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miércoles, 12 de agosto de 2026

Viñedos del Inca

Wayocari: el vino del valle sagrado

Viñedos del Inca puso al Cusco y a Perú en el mapa mundial

Lo que comenzó como el sueño de un apasionado del vino terminó convirtiéndose en uno de los proyectos vitivinícolas más sorprendentes de Sudamérica. Desde Huayoccari, en el Valle Sagrado, Wayocari demuestra que los Andes peruanos también pueden dar origen a vinos de clase mundial.

A principios de este año decidí finalmente dejar de postergar un viaje que tenía en mi lista de deseos desde hacía muchos años: ir a Machu Picchu, en Perú. Siempre que planifico un destino me ocupo de investigar cuál es la actividad vitivinícola de la zona para, si es posible, sumar una visita a bodegas o viñedos. En este caso, sabía que la principal región elaboradora de vinos del Perú es Ica y que, por una cuestión de tiempo disponible, no iba a poder incluirla en el itinerario. Sin embargo, cuando ya tenía todo organizado y faltaba poco para viajar, descubrí, no sin sorpresa, que a pocos kilómetros de Ollantaytambo, parada obligada para tomar el tren hacia Machu Picchu, un arriesgado emprendedor peruano no solo se había animado a plantar viñas, sino que también había logrado un importante reconocimiento internacional con uno de sus vinos.

Se trataba de Carlos del Campo, empresario vinculado durante más de veinte años al mundo de la biotecnología médica, pero también un apasionado coleccionista de vinos que, durante sus viajes junto a su esposa, Silvia Robinson, comenzó a gestar la inquietud de desarrollar un proyecto propio.

Gracias a que el enólogo del proyecto es el argentino Ezequiel Belloni (a quien conocí el año pasado en mi viaje a Jujuy, donde es protagonista en Amanecer Andino y Yacoraite) obtuve su contacto y se mostró ampliamente dispuesto a recibirme en el viñedo. Pero una vez en la zona, no logré coordinar la visita por cuestiones logísticas. Aunque las distancias en kilómetros eran cortas, apenas 32, parte de la ruta estaba en obras y los tiempos de viaje de ida y vuelta rozaban las tres horas. Eso, sumado al tiempo necesario para recorrer el viñedo y la bodega, no encajaba en mi apretada agenda.

Pese a ello, creo que vale la pena contar esta historia, no solo por ser novedosa sino también por lo exitosa. Y porque mientras recorría los bellos y energéticos paisajes del Valle Sagrado de los Incas, atravesado por las aguas del río Vilcanota, admirando las laderas agrícolas ubicadas a casi 3.000 metros sobre el nivel del mar, no podía dejar de imaginarlas plantadas con vides aterrazadas, como ocurre en otros lugares emblemáticos del mundo del vino, desde las pendientes que acompañan al río Duero hasta las espectaculares laderas del Mosela.

En el mundo del vino es frecuente encontrar soñadores que desafían el sentido común y logran lo que durante mucho tiempo pareció imposible: producir vinos de clase mundial en sitios impensados. Wayocari es uno de esos casos. Una historia que comienza en el corazón de los Andes peruanos y que hoy atrae la atención de algunos de los críticos más influyentes del planeta.

Allí, donde la viticultura parecía una apuesta improbable, nació Wayocari, un vino de altura elaborado por Viñedos del Inca que alcanzó uno de los mayores reconocimientos obtenidos por una etiqueta peruana. En su Reporte Perú & Bolivia 2026, el influyente crítico británico Tim Atkin MW otorgó 95 puntos al Wayocari Tannat Reserve 2023, convirtiéndolo en el vino mejor calificado del Perú y distinguiéndolo además como "Red Wine Discovery of the Year".

El logro representa mucho más que una medalla o una puntuación destacada. Es la validación internacional de un proyecto que combina territorio, identidad cultural, innovación y desarrollo comunitario en una de las regiones más emblemáticas del continente.

Un sueño nacido de la pasión por el vino

La idea en Carlos comenzó a tomar forma tras descubrir la industria vitivinícola de altura de Tarija, en Bolivia. Allí comprobó que era posible elaborar vinos de gran calidad en condiciones extremas. Aquella experiencia le hizo preguntarse por qué no intentar algo similar en el Cusco.

"Creo que la altura y la tierra son la clave en toda esta empresa. Sembrar aquí es como sembrar en Burdeos o California, te va a ir superbien. Viéndolo desde un punto de vista nativo, yo quise hacer algo por mi gente, mi tierra y mis creencias", ha explicado Del Campo.

A partir de esa convicción comenzó la búsqueda de tierras en Huayoccari, una tarea nada sencilla en una comunidad donde el valor agrícola y emocional de la tierra hace que pocas parcelas estén disponibles. Comprando pequeños lotes y alquilando otros, logró consolidar unas dos hectáreas de viñedos.

