Los vinos blancos en la Argentina en un nuevo rumbo
En la nota anterior describimos cómo el vino blanco sufrió una pronunciada caída de consumo en Argentina desde los 90, pero finalizamos con una señal esperanzadora: muchas bodegas se han lanzado a elaborar más y mejores blancos, y las que llideran este camino buscan afianzar su futuro apostando a incrementar la oferta con nuevos estilos y fundamentalmente la calidad, recurriendo para ello a diferentes opciones.
Algunos trabajan en la recuperación de las cepas que conformaron la base del consumo de blancos genéricos de los setenta y ochenta (en su mayoría en mezclas), pero elaborándolas ahora como varietales y con todos los cuidados de la alta gama.
Así renacen y se lucen ciertos ejemplares de Semillón, cepa que ha tenido un renacimiento importante y ya muestra múltiples y muy buenas opciones y a la cual dedicaremos una próxima nota con más detalle, Chenin (ver la particular historia contada por Roberto de la Mota) y el Pedro Giménez, cepa que fue protagonista de la época de oro de los blancos (por sus volúmenes de producción) y por ello mantiene su liderazgo en superficie plantada de uvas blancas. Algunos pocos productores ya lo elaboran como varietal, con ejemplares que ganan categoría cuando se los deja reposar un tiempo sobre lías, como los de Mariana Onofri, Spielmann o Malajunta.
Así renacen y se lucen ciertos ejemplares de Semillón, cepa que ha tenido un renacimiento importante y ya muestra múltiples y muy buenas opciones y a la cual dedicaremos una próxima nota con más detalle, Chenin (ver la particular historia contada por Roberto de la Mota) y el Pedro Giménez, cepa que fue protagonista de la época de oro de los blancos (por sus volúmenes de producción) y por ello mantiene su liderazgo en superficie plantada de uvas blancas. Algunos pocos productores ya lo elaboran como varietal, con ejemplares que ganan categoría cuando se los deja reposar un tiempo sobre lías, como los de Mariana Onofri, Spielmann o Malajunta.
Otros eligen buscar estilos y expresiones distintas a las que se dan en otros países de las cepas blancas consagradas en el mundo, como el Chardonnay y el Sauvignon Blanc, que las hagan únicas, apelando para ello a distintos estilos.
Los más difundidos son aquellos elaborados con uvas de tierras ubicadas en altura, por encima de los 1.000 msnm, en Mendoza por ejemplo en Valle de Uco o La Carrera, que dan origen a un carácter distintivo, que si es trabajado de manera que se respete el terroir, con mínima intervención en bodega (con frecuencia sin permitir fermentación maloláctica) y mucho cuidado en el uso de la madera (en especial con los Chardonnay, limitando el porcentaje que pasa por barrica, o seleccionándolas de segundo y tercer uso) se logra una mayor frescura en nariz, donde la paleta aromática destaca más las notas minerales y cítricas que las cálidas o a frutas carnosas (peras, durazno). Es decir, casi que se esta conformando una nueva categoría ubicada entre los típicos Chardonnay californianos (untuosos en boca y potentes en nariz) y los de la Borgoña (frescos y sutiles).
Me gustan mucho estos nuevos Chardos porque, si bien se ubican más cerca del estilo fresco de la Borgoña, aun ofrecen notas características del viejo estilo -probablemente debido a la potencia del sol mendocino- que en Argentina dominó durante muchos años y replicaba a los californianos.
Del Valle de Uco podemos nombrar los premiadísimos White Bones y White Stones de Catena Zapata elaborados por Alejandro Vigil, el Benmarco Sin Límites de Edy del Pópolo, (todos ellos de Gualtallary); pasando por el Zuccardi Fósil de San Pablo, hasta el Finca Suárez de Paraje Altamira, por solo nombrar algunos.
Incluso hay winemakers, como Alejandro Sejanovich que se animan a ir más allá explorando -con su nueva línea de blancos en Buscado Vivo o Muerto- cuatro lugares distintos, usando el Chardonnay como vehículo para mostrar las sutilezas de cada terruño (nota).
Otra variante para diferenciarse puede ser la utilización de técnicas de elaboración como hace Federico Bizzoto con el Sauvignon Blanc fumé de Budeguer que se guarda en barricas de tostado fuerte.
Los más difundidos son aquellos elaborados con uvas de tierras ubicadas en altura, por encima de los 1.000 msnm, en Mendoza por ejemplo en Valle de Uco o La Carrera, que dan origen a un carácter distintivo, que si es trabajado de manera que se respete el terroir, con mínima intervención en bodega (con frecuencia sin permitir fermentación maloláctica) y mucho cuidado en el uso de la madera (en especial con los Chardonnay, limitando el porcentaje que pasa por barrica, o seleccionándolas de segundo y tercer uso) se logra una mayor frescura en nariz, donde la paleta aromática destaca más las notas minerales y cítricas que las cálidas o a frutas carnosas (peras, durazno). Es decir, casi que se esta conformando una nueva categoría ubicada entre los típicos Chardonnay californianos (untuosos en boca y potentes en nariz) y los de la Borgoña (frescos y sutiles).
