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miércoles, 1 de julio de 2026

Malma: precisión técnica

Malma: precisión técnica

El desierto como identidad en el Valle del Río Neuquén

En el corazón de San Patricio del Chañar, donde el paisaje es abierto, seco y ventoso, Malma construye su identidad desde un concepto claro: interpretar el desierto.

Apenas llegamos a Bodega Malma nos esperaban con el almuerzo en el bonito restaurante con vistas abiertas a los viñedosLa cocina, muy cuidada, estuvo acompañada por etiquetas de sus líneas más altas, como Rara Avis y Universo, que marcaron desde el inicio el nivel del proyecto. Su propuesta enoturística se completa con visitas a la bodega y alojamiento en mini casas móviles entre viñedos.

Esta fue mi segunda visita a la bodega neuquina, pueden leer esta nota de la anterior, cuando la recorrí junto a su propietaria Ana Viola. En esta ocasión quien nos acompañó en todo el recorrido fue Lucas Quiroga, su enólogo, con quien transitamos la finca y la bodega para seguir probando distintos componentes.

 

Luis nos explicó que en el Valle del río Neuquén, el viñedo se organiza sobre tres ambientes bien definidos: una zona alta de la barda más pedregosa, que denominan la terraza pleistocénica, otra zona de abanicos o pendientes aluvio-coluvial, que es más heterogénea y la parte de abajo o terraza fluvial moderna, donde se encuentra más limo y arcilla y por lo tanto es más fría y es donde las uvas maduras más lentamente. 

Mientras en el sector medio aparece algo de canto rodado, hacia la barda norte dominan los carbonatos, con suelos pobres en materia orgánica y estructura más exigente. Este contexto, atravesado por condiciones extremas, termina moldeando el estilo de los vinos.

El clima del lugar es un factor preponderante, la brisa permanente, la mínima humedad y la amplia radiación solar generan su efecto en las vides que ofrecen bayas más pequeñas, mayor concentración y piel más gruesa. A la vez, se elimina la necesidad de utilizar pesticidas ya que prácticamente no hay botrytis y sólo aparece oídio, que es fácilmente controlable con 1 o 2 aplicaciones anuales (noviembre–diciembre) de azufre. La sanidad del lugar y el rol del viento son protagonistas del terroir.

El manejo del agua para riego combina el riego por canal que se complementa con goteo. Si bien en este caso los viñedos no fueron implantados originalmente en función de los tipos de suelo, algo que en ese momento no era usual, hoy se cosecha mirando en particular cada parcela. Se trabaja en un calendario corto, con decisiones precisas, que da inicio los primeros días de febrero y finaliza a mediados o fines de marzo.

Julio Viola, actual dueño de Malma, adquirió tierras incultas en San Patricio del Chañar en 1995 y generó un importante proyecto  de desarrollo para volverlas productivas mediante acueductos y nuevos sistemas de riego de origen israelí. La viticultura comenzó en 1999, con una parcela experimental de 3 hectáreas, cuya primera cosecha se concretó en 2002. Con el paso del tiempo, las diferencias iniciales se fueron corrigiendo mediante injertos, lo que permitió afinar la expresión de cada parcela.

La evolución del proyecto también refleja el impacto del cambio climático y una búsqueda de perfiles de alcohol más moderados. En consecuencia, el inicio de la cosecha se fue adelantando levemente y la vendimia se volvió cada vez más precisa, tanto en tiempos como en decisiones.

Recorrimos el viñedo, plantado con orientación este-oeste para asegurar exposición solar en ambas caras. La conducción es en cordón bilateral con poda pitoneada. Las parcelas fueron diseñadas para permitir mecanización, algo clave en una región donde la industria petrolera compite por la mano de obra. La cosecha mecánica está completamente integrada al sistema, con rendimientos equivalentes a unas 80 personas. Esto es viable gracias a la sanidad homogénea del viñedo, que reduce la necesidad de selección manual.

El conjunto de condiciones -viento, radiación y sequedad- define el comportamiento de la uva. Las pieles más gruesas aportan mayor carga de antocianos, lo que se traduce en vinos de color intenso, buena estructura y un perfil fresco y vibrante. Al mismo tiempo, esa mayor presencia de taninos obliga a trabajar con precisión en la extracción para evitar excesos de astringencia. Mientras que los blancos se dan excelentes para base de espumantes.

En bodega, (certificada por sus procesos sostenibles) el enfoque es técnico y muy controlado. El vino se construye a partir de la uva, con uso de sulfitos, levaduras seleccionadas, nutrientes y, según el año, ajustes de acidez mediante ácido tartárico. En ese contexto, el rol del enólogo se vuelve especialmente sensible: cada decisión incide directamente en el resultado final.

Durante la recorrida por la sala de tanques hicimos una lectura detallada de los vinos, probando distintas muestras directamente de los mismos. Aparecieron maceraciones de apenas dos horas en prensa neumática que daban colores muy tenues, partidas con paso por barrica que aportaban tonos cobrizos, y componentes sin corrección de acidez provenientes de sectores bajos. También probamos vinos con un 30% de racimo entero destinados a Rara Avis.

Un Merlot lote 2532, parte del blend Universo, mostraba 14,2° de alcohol, pH 3,5 y 25 días de maceración. En los Malbecs, como el lote 2534 que integra Universo 2025 (14,5°), se destacaba un perfil floral de violetas junto con una leve astringencia que se asume como característica estructural.

El manejo del tanino aparece como un punto crítico. El enfoque de Quiroga es técnico, metódico y muy preciso en los tiempos de maceración y extracción. “El tanino siempre está presente acá y a veces querer terminar la fermentación con los orujos es contraproducente, porque puede quedar astringente”, explicó. En esa línea, la maloláctica en barrica se utiliza como herramienta para integrar mejor el conjunto.

Lucas Quiroga

La sanidad del viñedo es uno de los grandes diferenciales y condiciona positivamente todo el proceso: la uva llega en excelente estado, lo que permite trabajar con más claridad tanto en cosecha como en bodega. A diferencia de otras regiones, acá el agua está asegurada, pero el resto de las variables exige precisión constante.

El portfolio de Malma está claramente segmentado. La Papay agrupa vinos jóvenes y frutados; la línea Reserva suma complejidad; Universo trabaja sobre selección de hileras en homenaje a la familia Viola y al valle, con vinos como Malma Universo MB 2024 o el Universo Blend 2024 (60% Cabernet Sauvignon y 40% Merlot). Rara Avis representa el nivel más alto, con foco en Chardonnay y Pinot Noir. Intemperie, por su parte, es la línea orgánica certificada, con viñedo aislado, sin paso por madera y sulfitos inferiores a 60.

También forman parte del proyecto otras líneas vinculadas a territorios específicos, como Correntoso (asociada al hotel de Villa La Angostura) y Comahue, elaboradas con uvas de sectores más cercanos al río, donde la “tierra fértil” aporta mayor estructura y presencia de roble. En contraste, los sectores de barda dan vinos más tensos y filosos.

Entre las muestras probadas también se destacaron un Chardonnay fermentado a 13,5°C, un rosado de Pinot Noir y un Pinot Noir 2016 (clon 777), que permiten dimensionar la amplitud del trabajo.

Todo el sistema está orientado a la eficiencia, pero sin perder de vista el origen. Si en otros proyectos de la zona la gravedad y la arquitectura marcan el camino, en Malma el foco está puesto en el control técnico dentro de un entorno exigente.

Acá el vino nace condicionado por el viento, la radiación y la sequedad. El resultado es directo: vinos tensos, con carácter y una impronta territorial muy marcada.

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