje poblado de viñedos traídos desde Mendoza y plantados en pequeñas hileras en el corazón del predio.

Además de los viñedos, el espacio comprende 4.600 m² que incluyen un restaurante de alta cocina argentina, una bodega boutique, un mercado gourmet, una vinoteca y áreas destinadas a eventos privados, todo en un entorno natural único. De este modo, ofrece una experiencia integral cerca de Buenos Aires, pensada tanto para escapadas de fin de semana como para celebraciones especiales.

Acceso a El Mercado Estancia Vigil

La propuesta gira en torno al vino argentino: a conocer su identidad, apreciar su calidad y sentir la emoción que una copa puede brindar cuando todos los elementos orbitan a su alrededor: gastronomía, decoración, entorno y servicio.

El Mercado de Estancia Vigil

En su estética remite a un mercado, pero la intención va más allá: convertirse en un espacio de curaduría gastronómica donde el vino, el producto y la identidad se encuentran. Allí podés adquirir vinos de añadas distinguidas, incluso con 100 puntos Parker, además de charcutería artesanal, quesos seleccionados, productos exclusivos de Proyecto Labrar, delicatessen, conservas premium y objetos especialmente elegidos para regalar.

Interior El Mercado

En el Mercado también se puede disfrutar de una propuesta de tapeo, acompañada por los vinos premiados de Alejandro Vigil, descubriendo etiquetas especiales en un entorno relajado y elegante. La experiencia es enogastronómica, informal en su formato pero de alto nivel en su ejecución.

La Bodega de Estancia Vigil

Más que una bodega tradicional, por el momento no se elabora vino en el lugar, es un espacio ubicado junto a los viñedos, decorado con elementos típicos de ellas, como barricas y huevos de cemento, que ambientan los salones de degustación diseñados para enriquecer la experiencia del vino.

Estos amplios espacios funcionan como un verdadero centro de experiencias: recorridos guiados, áreas de degustación, salones para eventos y actividades diseñadas para que visitantes y amantes del vino disfruten de un ambiente que los introduce de inmediato en su mundo.

El Restaurante Estancia Vigil

La gastronomía es el eje de esta experiencia que recrea el corazón del vino en Cardales. Si ya conociste la excelencia de Casa Vigil, en Mendoza -galardonada con una estrella Michelin y, en pocos años, convertida en un espacio de culto que nunca defrauda a quienes la visitan en plan enoturístico-, Estancia Vigil se presenta como la oportunidad de vivir en Buenos Aires una experiencia muy cercana, sin tener que recorrer los más de 1.000 kilómetros que las separan.

Algo de eso se vivió especialmente el viernes 19 de junio, cuando tuve la oportunidad de compartir una mesa de periodistas con Carlos Oliva, uno de los propietarios, en un evento especial que bautizaron “De Vigil a Vigil - De Casa a Estancia”. En esa ocasión, el chef local Diego Irato recibió a su colega mendocino Iván Azar para diseñar y llevar a cabo un impecable menú de seis pasos, maridado con vinos de Catena Zapata, que poco tuvo que envidiar a la cena que disfruté en Casa Vigil durante mi último viaje a Mendoza.

La convocatoria fue un éxito: el menú completo tenía un costo de $150.000, más que razonable considerando la propuesta -seis pasos que incluyeron la ya clásica costilla con 12 horas de cocción- y el nivel de los vinos, todos con refill, entre ellos D.V. Catena Histórico blanco y tinto, D.V. Catena Pinot–Pinot, Pera Grau Generoso y, como broche de oro, especialmente enviado desde Mendoza por Alejandro Vigil, un sublime Nicolás Catena Zapata 2016.

Fue una jornada especial en la cual, además, se inauguró la nueva barra de tragos, con musicalización de un DJ, que elevaron la post cena, cerrando una noche memorable disfrutando de los ricos tragos.

Dejamos Estancia Vigil cerca de la 1:30 AM y el restaurante seguía casi lleno, a simple vista se veía que los comensales las estaban pasando más que bien, muchas sonrisas y caras de satisfacción. Ambiente cálido, servicio muy dedicado, sumados al nivel de la comida y el glamour de los grandes vinos, todos condimentos para que nada pueda fallar.

Estancia Vigil consigue algo que no es fácil: trasladar el espíritu de Mendoza sin perder identidad propia, apoyándose en el vino como eje, pero entendiendo que la experiencia es mucho más que lo que sucede en la copa. La integración de gastronomía, entorno, servicio y propuesta conceptual está lograda con coherencia y ambición, en un formato accesible para quienes, hasta ahora, debían viajar cientos de kilómetros para vivir algo similar. 

En un contexto donde escasean las propuestas de este nivel fuera de la capital, lo de Vigil en Cardales no solo llena un vacío, sino que eleva la vara. Un lugar para ir, volver y, sobre todo, quedarse un rato largo más de lo previsto.

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