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lunes, 27 de marzo de 2023

El vino en las grandes capitales europeas

El vino en tres grandes capitales europeas

Una visión a vuelo de pájaro

Viajar es la mejor manera de probar vinos del mundo, en especial cuando la oferta de vinos extranjeros es tan limitada en Argentina. En esta nota te cuento lo probado, los comparo con los vinos argentinos y brindo algunas conclusiones acerca de los mismos.

En mis últimas vacaciones, y después de cinco años sin pisar suelo europeo, finalmente tuve la suerte de regresar (gracias al esfuerzo de ahorrar dólar sobre dólar cuando se podía). Un viaje de regalo por el cumple de 15 años para mi hija menor, que estuvo dos años postergado por la pandemia, se concretaba y nos permitiría pisar tres grandes capitales de Europa: Roma, París y Londres.

Todos sabemos que el tipo de cambio no nos favorece para nada, artificialmente inflado por una pila de impuestos que todo distorsionan, en especial las referencias de precios, a tal punto que ese Dolcetto de Barolo que ves a 25 euros en una góndola de supermercado de Roma: ¿Cómo lo comparo con un buen Malbec argentino en Buenos Aires?, ¿A qué tipo de cambio?, ¿A los $210 por dólar del oficial?, ¿A los $340 del dólar "solidario"?, ¿A los $375 del dólar blue?, ¿O a los estrepitosos $415 de dólar "turista"? Pues bien, para mis bolsillos de empleado en relación de dependencia este último será el valido, ya que fue el que tuve que pagar cuando llegó el temido resumen de la tarjeta de crédito. Esas otras raras alternativas de ingenierías financieras que existen, no son para mí...

 

En ese contexto, la ecuación daba que tenía que multiplicar los euros en las góndolas por 450 para llevar esos precios a nuestros devaluados pesos argentinos. ¿Y para qué tantas cuentas si, al fin y al cabo, estamos hablando de vinos y no de dinero? Simplemente, porque luego de varios días recorriendo y comprando vinos italianos y franceses, surgía naturalmente hacer una comparación con el vino argentino en las tres grandes capitales europeas y, para ello, es necesario tener en cuenta los segmentos de mercado que estamos comparando.

En Italia, los vinos "de supermercado" (me refiero a los pequeños supermercados de cercanía que pude frecuentar, de cadenas tales como Esselunga, Coop y Carrefour Express) varían, al igual que en nuestro país, en un amplio rango que comienza en alrededor de 2 o 3 euros para las botellas que están en el estante inferior de la góndola (esas que hay que agacharse para poder agarrarlas y por lo tanto son las más baratas) hasta valores que oscilaban entre los 25 a 45 euros en el codiciado estante superior de la góndola. 

Estos mercaditos son de pequeña superficie, donde la cantidad de vinos en oferta normalmente era pequeña (diríamos que alrededor de 50 etiquetas tomando en cuenta todos los tipos de vinos). ¿Y por qué no fui a vinotecas? Simplemente porque no las encontré cerca de los lugares donde me alojaba.

Para los vinos me moví con un presupuesto que osciló entre los 6 euros (en la gama baja de precios elegí más bien por curiosidad, cepas o lugares que no conocía tanto y me interesaba probar) hasta los 25 euros, que dediqué a ejemplares como el referido vino de Barolo y algún Chianti Clásico. 

A continuación, la lista con detalle de los vinos italianos que compramos y probamos durante nuestra estadía y que figuran en las fotografías que ilustran la nota: 

  • Valpolicella Classico Superiore DOC Farina
  • Milleuve di Nicola Manferrari vino bianco de Cormóns
  • Vernaccia di San Gimignano Borgo alla Terra DOCG
  • Chianti Colli Senesi DOCG Terre di Sovernaja de Tenuta Montagnani
  • Brunello di Montalcino Campone DOCG 2016 de Frescobaldi
  • Barbera Piamonte DOC Toso Tradizione de Cantine in Cossano Belbo
  • Dolcetto D'Alba DOC Marchesi di Barolo 
  • Montefalco Sagrantino DOCG Collepiano de Arnaldo Caprai 
  • Amatus Deo Iuvante vino Rosso de Cantine Lento en Lamezia Terme

