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jueves, 15 de octubre de 2026

Altar Uco

Bodega Altar Uco

Nueve años después, la quietud sigue marcando el rumbo

En 2017, cuando conocí a Juan Pablo Michelini presentando oficialmente Altar Uco, el proyecto ya llevaba unos años de gestación. Te cuento ahora su evolución, al encontrame con él en su nueva bodega de Valle de Uco.

En aquel momento escribí sobre "vinos de quietud", una definición que aparecía impresa en las cápsulas y que resumía bastante bien una filosofía basada en la paciencia, las crianzas prolongadas y la búsqueda de una elegancia que no siempre era fácil encontrar en la Argentina de esos años (y tampoco lo es hoy).

Visitar la bodega, recientemente inaugurada, casi una década después de aquella presentación de Altar Uco, tiene a la vez algo de ejercicio retrospectivo. No solamente porque me permitió ver cuánto evolucionaron los vinos, sino porque también me ayudó a entender mejor muchas de las cosas que Juan Pablo explicaba entonces y que recién ahora alcanzan su verdadera dimensión. La sensación que queda después de recorrer la nueva bodega y degustar las distintas líneas es que Altar Uco cambió muchísimo, pero sin abandonar nunca aquella idea original.

Junto a Mauricio Calderón, responsable de la bodega, recorrimos el edificio que fue construido entre 2024 y 2025 y que tuvo este año su primera vendimia. Se ubica dentro del complejo Tupungato Vinelands, con un predio propio de cuatro hectáreas, de las cuales se plantarán tres. 

 

La historia del proyecto, sin embargo, comenzó mucho antes. Sus orígenes se remontan a 2014, en la Bodega Zorzal (de la cual Juan Pablo continúa siendo su enólogo) y donde Maia Echegoyen, hoy responsable de la viticultura en Altar Uco, dio sus primeros pasos profesionales. De aquella etapa permanece, como símbolo, una ánfora de cerámica que trajeron desde Zorzal y que hoy se conserva a las puertas de la bodega.

Aunque de dimensiones contenidas, la bodega está equipada con una infraestructura que permite trabajar cada parcela y cada vino con gran precisión. Cuenta con tres piletas de cemento en forma de copa de 45 hectolitros, dos huevos de cemento de 33 hectolitros, dos piletas cuadradas de 55 hectolitros destinadas principalmente a la guarda de tintos, y tanques de acero inoxidable de 25 y 10 hectolitros utilizados para la segunda crianza de los vinos de la línea Edad Media.


El equipamiento se completa con dos fudres Boutes de 30 hectolitros dedicados al Pinot Noir y otros cinco fudres de 20 hectolitros, tres Boutes y dos Stockinger. La cava, equipada con humidificador y dos climatizadores, alberga unas 45 barricas de distintos tamaños, en un espacio concebido para acompañar la evolución pausada de vinos que reflejan la filosofía de la casa.


Durante la visita, Michelini recordó que el concepto de Altar viene de larga data. Incluso antes de pensar en la línea Edad Antigua o de imaginar la estructura actual del proyecto, ya existía una pregunta que funcionaba como disparador: cómo hacer una "mini Borgoñita". “Todo empezó en 2012, después de probar un vino de Zorzal que había elaborado siete años antes sin pensar especialmente en su guarda y que, sin embargo, estaba espectacular. En aquella época todavía no entendíamos tanto el impacto de la altitud, la radiación solar y otros factores del lugar. Tampoco se hablaba demasiado del potencial de guarda de los vinos de altura. Esa experiencia me hizo reflexionar y despertó la necesidad de encarar un proyecto enfocado precisamente en elaborar vinos pensados para el largo plazo. En una ánfora con forma de huevo puse Malbec, Cabernet Franc y Merlot para dar lugar al Edad Media tinto 2014". 

Daniel Kokogian y Juan Pablo Michelini

Pero las ganas chocaban con la escasez de recursos económicos para llevarlo adelante, con aportes de amigos lo sostuvo en 2015 y a partir de 2016 se suma el otro socio fundador, Daniel Kokogian, quien apostó financieramente por una iniciativa que desde el inicio estuvo pensada con una visión de largo plazo, para madurar mucho más lentamente que la mayoría de los proyectos vitivinícolas argentinos. Los Edad Media llegaron finalmente al mercado en 2017, en 2018 se lanzaron los Edad Moderna (la línea entry level destinada a sostener la bodega con un flujo de caja positivo) y ya estaban en guarda los Edad Antigua blanco y tinto.

