Vino en Costa Rica: Vicosa y Teber
La improbable historia del vino en el trópico
Cuando decidí realizar unas vacaciones en Costa Rica, sabía que en ese país iba a poder vivir una experiencia inigualable basada en la naturaleza, aventura y sostenibilidad bajo el lema "Pura Vida".
Este país destaca por su biodiversidad (5% mundial), playas en el Pacífico y Caribe, volcanes activos (Arenal, Poás), bosques nubosos (Monteverde), turismo ecológico, avistamiento de fauna (perezosos, tortugas) y deportes extremos como rafting y canopy. Todo eso lo disfrutamos en el extenso programa que realizamos, con la familia, entre el 13 de febrero y el 7 de marzo de 2026.
Pero, como buen enófilo que soy, el vino siempre está entre los puntos importantes de mis vacaciones, y si bien estaba al tanto que la uva no es, por definición, un cultivo tropical, no pude dejar de averiguar si en Costa Rica se hacían vinos. Y resultó que sí, son pocos los productores, pero existen un puñado de costarricences que se le animaron al vino. Por razones de tiempo, y de que en Costa Rica la movilidad es bastante complicada y hacer 100 o 200 kilómetros en auto puede insumir el doble o el triple de tiempo que en Argentina, no logré incluir en mi itinerario una visita a alguno de ellos, pero no pude evitar investigar y surgió esta nota a Vitivinícola Costarricense S.A. que les dejo a continuación:
Bodega Vicosa
La vitivinicultura nació y se desarrolló en regiones de climas templados, con estaciones marcadas y ciclos bien definidos. Sin embargo, como tantas veces ocurre en la historia del vino, hubo quienes se animaron a desafiar la lógica. En Costa Rica, esa historia tiene nombre propio: Vicosa. Y su vino emblemático, Teber, es hoy el símbolo de una vitivinicultura tan improbable como profundamente identitaria.
El origen de todo se remonta a mediados de los años ochenta, cuando una misión técnica taiwanesa, junto con la Universidad de Costa Rica (UCR) y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), impulsó un ambicioso proyecto experimental: sembrar uva en suelo costarricense. En la Estación Experimental Fabio Baudrit, en Alajuela, se ensayaron cerca de noventa variedades, buscando identificar aquellas capaces de adaptarse a las condiciones del trópico.
Se capacitó a productores en viticultura tropical, una rareza incluso a escala mundial. Entre esos primeros técnicos estaba Arnoldo Ruiz, ingeniero agrónomo y productor agropecuario, quien junto a otros diez agricultores formó la Asociación de Productores de Uva de Costa Rica, condición indispensable para participar del programa.
La uva comenzó a cultivarse en Acosta, Mora, Atenas, Alajuela y Santa Ana. La primera cosecha llegó en 1994 y se comercializó bajo un esquema de agroturismo, permitiendo a los visitantes conocer -y probar- una experiencia inédita: uvas costarricenses.
El problema vino después. La cosecha de febrero se vendía bien como uva de mesa, pero la de junio encontraba un mercado saturado por importaciones desde Chile y California. Frente al excedente, surgió la solución más natural: hacer vino. Así, casi como un acto de resistencia, en 1996 comenzaron las primeras degustaciones de un vino artesanal en La Garita. Dulce, amable, cercano al paladar local, el producto despertó interés. Era el paso inicial.
Con maquinaria importada del norte de Italia y la asistencia de un técnico europeo, nació formalmente Vicosa, y en 1997 comenzaron las primeras producciones comerciales. Las botellas se vendían en el restaurante de la finca y en la propia fábrica. Todo era pequeño, directo, coherente.
Con la llegada del nuevo siglo, la diversificación fue clave. A las uvas de mesa Ruby sin semillas se sumó la Isabella, traída desde Taiwán, y luego variedades con mayor vocación enológica: Macabeo para blancos, Lambrusca para rosados. Pero la fragilidad del proyecto quedó expuesta cuando apareció la bacteria Xylella fastidiosa, que diezmó los viñedos. Sin asesoría internacional —la misión taiwanesa se retiró tras el cambio de relaciones diplomáticas en 2006— muchos productores abandonaron la actividad.
Del grupo original quedaron apenas cuatro. En ese contexto ingresó de lleno Walter Ruiz Valverde, hijo de Arnoldo, ingeniero agrónomo, con experiencia en el sector público, la docencia y una producción agropecuaria notablemente diversificada. Fue un momento bisagra.
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| Manuel Granda (Hablemos de vino) y Walter Ruiz Valverde (Vicosa) |
Vicosa tuvo que reinventarse: parte de la producción comenzó a elaborarse con jugo concentrado y vino a granel importado desde Europa y Chile, sin abandonar la uva local e incluyendo la asistencia de un enólogo argentino. Al mismo tiempo, se profesionalizó la comercialización. Primero llegaron los supermercados Más X Menos, luego —tras la compra por Walmart— el ingreso al programa de apoyo a pequeños proveedores. Hubo mejoras en presentación, etiquetas, botellas, eficiencia y relación con el consumidor.
Hoy, Teber ofrece una gama que incluye rosado espumoso, tinto dulce, tinto seco, blanco seco y blanco achampañado, presentes en los supermercados, además de licoreras y comercios del oeste del país. También elaboran vino de frutillas, como apoyo a productores del Volcán Poás, y venden presentaciones especiales como garrafas de tres litros.
El nombre Teber, tomado del idioma cabécar y que significa águila, no es casual. Remarca el anclaje cultural y territorial del proyecto. Otra marca, La Casa de La Garita, se reserva para ventas directas en la fábrica y el restaurante.
Pero Vicosa no se detiene. Hoy fermentan cuatro nuevos productos en La Garita: una cerveza artesanal de uva desarrollada junto a jóvenes tecnólogos de alimentos, una sangría de vino tinto, además de proyectos en marcha como aceite esencial de semilla de uva y jalea de uva. La idea es integrarlos a experiencias de visitas guiadas y reactivar el ecoturismo en época de vendimia.
Con una planilla reducida —apenas catorce personas— Vicosa sigue desafiando un mercado dominado por importaciones. Los números del comercio exterior no engañan: el vino espumoso casi no se exporta desde Costa Rica, mientras crecen las importaciones. Aun así, Walter Ruiz Valverde mantiene una visión clara: primero consolidar trazabilidad y registros, luego pensar en la expansión regional, incluso dentro de la red centroamericana de Walmart. En el video de esta entrevista puedes conocercelo y entender mejor esta linda historia.
Vicosa es, en definitiva, una historia de adaptación, persistencia y sentido de lugar. Un vino nacido contra pronóstico, que no busca parecerse a otros, sino existir. Y en un mundo cada vez más homogéneo, esa ya es una virtud enorme.






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