Bodega Noemía: en primera persona
Declaración de principios de un vigneron de pura cepa.
Hans Vinding Diers cuenta, desde Mainqué, cómo nacen sus vinos y por qué eligió vivir con su familia, junto a la vid, para entenderla.
Volver a bodega Noemía es como reencontrarse con un viejo amor. Apenas cruzar la tranquera las emociones comienzan a surgir por estar de nuevo tan cerca de uno de los viñedos que, sin entender bien por qué, me embargó de emoción la primera vez que lo pisé, hace unos años.
Pronto estábamos saludando a Hans Vinding Diers, el enólogo nacido en Stellenbosch (Sudáfrica) que se crió en Burdeos, ha hecho vino en 10 países diferentes de cuatro continentes y lleva más de 50 cosechas en su haber, a esta altura, gran parte de ellas en el Alto Valle del Río Negro, Argentina, donde decidió echar raíces (ya lleva la mitad de su vida aquí), para convertirse en un vigneron local. Y digo vigneron porque siempre tuvo claro que, para obtener lo mejor de un viñedo, no hay nada mejor que vivir -literalmente- junto a él. Y eso es lo que hacen, con su pareja Belén y sus hijos.
La decisión de afincarse en Mainqué tuvo fuertes fundamentos, que él mismo nos contó mientras recorríamos los viñedos J. Alberto y Noemía.
Hans es una persona muy especial, muy didáctico, uno de esos "profesores" que saben encantar a la audiencia y no paran de tirar conceptos, uno detrás del otro. Por ello, en esta nota voy a salir del formato habitual, donde les cuento todo desde mi punto de vista para, en cambio, dejarles (en cursiva) las palabras de Hans casi tal como las dijo, en esa brumosa mañana de invierno, recorriendo los viñedos.
Acá son vinos de río y de latitud, a diferencia de otros casos, donde son de montaña, de altitud y de piedra. El agua atraviesa casi 600 km desde la cordillera, cruzando toda la estepa patagónica y trayendo sobre los suelos limo, arcilla y arena, todos los minerales que distinguen a estos vinos, que son más minerales que los de la montaña, que en cambio resultan más eléctricos. Es un agua mágica, de las más puras del mundo (certificado). La combinación de ese suelo, esa agua y el clima (30% máx. de humedad normalmente) es un combo ideal para el vino.
Cuando llegué, en 1998, me voló la cabeza el clima prístino, puro, que da las mejores peras del mundo y es lo que trajo a los gringos acá. El Viñedo J. Alberto, son cinco cuadros originales de la bodega Pascual Napolitano e hijos (foto abajo), que quebró en 1975 y quedó abandonada. El edificio no tenía techos, todo había sido robado. Hay muchos viñedos en esta zona en ese estado, hay mucho trabajo de recuperación, pero la biodiversidad de material masal (no hay clones acá) es genial para sostenerse con el cambio climático porque, vía las raíces, las plantas se comunican y se ayudan. La planta es bipolar, la mitad está bajo la tierra y la otra por arriba, todo eso ayuda a ser orgánico, se da solo.
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| Edificio original bodega Pascual Napolitano e hijos |
Importancia del trabajo de los suelos
Hacemos verdeos por filas alternadas (mostaza, habas, centeno y trigo) que dan nitrógeno y sueltan el suelo, para que entre el oxígeno. Se alterna con compost y con alfalfa, cada año. El riego es por manto, 5 o 6 veces al año. Para que no se transforme en un piso de cemento hay que mover la tierra, soltar los suelos para que entre oxígeno, porque sino se compacta y las raíces no se podrían mover. La materia orgánica y los microorganismos son fundamentales, dan mejor retención hídrica y vida a la planta.
Manejar de la vid: la poda y el momento de cosecha
La poda se determina mirando dos años atrás; ¿cómo fue la añada?, ¿hubo calor o stress?. Eso define el tipo de poda. Cada año esas decisiones mejoran la vid y eso se traslada a los vinos. Somos los cerebros detrás de todo porque sin nosotros, hay vinagre.
Cosechamos "como al dente", unos minutos antes, si lo hacés cuando pruebas la uva y está justo ya es tarde, porque organizar la cosecha lleva otro tiempo y esa elección justa, ese timing, es fundamental.
El clima
El problema principal son las heladas, aunque lo bueno es que es un solo problema, mientras que en otros lugares son varios. Para combatirlas invertimos en un ventilador Tow and Blow modelo 250H, comprado en Nueva Zelanda, de 5 metros de altura que gira 180° e invierte la capa de temperatura del aire. Se ubica con el tractor y cubre 4 hectáreas.
Las heladas son impredecibles, no se sabe cuándo llegan ni cuanto van a durar. Las difíciles son las heladas negras, cuando el aire de arriba también está frío. En 2023 tuvimos 80% pérdidas en J. Alberto, el 100% de A Lisa, y un 5% en Noemía, al que no afectó tanto.
