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viernes, 28 de agosto de 2026

Familia Dellanzo

Familia Dellanzo

Seis décadas de historia, trabajo y vino en Campo Grande

En el mapa vitivinícola de la Patagonia existen proyectos que trascienden los vinos que elaboran. Son historias construidas con esfuerzo, arraigo y una profunda relación con la tierra. Bodega Familia Dellanzo, ubicada en Sargento Vidal, Campo Grande, Provincia de Río Negro, es uno de esos casos.

Con más de 60 años de historia y 20 hectáreas de viñedos distribuidas en distintas zonas del ejido local, esta bodega artesanal familiar mantiene viva una tradición que comenzó mucho antes de que las etiquetas y el marketing ocuparan un lugar central en el mundo del vino. Actualmente elabora alrededor de 150.000 litros anuales y comercializa sus vinos bajo marcas como Punta de Riel y Buona Terra, con una identidad profundamente ligada al Alto Valle de Río Negro.

Una historia que comenzó después de la guerra

La historia de la familia Dellanzo se remonta a los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Luis y José Dellanzo, inmigrantes italianos que llegaron al Alto Valle escapando del futuro incierto después del conflicto bélico europeo, encontraron en estas tierras una oportunidad para comenzar de nuevo. Como tantos pioneros que contribuyeron al crecimiento de Campo Grande, no solamente trabajaron la tierra. También participaron en la construcción de diversos edificios y obras que acompañaron el desarrollo de la localidad.

Décadas más tarde, Ricardo Dellanzo, hijo de Luis, que acompaño a su padre toda su vida, sigue con la producción de uvas y elaboración de vinos. Hoy toda su familia está presente, especialmente su esposa Catalina Simón, quien lleva a cargo toda la parte documental de la bodega y su yerno. Ricardo Hernández. Comentan que durante muchos años la bodega fue conocida como San Pablo.

Ricardo Hernández, Ricardo Dellanzo y Catalina Simón

"Hasta hace unos años la bodega se llamaba San Pablo, pero por una cuestión legal, se perdió el nombre de la marca. Cuando fuimos a registrarla ya lo había tomado otra bodega", explican. Ese cambio dio origen a la actual identidad de Familia Dellanzo, una denominación que pone en primer plano la historia familiar detrás del proyecto.

Tres chacras y diez variedades

La bodega cuenta con una capacidad instalada de aproximadamente 200.000 litros, aunque la elaboración anual ronda los 150.000 litros. Las 20 hectáreas de viñedos se distribuyen en tres chacras ubicadas en diferentes sectores de Campo Grande: cerca de la costa, sobre la barda y en la tradicional zona productiva. Esa diversidad de ubicaciones les permite trabajar con distintas condiciones de suelo y microclima.

En total manejan diez variedades, entre las tintas aparecen Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Bonarda, Syrah, Tempranillo, Petit Verdot y Aspirant Bouchet, una variedad poco habitual que se ha transformado en uno de los emblemas de sus vinos de alta gama. A ellas se suman un Torrontés Riojano y un rosado elaborado con Moscatel Canela (uva criolla llamada Canela), uno de los productos más tradicionales de la casa, que fue uno de sus vinos que pude probar en la feria de productores que se organizó en Bodega Mabellini.

De la damajuana a la botella

Durante gran parte de su historia la bodega estuvo vinculada al clásico vino en damajuana, un formato que todavía conserva seguidores. "Hoy la gente sigue viniendo a buscar la damajuana, sobre todo vecinos, aunque también tenemos clientes de todo el país, inclusive de países limítrofes. Son personas que visitaron la zona y después continúan buscando nuestros vinos", señaló Hernández.

Sin embargo, hace poco más de dos años concretaron un proyecto largamente postergado: el lanzamiento de sus líneas embotelladas. La idea había nacido en 2011, pero el crecimiento fue llegando lentamente, a medida que el trabajo familiar y los recursos disponibles lo permitían.

No se trata solamente de una familia dedicada al vino. Como sucede en muchas chacras del Alto Valle, las actividades productivas históricamente han sido diversas. Hubo manzanas, peras, producción de pasturas y distintas tareas rurales que convivieron con la vitivinicultura.

Una bodega sostenida por la familia.

Actualmente cuentan con seis etiquetas principales: una línea de vino joven (que próximamente se agranda a otros varietales), un reserva tinto, un gran reserva tinto, un rosado dulce natural, blanco dulce natural y un rosado blend de tintas. 

Detrás de cada vendimia hay una estructura sorprendentemente pequeña. Si bien durante la cosecha incorporan personal temporario, gran parte del trabajo cotidiano recae en los integrantes de la familia. La elaboración cuenta además con el asesoramiento enológico de Mario Lascano, un profesional que trabaja desde hace muchos años en las zona, responsable de definir los lineamientos técnicos y los estilos de vino que desarrolla la bodega.

Mirando hacia el futuro.

Mientras el vino patagónico continúa ganando reconocimiento dentro y fuera del país, Familia Dellanzo sigue apostando a un crecimiento gradual, sin perder el perfil artesanal que la caracteriza. Entre los proyectos aparece una posibilidad cada vez más mencionada por quienes visitan la bodega: el desarrollo de propuestas de enoturismo.

Por ahora, la esencia permanece intacta. Una bodega nacida del esfuerzo de inmigrantes italianos, sostenida durante más de seis décadas por una familia que continúa trabajando la tierra y elaborando vinos en un rincón de la Patagonia donde el espíritu pionero todavía forma parte de la vida cotidiana.

Notas de este blog sobre el vino patagónico y del Alto Valle:

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