Bodega Yanay
La Quebrada de Humahuaca se presentó en Buenos Aires
El martes 2 de septiembre, la vinoteca Vino el Salvador, en pleno barrio de Palermo, fue escenario de un viaje sensorial hacia el norte argentino.
Allí, Andrea y Andrés Meyer, junto a Ulises Fontana –responsable de agronomía y enología– presentaron los vinos de Bodega Yanay, ese proyecto nacido en la Quebrada de Humahuaca que condensa paisajes y cultura en cada botella.
La escena porteña tuvo algo de espejo con mi visita de mayo a la bodega en Maimará. En aquella nota conté cómo Ariel y Andrea llegaron al vino por un impulso casi mágico: “Nosotros tendríamos que hacer vino”, se dijeron tras una feria en San Salvador de Jujuy. Al día siguiente encontraron una finca en venta en la Quebrada y, con la certeza de que allí había agua, se lanzaron a la aventura. Esa historia, casi de destino, hoy cobra cuerpo en vinos que comienzan a recorrer el país.
Un proyecto con raíces jujeñas
En la presentación, los Meyer remarcaron que Yanay es más que una bodega: es la consecuencia del deseo de compactar los paisajes de Jujuy en una botella de vino. Por eso, desde el inicio buscaron un enfoque multidisciplinario: un equipo de arquitectos diseñó la bodega –cuyas paredes se levantaron con las piedras extraídas al plantar las viñas–, mientras que las etiquetas creadas por el diseñador Cafaro, transforman las letras de Yanay en símbolos.
El arraigo con la cultura local también es parte esencial. “La gente en la Quebrada puede parecer dura y desconfiada, pero cuando los conocés son cálidos y profundamente orgullosos de su lugar y tradiciones”, contaron. Todo el equipo de trabajo es de la zona: son ellos quienes entienden el clima, los suelos y el riego de manera natural, y en ese intercambio los Meyer se nutren de sus saberes culturales.
Un terroir extremo
La Quebrada de Humahuaca es uno de los cuatro biomas de Jujuy: un valle alto y estrecho, surcado por un viento frío del sur. El clima de montaña ofrece veranos sin temperaturas máximas extremas y noches muy frescas, una amplitud que garantiza frescura y acidez, aunque también impone desafíos como la intensidad del sol, que obliga a cuidar la canopía.
Los suelos son diversos: desde perfiles con piedras y lajas casi sin materia orgánica hasta otros más profundos y pesados. Esa riqueza se traslada al viñedo, fragmentado en microparcelas que luego se traducen en microvinificaciones. Para eso la bodega fue equipada con una colección de recipientes pequeños: clayvers, ánforas, huevos de cemento, barricas y tanques de acero.
La filosofía enológica es de muy baja intervención y pone el foco en la calidad de la uva. “Sacrificamos eficiencia por mejores uvas”, resumió Ulises Fontana. El equipo de cosecha fija revisa cada racimo y las cajas llegan a la bodega impecables, sin restos de hojas ni mosto. La frescura, aseguran, es el hilo conductor de todos los vinos.
Los vinos presentados
En Palermo se pudieron degustar varias etiquetas que muestran la identidad de la bodega:
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Yanay Tinto Los Colores 2024: 90% Malbec y 10% Garnacha, con energía y jugosidad, resultado de ensayos con racimo entero, maceraciones carbónicas y crianza en distintos recipientes. Es el vino de mayor volumen –20 mil botellas– y busca representar el terroir en clave fresca y versátil.
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Yanay GSM 2023: Garnacha 15%, Syrah 45% y Monastrell 30%. Inspirado en el Ródano, es profundo y armónico, con fermentaciones parciales de racimo entero y crianza de 18 meses en clayvers, ánforas y barricas usadas.
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Yanay Garnacha 2023: el vino más íntimo del proyecto. Distintos clones y microparcelas confluyen en un tinto delicado, con 18 meses en clayvers italianos, mucho racimo entero y algo de maceración carbónica. Es el ícono de la bodega.
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Yanay Tinto de Jujuy 2023: Malbec, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc en un estilo más clásico y elegante. Crianza parcial en madera nueva y un minucioso trabajo de cosecha para lograr taninos finos.
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Yanay Cabernet Sauvignon 2023: de la parcela más alta (2.370 msnm), en suelos con lajas azules volcánicas. Pequeños racimos del clon 15 de Burdeos dan un vino concentrado, con taninos marcados y acidez natural, donde la pirazina se expresa con claridad.
Los precios de las etiquetas oscilan entre 30 mil y 80 mil pesos, con un total de producción actual de 25 mil botellas. En breve entrarán en producción Semillón y Sauvignon Blanc, y tienen la expectativa de llegar a producir 85 mil kilos de uva al año.
La consolidación de un sueño
Cuando visité la finca en mayo, me sorprendió cómo entre las vides crecían, intocables, los cardones protegidos como patrimonio natural. “Todos, pero absolutamente todos, se han respetado”, me dijo entonces Ariel Meyer. Ese respeto por el entorno, por la gente y por el terroir se repite en cada etapa del proyecto.
Lo vivido ahora en Buenos Aires confirmó esa sensación: Yanay es un proyecto que nació de un impulso casi mágico, pero que se sostiene con profesionalismo, pasión y una mirada clara sobre el lugar de donde proviene.
La Quebrada de Humahuaca tiene en Yanay un embajador de sus paisajes y su cultura.
Notas de El Ángel del Vino sobre los vinos de Jujuy:

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