El viento viene del oeste y Noemía tiene orientación este-oeste, lo atraviesa mejor que a J. Alberto que está norte – sur.
"Yo me crie en Burdeos pero trabajo como un borgoñés"
Los viñedos
- J. Alberto, son 4,5 ha. 95% Malbec inter plantado con 5% Merlot, selección masal y pie franco, lo que quiere decir que no son clonadas y que cada una es diferente de la otra.
- A Lisa es viñedo de pueblo y estamos trabajando nuestro propio vivero para expandir ese material acá mismo, donde tenemos 45 ha.
- Noemía, 1½ hectáreas plantadas en 1932, es “otro viñedo”, que rinde en cualquier tipo de situación, es un Grand Cru patagónico.
El grano del Malbec de Noemía es un poco más grande que el de J. Alberto, suelo con más arcilla, orientación este-oeste, rodeado de alameda, con otra luz, un poco más alto y hace un poco menos de frío que en J. Alberto, con una energía muy particular. Un 75% de las plantas son originales, y el resto se va renovando continuamente mediante mugrón o se van generando en el mismo viñedo.
Palissage: es algo que vi en Borgoña y en Austria: la altura de conducción de la planta se llevó de 1,5 a 2,10 m en 2022, creando una segunda espaldera alta para no cortar el ápice, evitando así que la planta envíe señales de estrés a la raíz, entre la brotación y el envero (durante el ciclo vegetativo) ya que las envía a esos brotes de arriba, que después del envero si se pueden enrollar. Permite a la planta guardar energía para el final del ciclo, siendo mas equilibrada en todo: azúcar, ph y polifenoles, dando una madurez tranquila, que logra mantenerse “al dente” durante más tiempo y hace más fuerte a la vid. No se hacen raleos.
Funcionó bien pero bajó tanto el pH que, después, el vino no hacía la fermentación maloláctica. A la cosecha 2023 le llevó dos años hacerla, y es tan intenso ese vino que hay que dejarlo dos años más, debido a esa alta acidez. Recién después se restableció. En esta zona, típica para la plantación de manzanas, hay mucha bacteria málica, por lo que es necesario, sí o sí, hacer la fermentación maloláctica.
La poda es fundamental, porque tiene que equilibrar la planta. Noemía se poda respetando el calendario biodinámico lunar, el resto no, porque todo no se puede. Cada planta se analiza como con una radiografía, para decidir los cortes. Cada fila tiene su podador, son solo cuatro personas que podan todo. Se poda post primera helada, cuando las plantas comienzan a hibernar.
El viñedo está dividido en cuatro partes que se cosechan por separado y van, cada una, a cuatro cubas abiertas distintas, todos los años las mismas, que llamamos “cuchas”. Esto es importante, porque cada sector tiene sus propias levaduras, y eso se nota siempre en cada cosecha: son distintas en perfume, aroma y color, pero luego se ensamblan.
Acá somos mega orgánicos y tenemos la suerte que la bodega vecina (Chacra) también lo es, así que estamos en un sector de 10 km de radio, completamente orgánico.
La historia de Noemia
Descubrí el viñedo cuando los viejos de la zona me decían: la mejor uva y los mejores tomates son de Mainqué. Investigué en el catastro del INV (principios del 2000, apostando ya al Malbec) buscando viñedos viejos y di con éste, revisando los libros a cambio de una botella de burdeos francés. Cuando vine y vi estas plantas bajas, me dije, esto es para mi.
Era la época de los vinos de garage en Francia, en la cual, trabajando viñedos de pequeñas parcelas podías hacer vinos que se valoraran tanto como un Grand Cru. Los primeros tres años hice los vinos literalmente en un garage, en General Roca (en esa época con Noemí Marone Cinzano).
"Vivir acá todos los días, es clave"
Vivero
Donde estaba plantado el Riesling, al lado de Noemía, ahora está el vivero, poblado de estacas con Semillón de un viñedo de Humberto Canale, de 1937. Es una variedad que se da muy bien y antes nadie quería, pero ahora está de moda.
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| Estacas de Semillón en el vivero |
Los vinos
Elaboramos unas 75.000 botellas/año y exportamos a 30 países. En 2023, por las heladas, fueron solo 8.000 botellas, pero permitió una segunda flor (es el esfuerzo que hace la planta por sobrevivir), que dio racimos más chicos y concentrados y lo vinificamos, así como salió. Dio un perfil distinto, menos complejo pero muy “canchero”, muy expresivo, que nos sorprendió, confirmando que J. Alberto (de 1955) es un gran viñedo también.
