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viernes, 21 de agosto de 2026

Bodega Des de la Torre

Bodega Des de la Torre

La identidad del norte neuquino embotellada

Hay lugares donde el vino es una actividad económica. Y hay otros donde es parte de la memoria familiar. En Chos Malal, en el extremo norte de Neuquén, la historia de Bodega Desde la Torre pertenece claramente a este segundo grupo. 

Su recorrido no comenzó en una finca diseñada para el turismo ni en un proyecto pensado para conquistar mercados. Empezó mucho antes, bajo los parrales de una casa de familia, cuando la bisabuela de los actuales responsables elaboraba vino para consumo propio.

Hoy, cuatro generaciones después, Juan, Nicolás y Garu De la Torre continúan ese legado junto a sus padres, transformando aquella tradición doméstica en una de las propuestas más singulares de la vitivinicultura patagónica.

Una historia de familia y territorio

La familia De la Torre está vinculada al vino desde hace décadas. La actividad fue pasando de generación en generación hasta que, en 2006, adquirieron el predio donde hoy funciona la bodega. Las primeras plantaciones llegaron en 2007 y el establecimiento se inauguró oficialmente el 4 de agosto de 2008, fecha que coincide con el aniversario de la ciudad de Chos Malal.

Ubicada dentro del casco urbano de Chos Malal, la bodega cuenta con una hectárea y media de viñedos junto al edificio principal y otras diez hectáreas distribuidas en las cercanías de la ciudad. Allí cultivan variedades como Malbec, Pinot Noir, Cabernet Franc, Merlot, Bonarda, Tannat, Caladoc, Chardonnay y Gewürztraminer, entre otras.

Sin embargo, el gran diferencial de Des de la Torre no está únicamente en las variedades implantadas, sino en su vínculo con el patrimonio vitícola de la región.

Criollas centenarias y la memoria de un pueblo

Uno de los proyectos más interesantes que impulsa la bodega es la recuperación de antiguos parrales familiares dispersos por Chos Malal. Muchas de esas plantas superan el siglo de vida y forman parte de la historia doméstica de la localidad. Durante generaciones, los vecinos se intercambiaron estacas y esquejes casi como un acto de amistad. Así aparecieron mezcladas decenas de variedades distintas en patios y jardines: uvas blancas, rosadas y tintas, algunas perfectamente identificadas y otras cuyo origen todavía sigue siendo un misterio.

Los De la Torre comenzaron a comprar esa producción, estudiar genéticamente las plantas y elaborar vinos que reflejan esa diversidad. De esa búsqueda nació Criolla de Pueblo, quizás el vino que mejor resume el espíritu del proyecto, la expresión de un entramado cultural construido durante generaciones, donde cada parral aporta su propia historia.

En ese trabajo de rescate apareció además una variedad que despertó especial entusiasmo: la Filadelfia. Presente en distintos parrales antiguos del pueblo, comenzó a elaborarse por separado debido a su personalidad particular, convirtiéndose en una de las joyas menos conocidas de la bodega.

Un terroir diferente dentro de Argentina

Hablar de Chos Malal es hablar de un territorio desafiante: heladas tardías, veranos calurosos, sequías prolongadas y fuertes vientos convierten al cultivo de la vid en una verdadera agricultura de riesgo. Sin embargo, son justamente esas condiciones las que dan carácter a los vinos.

El viñedo donde se encuentra la bodega posee una particularidad poco frecuente en Argentina: un suelo de origen marino con elevada concentración de carbonato de calcio. Mientras gran parte de las regiones vitivinícolas argentinas se desarrollan sobre suelos aluvionales, aquí pueden encontrarse incluso restos fósiles y amonites entre las hileras de vid.

Según explican los propios productores, estos suelos calcáreos aportan estructura, tensión y complejidad, permitiendo elaborar vinos de gran personalidad. A esto se suma una amplitud térmica que puede alcanzar los 15 a 20 grados entre el día y la noche, condición ideal para preservar frescura y complejidad aromática.

Vinos que buscan expresar lugar

La filosofía de la bodega es clara: intervenir lo menos posible para que el paisaje hable a través del vino. Hace varios años abandonaron el uso de levaduras comerciales para trabajar exclusivamente con levaduras indígenas. No fue un proceso sencillo, pero les permitió obtener fermentaciones más ligadas al entorno y vinos con identidad propia.

La pequeña escala de producción también les brinda libertad para experimentar. En lugar de perseguir la uniformidad, aceptan las diferencias de cada cosecha y de cada viñedo. Un ejemplo de esa búsqueda fue la elaboración de Malbecs provenientes de distintas localidades del norte neuquino, como Taquimilán, Buta Ranquil, Barranca y Chos Malal. Aplicando el mismo trabajo en bodega descubrieron algo que ya sospechaban: cada lugar imprimía características distintas al vino. Más que una curiosidad técnica, fue una forma de demostrar que el norte neuquino posee una identidad vitícola propia.

Un portfolio atravesado por la familia

Toda la línea de vinos de Desde la Torre tiene una fuerte carga afectiva y familiar: 

  • Des de la Torre es la línea de entrada, con Malbec, blends y distintas variedades según la cosecha.
  • Gran Terroir es el vino emblemático de la bodega, elaborado en partidas limitadas y reconocido por llevar en su etiqueta el mapa de Neuquén. Es además el vino que, según cuentan con orgullo, ha llegado al Vaticano para ser compartido por el Papa Francisco.
  • Oliverio, la línea más exclusiva, toma su nombre del primer integrante masculino de la quinta generación de la familia. De cada añada se elaboran apenas unas 300 botellas y su composición cambia según lo que ofrece cada cosecha.

A estas etiquetas se suman El Hijo Rosado del Diablo Negro, elaborado con Pinot Noir, El Diablo Negro, una edición especial de producción muy limitada; Grace, un espumante reservado principalmente para amigos y familiares; y la renovada propuesta de Criolla Rosado, heredera del antiguo Jazmín.

Los De la Torre eligieron mostrar una voz propia: recuperación de criollas centenarias, estudio de variedades históricas, trabajo con levaduras nativas y exploración de los distintos terroirs del norte neuquino forman parte de una misma convicción. La de elaborar vinos que no podrían nacer en ningún otro lugar.

Notas de este blog sobre el vino patagónico y del Alto Valle:

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