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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Dominio de Freneza

Dominio de Freneza

La pasión sin concesiones de Agustín Lombroni

En nuestro encuentro con productores del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, realizado en mayo en Bodega Mabellini, una de las presencias que más llamó la atención fue la de Agustín Lombroni y sus vinos.

La historia tiene algo de improbable: nacido en Neuquén y sin antecedentes familiares ligados al vino, fue un psicólogo quien, durante un test vocacional realizado cuando era adolescente, le sugirió estudiar enología. Aquel consejo cambió su vida.

Tras años de formación y experiencias en distintas bodegas, trabajó durante ocho años en Bodega Del Río Elorza, hasta que decidió que había llegado el momento de elaborar vinos a su manera. Como él mismo reconoce entre risas, está "demasiado loco para ser empleado". Así nació Dominio de Freneza, un proyecto personal para el que selecciona uvas de distintos productores del Alto Valle y otras zonas patagónicas.

Este fue nuestro segundo encuentro, luego de aquella primera conversación en 2021 que dio origen a una nota publicada en este mismo blog (que vale la pena leer) y terminaba con esta conclusión: "si bien esta es su primera cosecha ya muestra que tiene el potencial necesario para lograr un producto distinguido. Esperemos que el camino (la voja) le sea propicio y su freneza (locura) lo ayude a lograr poner sus Pinot Noir entre los mas destacados de la Argentina"Cinco años después, el tiempo parece haber dado la razón a aquella impresión inicial.

Agustín Lombroni

De un test vocacional a un sueño propio

La historia de Agustín Lombroni no encaja en el camino habitual de muchos enólogos. No nació entre viñedos ni creció en una familia vinculada al vino. De hecho, hasta su adolescencia la vitivinicultura era un mundo completamente ajeno para él.

Todo comenzó cuando, a los 16 años, realizó un test vocacional con un psicólogo amigo de la familia. Mientras su padre era ingeniero y su hermano había elegido la medicina, el resultado fue inesperado: debía estudiar enología. Sin tener demasiadas referencias sobre esa profesión, decidió seguir aquella recomendación y se trasladó a Mendoza para formarse en la Facultad Don Bosco, una institución emblemática para generaciones de enólogos argentinos. Tras finalizar sus estudios llegaron las primeras experiencias de vendimia, tanto en Argentina como en el exterior: Nueva Zelanda y Estados Unidos fueron parte de un recorrido que le permitió ampliar conocimientos y descubrir distintas formas de interpretar el vino. Sin embargo, el llamado de la Patagonia seguía presente.

En 2012 regresó a su Neuquén natal para desempeñarse como enólogo en Verum Wines, en Río Negro. Fueron años de aprendizaje intenso, durante los cuales profundizó su conocimiento de los viñedos patagónicos y terminó de convencerse del enorme potencial que encierran los antiguos viñedos del Alto Valle.

Un momento decisivo llegó en 2017, cuando tuvo la oportunidad de trabajar junto a la familia Thienpont en Château Le Pin, uno de los nombres más prestigiosos de Pomerol. Aquella experiencia marcó profundamente su manera de entender el vino. Más tarde, durante un recorrido por Borgoña, una visita a Clos des Lambrays terminó de dejar huella. Allí, degustando desde barrica junto al enólogo Thierry Brouin, experimentó una emoción que todavía recuerda con intensidad. Entre la admiración por lo que tenía en la copa y la duda de si algún día podría alcanzar algo similar, recibió una frase que lo acompañaría durante años: “Tienes pasión, muchacho; seguramente con el tiempo harás un vino que te emocione de igual manera”.

Las palabras quedaron resonando. Con el apoyo de su familia y amigos, y después de varios años de trabajo y ahorro, decidió emprender su propio camino. En 2020 abandonó la seguridad de un puesto estable para dar forma a Dominio de Freneza, un proyecto construido desde la convicción personal, la independencia creativa y una profunda confianza en el potencial de los viñedos patagónicos.

El nombre no fue elegido al azar. Freneza significa “locura” en esperanto, una lengua creada a fines del siglo XIX con la intención de construir un idioma simple y universal. Para Lombroni, esa palabra resume el salto de fe que significó perseguir un sueño que para muchos podía parecer irracional.

También aparece otra influencia recurrente en su proyecto: Alicia en el País de las Maravillas. La decisión de seguir al conejo blanco, abandonar la comodidad y aventurarse hacia lo desconocido funciona como una metáfora perfecta de la historia personal del enólogo. Después de todo, Dominio de Freneza nació exactamente así: de la decisión de dejar atrás las certezas para perseguir una pasión.

Actualmente Lombroni elabora sus vinos en una bodega nueva, compartida con Bonomi & Bernalcon un esquema en el que los socios ponen la maquinaria y los tanques, y el equipo de Lombroni aporta la elaboración de ambos proyectos. 

Para la cosecha 2026 dieron un paso importante en infraestructura: incorporaron bombas, prensa hidráulica, cinta de selección, despalilladora, tanques de acero inoxidable de 5.200 y 2.600 litros y barricas nuevas de roble francés de 500 litros. También sumaron un contenedor refrigerado destinado a conservar las barricas en condiciones óptimas durante la guarda.

La degustación de los Dominio de Freneza

Con las emociones siempre a flor de piel, rasgo inseparable de su personalidad, compartimos una degustación que no dejó indiferente a nadie. Entre los vinos degustados se destacaron:

  • La Rufa Rosado, dedicado a su abuela. Elaborado a partir de Pinot Noir y Syrah provenientes de Colonia Rusa y Mainqué. Una primera experiencia en este estilo para el enólogo, con un perfil gastronómico que invita a sentarse a la mesa.
  • La Voja Chardonnay 2025, originado en Fortín Castre (Valle Medio - Río Negro). Un blanco trabajado con escasos trasiegos y abundante battonage, buscando textura y complejidad.
  • La Voja Pinot Noir 2023, elaborado con un 30% de racimo entero y crianza mayoritariamente en barricas usadas.
  • La Freneza Pinot Noir, proveniente de antiguas viñas de Mainqué y considerado el tope de gama del proyecto.
  • Il kavaliro Syrah, elaborado con uvas de Mainqué y Colonia Rusa, una interpretación muy personal de una variedad que encuentra en la Patagonia un lugar singular para expresarse.
  • La Ridetto, 55% Cabernet Franc, 35% Pinot Noir y 10% Syrah. El Franc y el Pinot Noir vienen de viñedos ubicados en Fortín Castre, de más de 20 años. El Syrah es de un antiguo parral en Mainqué, de más de 50 años.
El grupo de La Cueva degustando en Mabellini

Hoy, a través de vinos como La Voja (el camino), La Freneza (el loco), La Rufa (la rosa) o Il Kavaliro (el caballero) y La Ridetto (la risa)Lombroni busca interpretar distintos rincones de Río Negro y Neuquén con una filosofía de mínima intervenciónMás que imponer un estilo, procura que cada vino refleje con honestidad el origen del que proviene: viñedos antiguos, mínima intervención y una búsqueda constante de identidad son parte de esa filosofía.

Al fin y al cabo, Dominio de Freneza nació de un simple test vocacional y de una decisión que muchos habrían considerado una locura. Viendo hoy el camino recorrido, cuesta pensar que aquel psicólogo pudiera haber estado más acertado.

Notas de este blog sobre el vino patagónico y del Alto Valle:

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