Novedades / Gacetillas de Prensa (contenido no verificado por El Ángel del Vino)

lunes, 10 de agosto de 2026

Los vinos de bodega Chacra

Los vinos de bodega Chacra

Bodega Chacra: cuando el viñedo habla a través del vino

Si la primera nota estuvo dedicada al lugar, a la historia y a la filosofía de Piero Incisa della Rocchetta, esta segunda entrega puede enfocarse en lo que finalmente termina expresando todo ese trabajo: los vinos.

Después de recorrer los viñedos y conversar sobre la visión que impulsó a Piero Incisa della Rocchetta a rescatar antiguas parcelas de Pinot Noir en Río Negro, llegó el momento más esperado de la visita a Bodega Chacra: sentarse frente a las copas y descubrir cómo cada uno de esos pequeños viñedos logra expresar una personalidad propia.

En Chacra nada parece librado al azar. La agricultura orgánica y biodinámica, el trabajo con viñas sin injertar, las fermentaciones con levaduras autóctonas y una intervención mínima en bodega forman parte de una búsqueda obsesiva de pureza. El objetivo no es construir vinos a partir de decisiones enológicas, sino permitir que cada parcela cuente su historia.

Aunque durante la visita no degusté todas las etiquetas elaboradas por Bodega Chacra, sino únicamente aquellas que aparecen fotografiadas en esta nota, considero que para comprender la dimensión del proyecto resulta valioso recorrer la totalidad de su portfolio. Por eso, además de las impresiones surgidas de la degustación, estas líneas incluyen una descripción general de todos los vinos que actualmente forman parte de la propuesta de la bodega.

Barda, la puerta de entrada al universo Chacra

Barda nace de los viñedos más jóvenes de la propiedad, plantados en 1990 sobre suelos ligeramente arenosos. Es el vino pensado para disfrutar desde joven, con una estructura abierta, una graduación alcohólica moderada y una versatilidad poco común.

En copa muestra el perfil que identifica a los Pinot Noir de la casa: fruta roja nítida, una marcada impronta mineral y un delicado registro terroso y especiado. Aparecen notas de ciruela roja, frambuesas secas y sutiles matices cárnicos que aportan complejidad sin perder frescura. La crianza, repartida entre hormigón y barricas de roble francés, acompaña sin invadir.

Es probablemente el vino que mejor resume la filosofía de Chacra: precisión, frescura y elegancia por encima de cualquier búsqueda de concentración.

Cincuenta y Cinco, la tensión hecha vino

El nombre proviene de un viñedo plantado en 1955 sobre un antiguo lecho de río cubierto de guijarros. Allí las raíces profundizan en busca de agua y nutrientes, generando un vino de enorme energía.

La fermentación con racimos enteros y a bajas temperaturas potencia el carácter floral, mientras que la crianza respeta la identidad del viñedo. El resultado es un Pinot Noir de gran pureza, donde aparecen notas de fresa seca, arándanos, cerezas frescas y un delicado recuerdo de yodo.

Lo que más impresiona es la tensión. Hay nervio, verticalidad y una sensación mineral persistente que atraviesa todo el recorrido. Su final es largo, refinado y profundamente patagónico.

Chacra Treinta y Dos, profundidad y capacidad de guarda

Si Cincuenta y Cinco representa la tensión, Chacra Treinta y Dos muestra el lado más estructurado de la bodegaLas uvas provienen de un viñedo plantado en 1932 sobre un complejo mosaico de arcilla, arena y guijarros. La larga crianza, entre hormigón y barricas usadas de roble francés, aporta complejidad sin ocultar el origen.

En nariz despliega capas de especias tostadas, hierbas secas y un delicado recuerdo ahumado que acompaña a la fruta roja madura. En boca se muestra más profundo, con taninos aterciopelados y una densidad mayor que el resto de los Pinot Noir de la casa.

Sin embargo, pese a su estructura, nunca pierde frescura ni precisión. Es un vino pensado para evolucionar durante muchos años, aunque su equilibrio permite disfrutarlo plenamente desde hoy.

Lunita, el renacimiento de un viñedo histórico

Pocas historias resultan tan personales para Piero como la de Lunita. El vino nace de una parcela de apenas una hectárea y media de viñas antiquísimas sin injertar que la familia recuperó durante más de una década. Durante años esas uvas formaron parte de otros vinos porque el viñedo todavía no había alcanzado el equilibrio buscado. Recién cuando recuperó plenamente su vitalidad comenzó a vinificarse por separado.

La fermentación por infusión, evitando cualquier extracción excesiva, permite obtener un vino especialmente delicado. La fruta aparece definida con precisión, acompañada por una sensación calcárea que atraviesa todo el paladar.

Más que potencia, Lunita ofrece sutileza. Es un vino de detalles, de capas que se revelan lentamente, y quizás uno de los mejores ejemplos de la sensibilidad con la que trabaja Chacra.

