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lunes, 9 de diciembre de 2019

Los nuevos blancos argentinos


El vino es la bebida nacional en Argentina (decreto del 24 de noviembre de 2010, ratificado por Ley Nacional en 2013) pero hoy en día, invariablemente cuando se piensa en vino, los argentinos lo representan en mente con una copa de vino tinto. Pero ¿siempre fue así? La respuesta es terminante: no.

Hasta la década del 90 el argentino promedio consumía mucho más vino blanco que tinto. Según las estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura, en el año 1995 el despacho de vinos blancos al mercado representaba un 60 % del total, mientras los vinos de color (rosados y tintos) se llevaban apenas el 40% restante.


Siendo Argentina el mayor productor de vino de Latinoamérica y el quinto del mundo, en apenas 20 años la industria atravesó una revolución en la cual el principal damnificado fue el vino blanco.

En la segunda mitad del siglo XX las clases bajas y medias del país consumían en gran volumen vinos comunes, rosados y blancos, suaves al paladar y en general de alta graduación alcohólica. Pero en la necesidad de responder a esa enorme demanda se olvidó cuidar las condiciones de elaboración. Justo en el momento que por la competencia de otras bebidas -alcohólicas o no, como la cerveza y las gaseosas- hubiera sido necesario ofrecer algo más, un plus de calidad.

A fines de los 90, llevado de la mano de la estrella del Malbec, se inició una revalorización de la calidad en los vinos tintos, pero lamentable e incomprensiblemente –cuando el mercado aun los consumía en mayoría- esto no sucedió con los vinos blancos.

Es común escuchar que el consumo per cápita de vino cayó de 90 a 23 litros por persona por año, lo que no está tan claro para todos es que esa caída fue protagonizada casi exclusivamente por el vino blanco.


INV: evolución ventas mercado interno, varietal por color.
Durante la última década el consumo de blancos se han mantenido relativamente estable y actualmente el mix es 22 % de blanco y 78% de color. O sea, alrededor de una botella de blanco por cada tres de tinto o rosado; algo que no es tan común en los países europeos de mayor consumo, como Francia y España o de América como EE.UU. y Canadá, en los cuales los blancos, con el Chardonnay como abanderado y el Sauvignon Blanc como escolta, pero también con otras cepas exitosas tales como el Moscatel o el Pinot Grigio, se mantienen en la preferencia masiva de muchos consumidores.

¿Hay un revival del blanco en Argentina?

Sí, la revolución hacia la calidad que se inició en los 90 está llegando hoy al vino blanco. El mercado consumidor más inquieto -de media y alta gama- muestra un renovado interés por el vino blanco. Se ve en las ferias y degustaciones especializadas, donde comienzan a aparecer eventos dedicados al vino blanco, en particular gracias a ciertas bodegas y enólogos que están recorriendo un interesante camino con blancos de calidad como eje.

Y esto lo podemos afirmar con números, como se ve en el cuadro de arriba, los datos duros del INV muestran que en 2018 el consumo de vino en general cayó pero, el único que aumentó -aun es ese duro contexto- fue el de los blancos con mención varietal. O sea, esta porción del mercado de la que estamos hablando.

En nuestra siguiente nota daremos cuenta de los nuevos estilos de blancos que van aflorando en la Argentina, con ejemplos de mas de 30 etiquetas representativas de las bodegas que lideran este notorio repunte, por ahora mas en variedad que en cantidad, pero respaldado por un intangible que creo lo hará sostenible: su calidad.


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