Esa estructura sigue apoyándose sobre tres pilares:

  • Edad Moderna, con un año de guarda, representa fundamentalmente al vino y al lugar. Juampi explica que "para poder transmitir la frescura, textura, nervio, tensión, salinidad y mineralidad de un sitio, no se puede guardar el vino más de un año, porque se va transformando. Y, a la vez, esta línea coincide con el concepto de vinos que se busca hoy, el terroir en la botella". En esta linea hay un blanco con alma de Sauvignon Blanc, un Malbec y un Blend, y en 2026 se agregarán Cabernet Franc y Pinot Noir.
  • Edad Media, con cuatro años de guarda entre barrica (u otro recipiente) y estiba. Guarda que busca la transformación. Son los vinos del inicio, los que les dieron identidad y los más galardonados teniendo en cuenta su nivel de precio.
  • Edad Antigua, aquí la guarda en bodega es extrema, pueden ser 6 a 8 años y Juanpi está apuntando a llegar a 10. Explora aquello que sucede cuando el tiempo deja de ser una variable y se convierte en un ingrediente más. No salen todos los años, porque tienen que alinearse todos los planetas (añada, disponibilidad de fudres, etc.). "Este vino existe porque con Koko queremos hacer el mejor vino del mundo, para nosotros", dice Michelini con picardía. Y yo me pregunto, ¿Por qué no?. 

El camino estuvo lejos de ser lineal. Hubo pruebas, errores, ensayos que no llegaron a buen puerto y años enteros dedicados a aprender. Hasta ahora todas las uvas las compran a productores, pero los primeros viñedos propios comenzarán a plantarse próximamente en las tres hectáreas que rodean a la bodega dentro de Tupungato Winelands.

La explicación de Michelini resulta particularmente interesante porque evita cualquier solemnidad. Para él, lo extraordinario puede convertirse en algo ordinario cuando transcurren cien años. Por eso habla permanentemente de transformación. No alcanza con el origen ni con el terroir, lo fundamental es entender qué ocurre con el vino durante el proceso.

La degustación confirmó cada impresión

El recorrido comenzó con una muestra de Edad Moderna Blanco 2024, un blend compuesto por aproximadamente 75% Sauvignon Blanc y 25% Chenin. Más que la fruta o la frescura, llamó la atención la armonía del conjunto. El Sauvignon Blanc sigue siendo reconocible, pero aparece bastante más integrado que en aquellas primeras cosechas. Hay tensión, pero también una textura más trabajada y un equilibrio que parece reflejar la madurez alcanzada por el proyecto.

Luego llegó una muestra de Edad Moderna Malbec 2023. Lo primero que aparece es una textura que sorprende. El vino tiene nervio y energía, pero también una sensación táctil muy particular. Juan Pablo comentaba que hay elementos que se perciben claramente entre Edad Media y Edad Antigua, mientras que otros continúan evolucionando y buscando su lugar. Da la sensación de que hoy Altar Uco está más interesado en construir textura que en impresionar con potencia. Para comparar, también pudimos probar una muestra del futuro Edad Moderna 2026, brioso y texturado, características que el 2023 fue dejando paulatinamente de lado para ganar en complejidad gracias a la guarda.

Otra muestra particularmente reveladora fue Edad Media Blanco 2021. El vino pasó un año en barrica, siete meses en tanques de acero inoxidable y luego más de dos años adicionales en estiba antes de salir al mercado. Chardonnay con un pequeño porcentaje de Chenin, fue elaborado bajo una lógica donde la oxidación deja de entenderse como un defecto para convertirse en una herramienta. Michelini explicaba que el objetivo es permitir que esa oxidación (que ciertos años llega a formar un velo) construya complejidad y sea la identidad del vino. En boca aparece una personalidad que resulta difícil encontrar en el contexto argentino. Hay volumen, profundidad y una sensación de calma que remite inmediatamente a la filosofía original de Altar Uco. "Este es un vino que amamos, la línea más madura de Altar Uco, casi único, difícil de encontrar algo así en otras bodegas", dice Michelini. Fue, durante tres años seguidos elegido el mejor blanco de Argentina por la Guía Descorchados.

