Finca de La Merced
Herencia, renacer y nobleza vitivinícola en Jujuy
Con el tiempo, la llegada del tabaco se impuso y fue transformando la economía local, dejando los viñedos y la cooperativa de tener importancia y poblándose la finca de estufas de tabaco, reflejo de esa dualidad agrícola que marcó el devenir de varias generaciones.
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En 2019, el legado recibió un nuevo impulso: se replantaron 6.000 cepas de Malbec, Cabernet y Carmenere, renovando la impronta vitivinícola bajo la atenta mirada de Juan Mateo Aguiar, el presente guardián de esta historia familiar.
¿Por qué resulta tan especial?
Finca de La Merced está asentada sobre los suelos francos de los valles templados de Jujuy, una franja de clima benigno y lluvias de alrededor de 700 mm anuales, con altitudes que rondan los 900–1000 m s. n. m. Este perfil climático, más húmedo que la Quebrada, favorece una vitivinicultura distinta dentro del mapa jujeño, marcada por maduraciones parejas y perfiles aromáticos limpios.
La finca también convive con la memoria viva de los viejos parrales: lograron “rescatar” unas pocas plantas de la uva popularmente llamada uva chinche o Monterrico (Isabella, Vitis labrusca), muy arraigada en la cultura local. En Argentina esa variedad recibe varios nombres —uva chinche, Monterrico o Isabella— y es parte del acervo criollo.
Don Inocencio: el vino emblema
La etiqueta principal es "Don Inocencio Blend de Tintas 2024" que nace de Malbec y Cabernet Franc. En copa suele aparecer con un trazo ahumado y un guiño de tabaco —un eco del paisaje productivo del valle— sostenido por fruta roja y una boca de buena fluidez. La cosecha 2024 se vinificó con ambos componentes fermentados por separado antes del corte.
Además, del parral de uva chinche surgieron apenas 56 botellas de un vino singular, de nariz expresiva, con un perfil rústico-frutal tan propio de la vitis labrusca, que aquí se integra amablemente con notas “tabacales” de la zona, armonizado para lograr un ensamblaje inusitado y evocador. Una curiosidad identitaria, hecha para celebrar memoria y lugar.
Por qué mirarla de cerca
Porque Finca La Merced resume, en escala humana, el renacer del vino jujeño fuera de la altura extrema: viticultura familiar, variedades bordelesas bien adaptadas al valle templado, y una botella-memoria (la de uva chinche) que conecta con la historia de los parrales domésticos.
Un proyecto pequeño, con raíces largas que representa la resistencia de lo local, lo artesanal y lo inesperado.
Notas de El Ángel del Vino sobre los vinos de Jujuy:

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