Un terroir extremo en el corazón de los Andes

Los viñedos se encuentran sobre la margen del río Vilcanota y bajo la imponente presencia del nevado Pitusiray, una geografía que define por completo la personalidad de los vinos.

La altitud cercana a los 3.000 metros, la intensa radiación solar y una amplitud térmica que puede llevar las temperaturas desde los 0 °C durante la noche hasta cerca de 28 °C durante el día generan condiciones excepcionales para el cultivo de la vid. Estas características favorecen una maduración lenta y equilibrada, permitiendo obtener uvas con gran concentración de compuestos fenólicos, taninos firmes y una notable intensidad aromática.

En este entorno se desarrollan variedades como Tannat, Malbec, Petit Verdot y Gewürztraminer, aunque ha sido precisamente la Tannat la que mejor ha expresado el potencial del lugar.

Como ya comentamos, para acompañar el crecimiento del proyecto, Del Campo incorporó el asesoramiento del enólogo argentino Ezequiel Belloni, quien viaja periódicamente al Valle Sagrado para supervisar el viñedo y la elaboración de los vinos.

El Tannat que conquistó a Tim Atkin

La mayor noticia para Wayocari llegó este año con la publicación del reporte de Tim Atkin. Sobre el Wayocari Tannat Reserve 2023, el crítico británico escribió: "Es un excepcional Tannat puro procedente del viñedo más alto de Perú, situado cerca de Cusco a 2.900 metros de altitud. Criado en barricas nuevas de roble francés y americano perfectamente integradas, es un tinto serio y joven, de fina estructura, con aromas de salvia y menta, gran vivacidad y acidez, taninos texturizados y un núcleo de fruta de ciruela y cereza negra."

   

La evaluación de 95 puntos lo posiciona no solo como uno de los mejores vinos del Perú, sino también como una de las etiquetas más destacadas del informe de Atkin para Perú y Bolivia.

En una industria dominada históricamente por países como Francia, Italia, España, Argentina o Chile, el reconocimiento confirma que los vinos producidos en territorios no tradicionales comienzan a captar la atención de los principales referentes internacionales.

Un proyecto con fuerte impacto social

La historia de Wayocari no se limita al vino. Desde sus inicios, el proyecto fue concebido como una oportunidad de desarrollo para la comunidad de Huayoccari. Actualmente alrededor de veinte personas trabajan de manera permanente en los viñedos y en la nueva bodega de Viñedos del Inca. Muchas de las tareas agrícolas y de cosecha son realizadas por mujeres de la comunidad, cuya participación resulta fundamental en el cuidado de las plantas y la selección manual de los racimos.

Toda la producción se realiza íntegramente en territorio cusqueño y bajo criterios de agricultura orgánica, evitando insecticidas y privilegiando prácticas respetuosas con el entorno. Entre las figuras más queridas del proyecto se encuentra Lucio Alccacontor, técnico agropecuario de 74 años que acompaña el emprendimiento desde 2019. Incluso después de perder la vista, continúa supervisando las labores del campo con la ayuda de su hija Carla, manteniendo un vínculo diario con las viñas que ayudó a desarrollar.

Presente en la alta gastronomía peruana

La calidad de Wayocari ya había comenzado a llamar la atención antes del reconocimiento de Tim Atkin. El vino consiguió ingresar a cartas de algunos de los restaurantes más prestigiosos del Perú, entre ellos Mayta, Astrid & Gastón, Mérito y La Rosa Náutica.

Pedro Cuenca, sommelier y director de Perú Vino, destaca que se trata de uno de los vinos elaborados a mayor altitud del mundo y de una producción necesariamente limitada por las condiciones logísticas y geográficas del Valle Sagrado.

En Mayta, el head sommelier Ronald Carhuas lo incorpora dentro del recorrido de maridajes junto a etiquetas de países con larga tradición vitivinícola. Para él, Wayocari logra transmitir en la copa la energía, la geografía y la identidad del Cusco.

Un nuevo capítulo para el vino peruano

La historia del vino en el Cusco no es nueva. El Inca Garcilaso de la Vega ya mencionaba cultivos de vid en la hacienda Marcahuasi durante el siglo XVI. Cinco siglos después, Wayocari retoma ese legado desde una perspectiva contemporánea y lo proyecta hacia el escenario internacional.

   

El reconocimiento de Tim Atkin confirma que el Valle Sagrado posee condiciones capaces de producir vinos de excelencia y abre una ventana de enorme valor para la vitivinicultura peruana.

Desde las alturas de Huayoccari, Viñedos del Inca demuestra que los grandes vinos pueden surgir donde pocos se atreven a buscarlos. Y que el Perú, tradicionalmente asociado al pisco, tiene hoy una nueva historia para contar en el mundo del vino.

Fotos gentileza de Viñedos del Inca

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