“El vino es tiempo, al menos en bodegas como la nuestra”. Si lo vas a hacer hacelo bien, no hagas la mitad del trabajo, sino para que vivimos. La satisfacción viene después, en la copa, dar felicidad a través de ella, es algo noble, razón suficiente para confirmar lo que hacemos. El vino trae amor y paz, casi nunca en mi vida vi alguien agresivo con vino, con otras bebidas fuertes si".
- A Lisa es una etiqueta que se vende sola, le dice Musu, y sin embargo no aumentaste la producción.
- No, al revés, la bajé, contesta Hans. Porque hay que manejar bien la producción, la bodega, para seguir mejorándola y entender la fórmula, Si queda demanda insatisfecha es mejor que tener sobrantes. Somos una bodega familiar: Belén, el equipo y yo. Nuestro objetivo es la calidad. Este formato, en este momento de caída del consumo, tiene más chance de sobrevivir que otros, porque es un trabajo artesanal, somos artesanos. Cuatro personas en campo, dos o tres en bodega y dos en la oficina (nosotros incluidos), un proyecto que se maneja con diez personas en total. Nos gusta pensar que hacemos “Alta costura”.
La generación que no estuvo expuesta al vino, cuando llegue a los 35 años va a querer y el consumo se va a recuperar. Los vinos nunca fueron tan buenos, hoy en día no los hay malos. Tengo esperanzas, el vino es una de las bebidas más antiguas del mundo. Estamos en el momento más gris, con muchos lobbies actuando en contra, pero el vino tiene futuro.
La degustación
Servidos por Hans y Belén, catamos algunos de los vinos en el playón de recepción de uvas de la bodega.
- A Lisa 2025: nombrada así por su abuela, cuando ella estaba en vida, la primera añada fue en 2004.
- J. Alberto 2025 muestra de barrica: nombrada así por Giovanni (Juan) un primo de Noemí y por su padre, Alberto Cinzano. La primera añada fue la 2003.
- Noemía 2025 muestra de barrica: nombrada así por Noemí Marone Cinzano. La primera añada fue la 2001.
Llevo más de 20 años haciendo solo tres vinos comercialmente, para mejorar constantemente sin ampliar innecesariamente con más etiquetas, que hagan perder foco.
La 2025 (que está entrando en su segundo invierno de guarda) fue la cosecha más temprana en la historia de la región y de la bodega, maduración fenólica precipitada, adelantada casi un mes, debido a algunos picos de calor, el cambio climático se expresó mucho. Se manejó mínima extracción y la ventana de cosecha fue muy reducida.
Nunca cosechamos verde, eso es mala praxis, si lo haces no sos un buen enólogo, no hay que entrar en pánico. En un año así la maduración fenólica no va a llegar a lo justo, es algo inevitable. Se hace recorrido intenso en la viña todos los días, sumado a la intuición y escuchar la propia experiencia. Llega la uva a la bodega, catás el primer mosto y ahí vas a definir cuánta extracción vas a hacer.
Nuestra uva tiene mucha fruta, particularidad de la Patagonia. No son vinos austeros ni herbales, es un paraíso para la viticultura, es increíble que no haya mas gente haciendo vinos acá, pero bueno, es una zona difícil.
Los primeros 6 a 8 meses J. Alberto y Noemía van a tres recipientes: parte en barricas de 500 litros, parte en huevos de cemento y parte en ánforas de cerámica. Recién después de ese tiempo, ya con el vino, entendemos qué tipo de cosecha tuvimos. Porque no se puede definir una cosecha sin tener ya el vino probado. Se decide qué va a cada recipiente y cada tres meses se va analizando. Eso se llama “escuchar al vino”. Es el mismo vino en recipientes distintos, las distintas partes de una sinfonía. Todos los vinos van rotando y pasan por los tres recipientes.
Son vinos en los cuales no destacan aristas, ni especiadas, ni herbales, ni minerales, lo que destaca es la fruta, pero ojo, subyacen por debajo cada una de esas otras notas, de manera que completan el cuadro, incluso con una leve salinidad y mucha frescura y acidez, equilibrando todo.
Mi impresión: no solo son complejos y delicados, son vinos “ricos”, palabra que surge naturalmente al degustarlo, apoyada en la dulzura de la fruta. Noemía transmite paz en boca, el aporte de la barrica es fundamental, las Taransaud T5 logran elevar la experiencia y que todo eso que viene del viñedo se integre, se afine y que todas esas capas y complejidades fluyan de una manera sutil y aterciopelada, en estos grandes vinos.
Para cerrar esta nota voy a utilizar las palabras de Musu (amigo y organizador del viaje): "escucharlo a Hans fue puro aprendizaje, su manera de hablar de cada planta, de cada detalle y de cada decisión de trabajo tiene algo muy potente". Y lo más lindo es que todo eso después aparece en sus vinos.

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