En París estuvimos solo cinco días, por lo que la cantidad que probamos fue menor y por lo tanto más difícil sacar algún tipo de conclusiones. Los tres vinos que compré en el supermercado Monoprix (que tenía una buena oferta, incluyendo un pequeño sector con vinos de alta gama que iban desde 25 a 100 euros donde hasta había algún Grand Cru), fueron estos:

  • Chateau D'Arcole Saint Emilion Grand Cru (70% Merlot, 30% Cabernet Sauvignon)
  • Laurigne Saumur Champigny AOP Fanille Daheuiller Cabernet Franc
  • La Clef des Champs Bourgogne Hautes Cotes de Nuits Domaine du Champs aux Moines.

En restaurantes la cosa se ponía un poco más difícil, ya que el piso de precios de una botella normalmente arrancaba en los 20/25 euros, y el vino en copa (apenas 125 cl. ya que le sacan seis copas a cada botella) oscilaba entre 5 y 15 euros.
Válido tanto para Italia como París, la presencia del vino argentino en estos supermercados de cercanía es prácticamente inexistente y en las góndolas la oferta de vinos de otros países es muy, muy limitada. Como en la Argentina, son países fuertes como productores y los vinos locales copan la escena.

Lógicamente esto cambió al llegar a Londres, ya que al no ser Inglaterra un país productor importante, su capital posee una oferta envidiable de vinos de todo el mundo, aunque arrancan con precios más elevados, ya que la oferta de gamas de vinos de mesa de 2 a 5 euros, que sí existe en Italia o Francia, es casi inexistente.
 
Allí compré un par de vinos en el supermercado Marks & Spencer (M&S) y en la exclusiva tienda Fortnum & Mason (F&M). Y también visité las góndolas de otros como Sainsbury, Tesco, Aldi's y Waitrosse. Un placer ver vinos de todas partes del mundo.

En esos cinco días en Londres pude probar un hermoso Sauvignon Blanc neozelandés de Marlborough y un Syrah australiano de Barossa Valley (ambos bajo la marca de M&S) y un Claret de Burdeos (100% Merlot) bajo la marca de F&M.  

Inglaterra se destaca (algo muy común también en USA) por la oferta de vinos de otros países bajo las marcas de las tiendas que los venden o bajo otras marcas genéricas. Son vinos que se importan a granel desde sus países de origen y se embotellan en la comunidad económica europea (mayormente en Francia, según rezaba en las contraetiquetas, supongo que por una cuestión de menores costos), práctica que muchas veces no permite seguir la trazabilidad del terroir o de la bodega de donde provienen. En este sentido, la excepción fueron los vinos de F&M que, pese a ser embotellados en Francia, indican la bodega elaboradora y la región o IG de origen.

La conclusión fue que, salvo alguna excepción, cuando uno de estos vinos italianos me ilusionó el precio normalmente superaba los 20 euros. Aquellos por debajo claramente tenían una relación precio de calidad que no iguala la que esperamos de un vino argentino (incluso teniendo en cuenta un lógico ajuste a favor de los italianos por los desajustes del tipo de cambio).

Es sabido que viajar nos "abre la cabeza" y nos permite no solo conocer y apreciar lo que existe en otras partes del mundo sino también evaluar el estado del arte y de la industria propios. 

En este caso, las principales conclusiones son que, en los países productores la oferta de vinos extranjeros (casi inexistentes en nuestro país) también es limitada en los comercios generalistas, aunque no son tan difíciles de conseguir en vinotecas o por compras directas que a través del correo llegan segura y rápidamente. En ese punto están mucho mejor y tienen la oportunidad de poder comparar y competir. 

Pero es en relación a la accesibilidad de precios del vino en donde la Argentina se destaca ampliamente, con relaciones de precio / calidad sumamente positivas frente a los vinos europeos en todas las gamas de precios. Demos las gracias por ello.

   

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