La fiel expresión del terroir, haciendo un trabajo de hormigas
Recorrido junto a la embajadora de marca Alice Viollet y el agrónomo Juan José Borgnia.
La última visita realizada en el viaje a Mendoza que efectuamos varios miembros de Argentina Wine Bloggers, fue a la nueva finca de la Bodega Altos Las Hormigas, que han llamado "Jardín Altamira".
Llegamos a esta nueva finca con mucha expectativa para ver cómo se va trazando y delineando el trabajo de trazado de fincas de precisión una especialidad en la que ésta bodega se destaca en Mendoza.
Uno de sus socios, el chileno Pedro Parra, es un especialista en caracterización de suelos para viñedos y esta es su última obra: junto al agrónomo Carlos Vázquez durante los años 2010 y 2011 buscaron tierras por muchas zonas de Valle de Uco, incluyendo Chacayes y Gualtallary y realizaron unas 100 calicatas, para finalmente optar por comprar esta finca ubicada en Altamira.
Pronto tuvieron los primeros desafíos: el gobierno, cuidando el recurso más escaso en la zona -el agua- les prohibía realizar excavaciones. Recién lograron el permiso para perforar en 2015 y debido a la cantidad y tamaño de las piedras, llegar a la napa a 240 metros de profundidad les llevó un año de trabajo y varios disgustos con los contratistas, a los que se les rompían las máquinas.
Finalmente, a fines de 2016 lograron tener agua, pero recién luego atender la cosecha de 2017 en las otras fincas de la bodega, pudieron dedicarse a trabajar el terreno y prepararlo para plantar, lo cual se realizó en setiembre de 2018.
Uno de sus socios, el chileno Pedro Parra, es un especialista en caracterización de suelos para viñedos y esta es su última obra: junto al agrónomo Carlos Vázquez durante los años 2010 y 2011 buscaron tierras por muchas zonas de Valle de Uco, incluyendo Chacayes y Gualtallary y realizaron unas 100 calicatas, para finalmente optar por comprar esta finca ubicada en Altamira.
Pronto tuvieron los primeros desafíos: el gobierno, cuidando el recurso más escaso en la zona -el agua- les prohibía realizar excavaciones. Recién lograron el permiso para perforar en 2015 y debido a la cantidad y tamaño de las piedras, llegar a la napa a 240 metros de profundidad les llevó un año de trabajo y varios disgustos con los contratistas, a los que se les rompían las máquinas.
Finalmente, a fines de 2016 lograron tener agua, pero recién luego atender la cosecha de 2017 en las otras fincas de la bodega, pudieron dedicarse a trabajar el terreno y prepararlo para plantar, lo cual se realizó en setiembre de 2018.
Para ello antes Pedro Parra realizó sus estudios, que implicaron la excavación de sesenta calicatas distribuidas en un trazado marcado por sectores separados cada 16 metros. La finca es un rectángulo de 625 m en la dirección norte-sur y 880 m en dirección oeste-este, abarcando un total de 55 hectáreas que fueron analizadas y divididas en cuarteles de entre 1 y 2 hectáreas cada uno, de acuerdo a sus características de suelos. Esto generó un dibujo totalmente asimétrico de cada cuartel, con sus límites sólo impuestos por la caprichosa distribución de los tipos de suelo.
A quien viene por primera vez le llamará la atención la cantidad de piedras y, de ellas, dos cosas: la mayoría tienen formas redondeadas y además están en su mayor parte recubiertas por algo blanco. Lo primero es porque estas piedras no estuvieron siempre en este lugar, viajaron bastante para llegar aquí. Provienen de la cordillera y llegaron rodando violentamente por varios kilómetros, con la fuerza del agua de deshielo de los grandes glaciares que cubrieron lo alto de la cordillera y formaban enormes aluviones.
Ese violento tránsito, rodando y chocando unas contra otras con fuerza brutal, les pulió las aristas y las redondeó.
El tema del color se debe al calcáreo con el que se fueron cubriendo (una explicación de este fenómeno en la nota Los suelos de Altamira) siendo esta última una de las propiedades que hacen tan valorados los suelos de Valle de Uco para el cultivo de la vid.
Ya delimitados los cuarteles se han dejado muchos sectores naturales, cubiertos de la flora nativa y plantado 31 hectáreas de Malbec, una de Bonarda y una de Semillón.
Basta con recorrer la finca para que quede a la vista que el arduo trabajo de segmentación de suelos tiene su razón de ser: hay zonas donde el terreno, pese al retiro de las piedras más grandes, igual queda plagado de piedras blanquecinas y otros que sorprenden por no contener ni una, solo limo.
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| Cuartel con suelos pedregosos |
Cada cuartel de suelos determina la manera en que se tratará el viñedo, fundamentalmente en lo relativo a la administración del recurso más escaso de la zona: el agua. Los cuarteles con limo serán regados menos frecuentemente ya que estos suelos tienen capacidad de retener el agua, mientras que aquellos llenos de piedras la drenan muy fácilmente. Otros factores entran también en juego, como la capacidad de retener el calor de cada uno.
Hay un sector al que dieron en llamar "Clos de los Grand Cru" que fue demarcado con muros de piedras apiladas, como se observa al fondo en la foto siguiente, las mismas piedras que era necesario retirar para la preparación necesaria para la plantación y para permitir luego transitar a los tractores que realizan las tareas de mantenimiento del viñedo.
Y no es difícil encontrar esas piedras, porque si hay algo que sobra en Altamira además del sol, el viento y una impresionante vista a la Cordillera, son las piedras. Las hay de todos los tamaños, pero principalmente las hay grandes, muy grandes y enormes, como ésta en la que nos subimos para la foto. Hay que verlo para creerlo.
Dentro del Clos de los Grand Cru se realizaron otras 60 calicatas adicionales para profundizar en el conocimiento de sus suelos.
Hay muchas expectativas para esta finca: en primer lugar porque sabemos la seriedad con que Altos las Hormigas ha desarrollado siempre su proyecto dando lugar a sus destacados vinos Colonia las Liebres y Altos las Hormigas. En segundo lugar porque hemos podido ver de primera mano cómo van aplicando los conocimientos adquiridos en sus anteriores desarrollos en los nuevos. Y finalmente, porque nadie en su sano juicio dedicaría tan arduo trabajo si no estuviera seguro que va a obtener buenos resultados. Y si hay algo que no les falta a quienes forman el team de la bodega (además de los ya nombrados los fundadores Attilio Pagli, Antonio Morescalchi y Alberto Antonini y el enólogo Leonardo Erazo) son conocimientos, experiencia y buen juicio.
Luego de recorrer la finca, escuchar todas las explicaciones y tomar nota para publicar en nuestros blogs, allí en pleno campo, degustamos gran parte de los vinos de la bodega, incluyendo los de su proyecto en Cahors, Francia.
Luego de recorrer la finca, escuchar todas las explicaciones y tomar nota para publicar en nuestros blogs, allí en pleno campo, degustamos gran parte de los vinos de la bodega, incluyendo los de su proyecto en Cahors, Francia.
Son vinos genuinos, ricos y muy francos, que se esfuerzan por representar fielmente la expresión del terroir, haciendo un "trabajo de hormigas" y por ello les deseamos lo mejor para Finca Jardín Altamira y esperamos con ansias sus vinos por venir.













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