Las novedades de Ribera del Cuarzo
La bodega que sorprende desde la Patagonia
Al igual que en la visita anterior apenas llegar a Valle Azul (localidad donde se ubica Ribera), nos esperaba Felipe Menéndez junto a su equipo: Eugenia Herrera enóloga, Fernando Enfarrel ingeniero agrónomo y Sarina Porro responsable de marketing, y nos recibieron con sus vermuts Navali, para dar paso al recorrido de la finca y la bodega.
También estaba prevista una cena bajo la luz de la luna y las antorchas, en el cañadón, con fuegos, asado, verduras y una energía muy especial. Y fue allí donde aparecieron las novedades, recordándome que nunca termina de conocerse por completo una bodega, aun después de haber pasado tres días explorándola.
Lanzamiento de Absoluto MMXXII
En una nota anterior contamos ya la historia del vino ícono de la bodega, nacido de una idea tan simple como ambiciosa: observar durante años un mismo viñedo y conservar aquello que mejor lo representa. En Araucana, el viñedo que Ribera del Cuarzo posee en Valle Azul, cada cosecha da origen a una serie de microvinificaciones que permiten seguir de cerca la expresión de cada parcela. De ese trabajo surgió una constante inesperada: al elegir la barrica que mejor reflejaba la identidad del lugar, una y otra vez la respuesta era la misma. Merlot.
Así comenzó un proyecto de largo plazo. Durante cuatro cosechas consecutivas, de 2019 a 2022, la bodega reservó la mejor barrica de Merlot de cada año. Cuando llegó el momento indicado, esas reservas fueron reunidas en un único vino: un blend de añadas que busca capturar no solo un terroir, sino también el paso del tiempo sobre él.
El resultado es un Merlot 100% elaborado con uvas del viñedo Araucana, implantado hace 25 años sobre suelos franco arenosos de origen aluvial, eólico y volcánico, con un marcado contenido de carbonato de calcio. Las uvas se cosechan manualmente y se elaboran mediante microvinificaciones de apenas 300 a 500 kilos, con fermentaciones espontáneas, un 30% de racimo entero y maceraciones de 15 días, privilegiando extracciones suaves mediante pisoneos y remontajes delicados.
La crianza combina períodos que van de 12 a 36 meses en barricas de más de tres usos, complementadas con recipientes de hormigón y acero inoxidable. Es un vino que privilegia la precisión y la lectura del origen antes que la concentración o la potencia. La producción fue extremadamente limitada: apenas 600 botellas magnum.
En una nota anterior ya contamos la anécdota que lo pone en un sitio destacado entre los vinos argentinos, pero vale la pena recordarla ahora que ha sido lanzado al mercado: antes de su lanzamiento comercial, una muestra fue presentada en una cena privada en Shanghái. La reacción fue inmediata. Un coleccionista chino ofreció adquirir la totalidad de la partida a un valor de USD 1.000 por botella, estableciendo el precio de referencia para esta primera edición. Sin embargo, la bodega decidió reservar parte de las botellas para Argentina y otros mercados. Toda la producción se comercializó en primeur.
La historia continúa en la etiqueta. La imagen reproduce un retrato de Emiliana Concha y Toro, tatarabuela de Felipe Menéndez, fundador de Ribera del Cuarzo. La obra fue realizada por Giovanni Boldini, uno de los grandes retratistas de la aristocracia europea de fines del siglo XIX. El boceto original permaneció en poder del artista durante toda su vida y sirvió como estudio para un monumental retrato que hoy integra la colección del Museo del Louvre.
Décadas más tarde, la pintura llegó a manos de la familia Menéndez y durante un proceso de restauración reveló un hallazgo extraordinario: detrás de la tela apareció otro óleo oculto durante más de un siglo. Así surgieron dos obras inéditas de Boldini vinculadas a la misma historia familiar, un descubrimiento tan excepcional como la génesis de este vino.
Absoluto MMXXII no representa una cosecha determinada. Es el resultado de cuatro años observando un mismo viñedo, interpretando sus matices y esperando el momento preciso para reunirlos en una sola botella. Una mirada profunda sobre el Merlot y sobre el potencial de Valle Azul para expresar, con identidad propia, el carácter de la Patagonia.
Ribera del Cuarzo demuestra que no se conforma con el reconocimiento alcanzado. Mientras amplía su propuesta con vinos frescos y accesibles como Naviero, también lleva al extremo su búsqueda de identidad con Absoluto MMXXII.
Innovación, visión de largo plazo y una interpretación cada vez más precisa de la Patagonia explican por qué muchos la señalan como una de las bodegas a seguir en la Argentina del futuro.
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