Me gustan mucho estos nuevos Chardos porque, si bien se ubican más cerca del estilo fresco de la Borgoña, aun ofrecen notas características del viejo estilo -probablemente debido a la potencia del sol mendocino- que en Argentina dominó durante muchos años y replicaba a los californianos.
Del Valle de Uco podemos nombrar los premiadísimos White Bones y White Stones de Catena Zapata elaborados por Alejandro Vigil, el Benmarco Sin Límites de Edy del Pópolo, (todos ellos de Gualtallary); pasando por el Zuccardi Fósil de San Pablo, hasta el Finca Suárez de Paraje Altamira, por solo nombrar algunos.
Otra variante para diferenciarse puede ser la utilización de técnicas de elaboración como hace Federico Bizzoto con el Sauvignon Blanc fumé de Budeguer que se guarda en barricas de tostado fuerte.
Y qué decir de las búsqueda de nuevas zonas. Están apareciendo excelentes blancos mendocinos de La Carrera, a alturas que superan los 1.700 msnm, como los de Matías Riccitelli (próxima nota).
También en Salta los blancos de altura se diferencian (Altupalka se luce allí con un Sauvignon Blanc Extremo, a 2590 msnm), o en las zonas más frías del sur de la Patagonia, como en Chubut donde logran alta acidez (Otronia, de próximo lanzamiento con viñedos a orillas del lago Musters o Casa Yagüe), en Choele Choel, valle medio de Río Negro (Enclave Sur) e incluso plantando viñedos en zonas con influencia marítima (Wapisa en San Javier, Río Negro o Costa & Pampa en Chapadmalal, Provincia de Buenos Aires) en los cuales empiezan a aparecer interesantes notas salinas.
Y no faltan los que buscan expresiones más finas y amables de la cepa blanca característica de la Argentina: el Torrontés, como por ejemplo en los casos del Laborum de Parcela, El Esteco Old Vines 1945 o el Torrontés patagónico de Riccitelli.
También están aquellos que cuentan con variedades no tan comunes en la Argentina pero que logran con ellas productos distintivos con cepas como Viognier traída a la Argentina recién en este siglo por Lagarde, de la cual siempre disfruto el Barroco de Roberto Romano con sus añitos de guarda, o probé recientemente el Entrelíneas de Finca La Escarcha (próxima nota) elaborado por Giusspeppe Franceschini, enólogo italiano a seguir siempre en busca de excelentes blancos.
Pero también con cepas como Pinot Gris. Bodega Piedra Negra los ofrece con muy buena relación precio calidad y Matías Riccitelli abre su línea de blancos con The Apple en esta variedad. El Riesling es una cepa que esta tambien desde hace muchos años, con los tradicionales Canale y Luigi Bosca u otras más recientes caso Las Perdices. Y hasta nos damos el lujo de tener a la cepa de bandera austríaca: Gruner Veltliner traída por los dueños de bodega Norton, que son de ese origen.
Pero también con cepas como Pinot Gris. Bodega Piedra Negra los ofrece con muy buena relación precio calidad y Matías Riccitelli abre su línea de blancos con The Apple en esta variedad. El Riesling es una cepa que esta tambien desde hace muchos años, con los tradicionales Canale y Luigi Bosca u otras más recientes caso Las Perdices. Y hasta nos damos el lujo de tener a la cepa de bandera austríaca: Gruner Veltliner traída por los dueños de bodega Norton, que son de ese origen.
A propósito, dejo para el final los Blends, porque son un capítulo aparte y los que más me entusiasman. Van apareciendo cada vez más vinos de corte que juegan a conjugar las virtudes de las cepas ya nombradas e incluso agregan otras -que cuentan con pocas hectáreas plantadas - como el Marsanne, Roussanne, Gewürztraminer, Tocai, Fiano o Moscato Blanco, entre otras; logrando así una complejidad que se agradece en los vinos blancos argentinos. Son tantos los ejemplos que dan para otra nota en sí misma, así que solo pondremos algunas fotos representativas:
El camino está a la vista y por suerte cada vez más bodegas lo emprenden. El aumento de la oferta de buenos vinos blancos argentinos es bienvenido y necesario, ya que no solo le hará bien a esta categoría en particular, sino que ayudará a poner a la industria del vino de nuestro país en un lugar más abarcativo y representativo de su real potencial, que va mucho más allá del Malbec, aprovechando la gran cantidad de cepas blancas plantadas en la Argentina.
Si no te animaste todavía a incursionar a fondo con los blancos, me juego 100% a recomendarte que lo hagas, porque si no te estás perdiendo la mitad de la película. Si los mejores winemakers se la están jugando por ellos, ¿cómo no aprovecharlo?
Nota: son tantas las etiquetas que están apareciendo, que pedimos disculpas a todas las bodegas que participan en este resurgimiento y no fueron incluidas.
Más notas relacionadas a este tema:
Cuatro nuevos Chardonnay de Buscado Vivo o Muerto
Los blancos de Matías Riccitelli Wines
Si no te animaste todavía a incursionar a fondo con los blancos, me juego 100% a recomendarte que lo hagas, porque si no te estás perdiendo la mitad de la película. Si los mejores winemakers se la están jugando por ellos, ¿cómo no aprovecharlo?
Nota: son tantas las etiquetas que están apareciendo, que pedimos disculpas a todas las bodegas que participan en este resurgimiento y no fueron incluidas.
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