¿Qué necesita un vino para ser un "gran vino"?
No alcanza solo con tener impecables características organolépticas.
Muchas veces nos hacen la pregunta: ¿Ese vino, que obtuvo tan buen puntaje, vale realmente lo que cuesta?, o ¿se justifica pagar tanta cantidad de dinero por una botella de vino?
Pues bien, si se justifica o no dependerá mayormente de lo profundo del bolsillo del adquiriente, o de las prioridades que en su día a día le otorgue a los placeres del vino, al status, a la exclusividad y muchos otros factores que determinan el precio de los vinos de más alta gama.
Pero vamos aquí por el otro lado, por el de las cualidades que lo ponen en ese lugar y que pueden llevar a un crítico de vinos a sentirse deslumbrado por una etiqueta o motivado a ponerle esos puntajes exclusivos y tan poco repetidos, que atesoran para unas pocas etiquetas.
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| "El descubrimiento de un vino es un momento mayor que el descubrimiento de una constelación, el universo está demasiado lleno de estrellas" Benjamin Franklin. |
En primer lugar está claro que un gran vino deberá respetar y destacarse fuertemente en cada una de las principales cualidades organolépticas, esas que se presentan como incuestionables al momento de la cata que es cuando se evalúan el color, los aromas, los sabores, el largo de boca y el balance de un vino (siendo este el equilibrio de todas las características anteriores).
Y si bien la cuestión del gusto personal puede influir entre un catador y otro, lo normal es que cuando se trata de grandes vinos no haya demasiados desacuerdos acerca de que sobresalen en cada uno de esos aspectos que podríamos denominar como "técnicos".
Pero para llegar a ser un gran vino, desde mi punto de vista, hacen falta sumar algunos otros factores, no tan cualitativos, sino más bien distintivos. Un gran vino no solo debe cumplir desde todos los aspectos técnicos, sino que, habiendo tantas y tantas etiquetas en el mundo, debe poseer un "algo" que los distinga entre sus pares.
Representatividad
Por ejemplo, si es un varietal, ese algo puede ser una tipicidad (conjunto de características observables y perceptibles que comparte con otros ejemplares elaborados a partir de una misma variedad de uva) de tal modo que no genere duda alguna sobre la cepa que lo compone, debe ser 100% representativo de la misma. Así un gran Malbec no debe dejar dudas, al primer olfato, que es un Malbec. Y lo mismo con cualquier otra cepa.
Y si bien esta característica parecería dejar afuera a los blends, probablemente un gran blend para un catador con algo de experiencia deje notar o permita descubrir a sus principales componentes, ya que estos grandes vinos logran, sin tapar las notas características de cada uno, integrarlas y hacer que potencien entre ellas.
Esto es particularmente oportuno en el caso de los vinos del viejo mundo, los cuales suelen respetar estrictas pautas de sus denominaciones de origen (DOC) entre las cuales figuran las cepas que pueden formar parte del mismo, y que por lo general son varias, o sea conforman blends. Esos grandes vinos de terruños como la Borgoña, Chianti, o incluso el Valle de Uco (sin ser una DOC) suelen ser reconocibles en este tipo de vinos que son elaborados de una manera que les permite reflejar su origen.
Complejidad
Los grandes vinos necesariamente serán complejos. Complejo proviene del latín complexus, participio pasado de complecti, que significa ‘enlazar’. Algo complejo es algo compuesto por una serie de elementos que se relacionan entre sí y cuyo comportamiento y propiedades no son evidentes a simple vista. De esta manera, los vinos complejos son el resultado de una intrincada red de relaciones entre sus distintos aspectos organolépticos.
En el lenguaje cotidiano, la palabra complejidad también es usual para significar que algo es muy complicado, enmarañado o difícil: “hacer los tramites burocráticos es complejo”. En este sentido, se puede emplear como sinónimo de complicación, dificultad, enmarañamiento o embrollo. En este caso es importante no asociar complejo a difícil, sino más bien a la cualidad de estos grandes vinos de ofrecernos múltiples matices de una manera que sigue siendo armónica y equilibrada.
Emocionalidad
Para el final dejamos el aspecto más subjetivo, se trata de la respuesta emocional que nos puede (o no) generar un vino. Porque más allá de todos los factores objetivos, para que cualquier experiencia -sea catar un vino, disfrutar de un paisaje, de un momento intimo con otra persona, una película- siempre para un ser humano va a entrar en juego la manera en que se siente al respecto. Y hablamos de "sentir", no tanto con los sentidos, sino con las emociones.
En mi caso, cuando al catar un vino este llega a tocar mis fibras íntimas, la manera de expresarlo verbalmente es decir que "me genera estrellitas". Siento como si fueran estrellitas que suben desde la nuca hacia la parte superior y posterior de la cabeza. Como de neurólogo no tengo nada, no sé bien a qué se debe la localización de esas sensaciones en ese lugar, pero una sencilla búsqueda en Google dio como resultado que de alguna manera se debe a la liberación de adrenalina. Es algo que me sucede cada tanto y solo con unos pocos vinos, esos que para mi son grandes vinos.
Un gran vino no solo debe impactar nuestro olfato y paladar, con un balance perfecto entre todas sus cualidades, sino que también debe ser capaz de ser representativo del lugar, de asombrar por su complejidad y de impregnar la experiencia con una sensación de esas que se sienten de cuando en cuando.
Crédito: Corona de laureles en foto de portada: Agradecemos la Imagen de vectorpocket en Freepik






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