En el otro extremo del recorrido apareció Edad Antigua Blanco 2018, elaborado mitad Chardonnay y la otra mitad en partes iguales de Sauvignon Blanc y Chenin Blanc. Tal vez fue uno de los vinos que mejor explican el proyecto. Después de todos estos años conserva frescura, tensión y energía, pero lo que más impresiona es su capacidad para combinar complejidad con delicadeza. La crianza se realiza en foudres austríacos Stockinger, reconocidos por integrar la madera de manera natural y respetuosa del vino. Al degustar este vino de tan solo 11,5° de alcohol, no hay papila gustativa que se queje, todo es armonía y sedosidad.

Entre los tintos, Edad Media Tinto 2021, elaborado con Malbec y Cabernet Franc de Gualtallary, la combinación perfecta, mostró probablemente el costado más ambicioso de la filosofía de Altar Uco. Permaneció un año en barrica de 500 litros, otro en pileta de cemento y luego dos más en botella. Fue elegido mejor tinto de Argentina por Descorchados, con 98 puntos.

Su hermano mayor, el Edad Antigua Tinto 2018 pasó cerca de tres años en foudres y después varios años más en botella antes de llegar al mercado. En lugar de perder energía, la crianza parece haber aportado una dimensión adicional. La boca tiene profundidad, pero también precisión. Resulta llamativo comprobar cómo el tiempo no apagó al vino sino que terminó enriqueciéndolo.

Novedades en Altar Uco

Tuvimos el privilegio de ser los primeros periodistas o comunicadores en visitar la bodega, lo que nos permitió conocer algunos de los próximos lanzamientos. En 2019 y 2020 venían elaborando bastante Chardonnay al estilo Borgoña, en Gualtallary. No se trataba de reproducir algo imposible, sino de apropiarse de algunos conceptos que allí parecen innegociables (escala pequeña, enorme atención al detalle) adaptándolos al concepto de respeto por el tiempo de Altar Uco. Tal vez por esa razón apareció una nueva categoría llamada Liminal, concebida como un puente entre Edad Media y Edad Antigua. El nombre define perfectamente ese territorio de transición donde el vino ya comenzó a transformarse, pero todavía no alcanzó los niveles más extremos de evolución que propone Edad Antigua. 

Probamos de barricas las muestras del Liminal Chardonnay 2025 (excelente, con una nariz muy particular) y el Liminal Pinot Noir 2024 con un año y medio de crianza en una barrica que Juampi se empecinó en conseguir, tocando todos sus contactos, luego de haber descubierto en un viaje a Borgoña que los vignerones de allí la tenían como un secreto muy bien guardado. 

Altar Uco: vinos de quietud

Mientras degustábamos los vinos más antiguos, no pude evitar recordar aquella presentación realizada en 2017. Por entonces Edad Antigua era apenas una promesa y la paciencia parecía formar parte de un discurso, más que de una realidad tangible. Hoy esas botellas están sobre la mesa. Y lo más interesante es comprobar que el tiempo les dio la razón.

Muchos proyectos nacidos durante aquella misma época cambiaron radicalmente de rumbo y algunos desaparecieron. Altar Uco, en cambio, parece haber evolucionado junto con sus vinos. La incorporación de nuevas personas, la construcción de una nueva bodega y la expansión de las líneas no modificaron la esencia original. Por el contrario, ayudaron a profundizarla. Resulta llamativo comprobar que algunas de las ideas que parecían más arriesgadas en 2017 son precisamente las que hoy distinguen a la bodega.

Al final de la visita me quedó la misma sensación que había tenido nueve años atrás, aunque ahora respaldada por la evidencia. Altar Uco sigue siendo un proyecto que cree en la paciencia, en la transformación y en la capacidad del tiempo para convertir algo extraordinario en algo aparentemente simple. 

Quizás por eso la frase que aparece en las cápsulas sigue teniendo tanta vigencia como entonces. Son, efectivamente, vinos de quietud.


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