Sin Azufre, el experimento convertido en vino

Sin Azufre nació como un proyecto personal de Piero y sigue siendo una de las etiquetas más singulares de la bodegaAquí la propuesta consiste en elaborar vino prescindiendo completamente del agregado de sulfitos. Las decisiones se toman observando la evolución natural de la fermentación, utilizando únicamente la experiencia sensorial como guía.

Las uvas provienen de una selección especial dentro del viñedo Cincuenta y Cinco. El resultado es un Pinot Noir de notable transparencia, donde la fruta, la mineralidad y la energía aparecen prácticamente sin filtros.

Tiene una textura sedosa, taninos perfectamente integrados y una vitalidad que sorprende. Es un vino que parece respirar en la copa y que refleja con claridad la filosofía de mínima intervención que caracteriza a Chacra.

Los Chardonnay de Chacra y la alianza con Jean-Marc Roulot

La historia reciente de la bodega incorporó un capítulo fundamental con la llegada del reconocido productor borgoñón Jean-Marc Roulot. Juntos desarrollaron una interpretación muy particular del Chardonnay patagónico.

Chacra Chardonnay

Elaborado a partir de viñas de unos cuarenta años plantadas sobre suelos minerales cubiertos de caliza, es un blanco de gran precisión. Intenso y enérgico, combina volumen y austeridad con naturalidad.

La fruta blanca se integra con notas cítricas y una distintiva sensación salina que constituye una de las marcas registradas de estos Chardonnay patagónicos. La crianza en huevos de hormigón, acero inoxidable y barricas usadas aporta complejidad sin restar frescura.

Mainqué

Mainqué comparte la misma filosofía, aunque desde una expresión más accesible y directa. La cosecha temprana preserva una acidez vibrante y permite destacar la fruta. La ausencia de fermentación maloláctica conserva tensión y nitidez. En boca aparecen notas cítricas, frutas de carozo y una mineralidad calcárea que prolonga el final.

Es un Chardonnay vibrante, preciso y enormemente gastronómico.

Roka, otra interpretación de la Patagonia

La degustación concluyó con Roka, un Malbec que muestra otra faceta de la regiónSu crianza combina predominantemente concreto, con pequeños aportes de barrica francesa y ánforas artesanales. El resultado es un vino que privilegia la frescura y la pureza de fruta por encima del peso o la extracción.

Roka demuestra que la mirada de Chacra sobre el vino puede trasladarse a otras variedades manteniendo la misma búsqueda de transparencia y origen.

Chacra Syrah, una rareza patagónica

Si el Pinot Noir es el corazón de Chacra, el Syrah representa una de sus expresiones más inesperadas. Lejos de los perfiles maduros y exuberantes que suelen asociarse a esta variedad, la interpretación de Chacra se ubica en un registro completamente diferente, marcado por la frescura, la textura y la identidad del lugar. El vino proviene de un pequeño viñedo trabajado bajo los mismos principios orgánicos y biodinámicos que caracterizan a toda la propiedad. La elaboración busca preservar la pureza de la fruta y la expresión del terroir, evitando cualquier exceso de extracción o protagonismo de la madera.

En la copa ofrece aromas de frutas negras frescas, aceitunas, hierbas silvestres y especias, acompañados por una marcada impronta mineral. La boca combina tensión y profundidad, con taninos finos, una textura sedosa y una acidez que aporta energía y longitud.

Más cercano al espíritu de algunos Syrah del norte del Ródano que a las versiones más potentes del Nuevo Mundo, este vino sorprende por su elegancia y precisión. Es una muestra más de cómo el clima fresco y los antiguos suelos patagónicos permiten a Chacra construir vinos con personalidad propia, donde la variedad nunca se impone sobre el paisaje.

Al degustarlo junto a los Pinot Noir y los Chardonnay de la bodega, queda en evidencia que no se trata de una excepción dentro del portfolio, sino de otra pieza del mismo rompecabezas: vinos que privilegian la identidad, la pureza y la capacidad de transmitir con claridad el lugar del que provienen.

La identidad de Chacra

Al finalizar la degustación quedó claro que los vinos de Chacra no buscan impresionar por potencia ni por artificios enológicos. Su grandeza aparece en otro lugar: en la precisión, en la capacidad de transmitir un paisaje y en una elegancia que parece surgir naturalmente de cada viñedo.

Pocos proyectos en Argentina han logrado construir una identidad tan definida. Desde Barda hasta Treinta y Dos, desde los Pinot Noir hasta los Chardonnay elaborados junto a Jean-Marc Roulot, todos los vinos comparten un mismo hilo conductor: la convicción de que el mejor vino es aquel que permite escuchar la voz del viñedo.

Notas de este blog sobre el vino patagónico y del Alto Valle:

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cuando dejas tus comentarios nos ayudas!